| "Urbe
calurosa. Verano en la ciudad"
Con esta frase de la canción del
grupo The Lovin´Spoonful comenzaba
hace 12 años la tercera entrega de
La Jungla,
ya sin cristal y desarrollada en un escenario
a cielo abierto y con hermano vengativo
en las calles de Nueva York.
Tras la última cruzada de John
McClane el mundo cambió un 11
de septiembre haciendo que la realidad superara
a la ficción por mucho y redefiniendo
las bases de cine de acción para
el nuevo milenio. Hasta el mismísimo
James Bond claudicó a una
era donde el retrato fiel de la tecnología
impresiona mucho más que la ciencia
ficción y los personajes con los
pies en la tierra se convierten en el referente
del público.
Jason Bourne (Matt Damon) y Jack
Bauer (Kiefer Sutherland) se sitúan
a la cabeza de esta nueva ola de producciones
que parecen haber olvidado la musculatura
hipertrofiada de los héroes promocionados
por Joel Silver o Andrej
Vajna.
Parte de estas directrices ya las cumplía
Bruce Willis cuando abandonó
la comedia para zambullirse profundamente
en el cine de balazos y mamporros hasta
convertirse en un icono popular. Casualmente
su Jungla de cristal
(Die Hard)
fue el apaño con el que Silver
encajó la negativa de Arnold
Schwarzennegger para participar
en la secuela de Commando
(1985) convirtiéndose en un celebrado
subgénero encadenado con producciones
como Pasajero 57
(Kevin Hooks, 1992), Alerta
máxima (Andrew Davis, 1993)
o Speed
(Jan de Bont, 1994) entre muchas otras.
El libro del novelista Roderick
Thorp, Nothing
lasts forever, fue la base para que
Jeb Sturat y Steven
E. de Souza desarrollaran el libreto
que dirigiría John McTiernan
y que mostraría al mundo a Hans
Gruber (Alan Richman) como uno de los
villanos ficticios con más carisma
de la década.
El guión escrito por Mark
Bomback (El
enviado, 2004) es un homenaje continuo
(y sin pausas) a la saga de tres títulos
anteriores firmados por John McTiernan
(La Jungla de cristal
y La Jungla 3: La
venganza, 1995) y Renny Harlyn
(La Jungla 2: Alerta
roja ,1990). Mala leche, terroristas
saltarines, cristales rotos, huecos de ascensor,
aviones, camiones, coches, y tacos rematados
por el ya célebre "Yippee
Ki Yay, hijo de puta" marca
de la casa, se encadenan a un ritmo frenético
con el tiempo justo para nuevas aportaciones
a la mitología.
En La Jungla 4.0.,
John McClane ha evolucionado desde
que volara la azotea del Nakatomi Plaza,
sin embargo la cultura tecnológica
del personaje ha quedado congelada en la
emisora de la policía como medio
de comunicación (¿recuerdan
el novedoso teléfono aéreo
de la segunda entrega?). Definitivamente
separado de Holly Gennero, el ahora
detective de la policía de XXI es
un padre obsesionado por la seguridad de
su hija Lucy (Mary Elizabeth Winstead),
que vuelve a estar en el lugar inadecuado
en el momento menos oportuno.
Por el camino McClane ha perdido
su célebre camisilla blanca y la
totalidad de su pelo encrespado, pero poco
hay que esperar al arranque del film para
comprender que aquello era sólo una
fachada.
Los nuevos terroristas (¿alguna
vez lo fueron?) amenazan con desatar el
caos a nivel mundial controlando los datos
y redes informáticas. Cientos de
piratas informáticos expertos en
seguridad son embaucados por Thomas
Gabriel (Timothy Olyphant), el malo
de la función, para desarrollar programas
informáticos capaces de burlar la
seguridad virtual del gobierno de los Estados
Unidos. Como no podría ser de otro
modo, un ejército de mercenarios
multinacionales de élite pondrá
el plomo y la pólvora en el aire
y contra eso McClane es todo un
experto. De esta manera, la carencia del
héroe en el uso de las nuevas tecnologías
recae en manos de un nuevo compañero
de leñazos mucho más joven
de lo habitual (Justin Long).
Para el friki avanzado, Live
free or Die hard es todo un festival
de referencias al mundo de los videojuegos
y los coleccionables. No en vano es el director
Kevin Smith quien elabora
un pequeño papel a su medida en el
que da rienda suelta a su pasión
por el universo de George Lucas.
Juguetes de SideShow Collectibles
o McFarlane Toys se convierten
en protagonistas de algunas de las secuencias
clave, mientras que el videojuego Gears
of War se presenta como la obsesión
de todo hacker avanzado. Según el
sitio web oficial de Sideshow Collectibles,
"ninguna figura de Sideshow fue herida
en el rodaje de esta película",
y lamentamos que uno de los Spawn
de McFarlane no pueda decir
lo mismo. Un endoesqueleto T-800
de Terminator 2
(James Cameron, 1991), el Doctor Zaius
de El planeta de
los simios (Franklin J. Schaffner,
1968), Buffy cazavampiros,
Obi-Wan Kenobi de La
Guerra de las Galaxias o el cazarrecompensas
Bobba Fett son algunos de los personajes
que conforman un repertorio de cameos absolutamente
impagable.
Así, Len Wiseman
agarra con fuerza el testigo de la saga
rodando con feroces planos, persecuciones,
peleas y explosiones, al estilo clásico
sin dejarse llevar por la socorrida cámara
en mano que ya es sinónimo de otros
productos.
¿Quiere decir todo esto que nos
alegramos de la recurrente mala suerte de
McClane? Seguramente no, pero no
podemos esperar a que vuelva para salvar
al mundo. ¿En un crossover con Bauer
quizás? |