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En 1974 Charles Bronson
protagonizaba a las órdenes de Michael
Winner El
justiciero de la ciudad, una cinta
donde un arquitecto de ideología
liberal y contrario a la violencia se convertía
en un justiciero sanguinario después
de que un grupo de pandilleros asesinara
a su mujer y violara a su hija. Ya en su
momento se criticó bastante el mensaje
fascista que promovía la película,
a pesar de que la cinta fue un éxito
e inspiró varias secuelas.
Ahora se estrena en nuestras
pantallas La extraña
que hay en ti, una cinta de argumento
similar, donde el papel del justiciero cae
en manos de Jodie Foster.
Para esta nueva versión se ha contratado
al director Neil Jordan,
conocido por títulos como En
compañía de Lobos (1984),
Entrevista con el
vampiro (1994) o Michael
Collins (1996), quien profundiza
en el conflicto moral y legal que supone
el planteamiento de la cinta.
Centrándonos en
la película hay poco que reprochar.
Los actores realizan un buen trabajo. Jodie
foster vuelve a repetir con solvencia
su papel de mujer aparentemente frágil,
que ha tenido que adaptarse a las durezas
de la sociedad, que ya había interpretado
en títulos como El
silencio de los corderos (Jonathan Demme,
1991) o La
habitación del pánico
(David Fincher, 2001). Y Terrence
Howard vuelve a demostrar la presencia
que tiene en pantalla tras títulos
como Crash
(Paul Haggis, 2004) o Hustle
and flow (Craig Brewer, 2005).
Neil Jordan
ofrece una puesta en escena cuidada e inteligente,
con momentos destacados como toda la secuencia
de la intervención quirúrgica
al personaje de Jodie Foster en
el hospital después de la paliza.
Sin embargo, pese a todo,
la cinta no termina de convencer, quizás
por quedarse a medias tintas debido a que
vivimos una época de excesiva corrección
política. Por mucho que nos lo quieran
disimular, no existe mucha distancia entre
La extraña
que hay en ti y El
justiciero de la ciudad. Por muchas
dudas y conflictos internos que tenga el
personaje de Jodie Foster,
en todo momento se presenta como la heroína
de la película. Sus víctimas
son presentadas como seres inhumanos y los
espectadores nos alegramos de que acabe
con ellos. A esto hay que sumar también
la coincidencia de que las víctimas
de la sed de venganza de la protagonista
son en su gran mayoría negros, o
latinos, al igual que el traficante que
le vende el arma ilegal.
Con esto no queremos defender
el mensaje de El
justiciero de la ciudad, pero al
menos se trataba de una cinta que no ocultaba
sus intenciones, ni trataba de engañar
al espectador intentando aparentar algo
que no era. |