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Dicen que los recuerdos de la infancia son
los que nunca se olvidan. En esos momentos
las mil y una tretas que utilizamos los
seres humanos cuando abandonamos dicha etapa,
en busca de olvidar lo que no nos gusta
de nuestra vida, todavía no funcionan.
Por eso, cuando Laura,
la protagonista de la película El
orfanato –la cual inauguró
el pasado Festival
de Cine de Sitges 2007-, decide regresar
al lugar donde se crió son muchos
los recuerdos que pugnan por salir.
Aún así,
su pequeño hijo Simón
y su empeño por transformar el viejo
caserón que un día fuera un
orfanato, para adaptarlo a las necesidades
de una residencia para niños discapacitados,
no le dejan mucho tiempo para la nostalgia.
Además, la enfermedad que aqueja
a su único hijo –contagiado
con el virus VIH- representa su caballo
de batalla diario, que la mantiene ocupada
en tratar de evitar cualquier recaída
en la salud del pequeño.
De todas maneras, el pasado
no siempre atiende a razones y mucho menos
en un lugar como aquel donde creció
Laura.
Y será precisamente
su hijo Simón el que comience
una carrera hacia el pasado, plagada de
acertijos, primero, y de oscuros secretos
que, poco a poco, se irán revelando,
después.
Todo comienza cuando Simón
conoce a su nuevo “amigo invisible”.
Sus padres piensan que es algo lógico,
motivado por el cambio de escenario y por
encontrarse en un lugar ciertamente inquietante
para alguien de tan corta edad.
Los problemas surgen a continuación,
cuando los juegos infantiles de Simón,
a los que trata de responder adecuadamente
su madre, se transforman en macabros acertijos
que debieran escaparse de la comprensión
de su hijo.
Cuando las cosas parecen volver a la normalidad,
Simón desaparece sin dejar rastro,
obligando a su madre a bucear en los recuerdos
y en todas y cada una de las habitaciones
de la enorme casa, escarbando en cada rincón
para tratar de encontrar una pista que la
lleve hasta el paradero del pequeño.
Ni siquiera la intervención de
Aurora, una médium especializada
en descubrir los secretos de quienes debieron
abandonar este mundo terrenal, pero que
se resisten a hacerlo, logra darle las respuestas
que Laura busca. De todas maneras,
la madre que es ahora, y la niña
que fue en aquel lugar, no están
dispuestas a dejarse vencer, desenterrando,
para ello, los secretos que aquel lugar
esconde en lo más profundo del pasado.
En apariencia, una película como
El orfanato continúa con la
ya larga tradición de casas encantadas,
las cuales atormentan a sus habitantes.
La principal diferencia es que, en esta
ocasión, el guión de Sergio
G. Sánchez –y la experiencia
de un maestro del terror como lo es Guillermo
del Toro- profundizan en la redención
del lugar y en tratar de colocar todas aquellas
piezas que, en el pasado, quedaron perdidas.
La enorme casa, un decorado de más
de mil metros cuadrados, el cual se montó
en una nave industrial, cumple las funciones
de laberinto y montaña rusa emocional,
en especial para Carlos, el marido
de Laura. Esta última, a pesar de
la terrible presión que debe soportar
por la desaparición de su hijo, se
siente más tranquila en un decorado
como aquel, mezcla de buenos y malos recuerdos
de la infancia. De ahí que, al final,
sea ella la que se quede a buscar las respuestas
que la casa y ella misma demandan.
Otro de los aciertos a la hora de abordar
un proyecto como éste es el evitar
el susto fácil, grotesco y que los
espectadores terminan por conocer de antemano.
Su director, Juan Antonio Bayona,
prefiere jugar con la cámara, llevarnos
por las esquinas de la casa, salir al jardín
y volver a entrar en la cocina, todo de
la mano del pequeño Simón,
mientras, como un “pulgarcito”
cualquiera, va dejando pequeños mensajes
visuales que sólo buscan confundir
al espectador. Está claro que el
realizador, el cual logra una película
formal y visualmente impecable, no trata
de rodar “el más difícil
todavía”, sino mantener el
control de la narración para que
ningún cabo quede suelto al finalizar
el metraje.
En la buena ejecución del proyecto,
destaca la dirección de actores,
en especial de una Belén
Rueda muy alejada de sus papeles
televisivos. Rueda nos
ofrece una sobresaliente actuación,
alegre en un principio, pero que pasa de
la contención a la desesperación,
para luego volver a ser una decidida madre
en busca de su hijo, justo antes de conocer
el desenlace final.
Algunos de los que asistieron a la sesión
de inauguración del Festival de Sitges
se quejaron de que el final deslucía
una narración tan bien llevada como
la que caracteriza a una película
como El orfanato.
Personalmente creo que el desenlace confirma
que no hay mayor terror que la vida misma
y que los fantasmas sólo son proyecciones
de nuestros miedos primigenios, escondidos
tras una pátina de civilización
que a duras penas logra ocultarlos.
Notable también es el trabajo de
actores como Fernando Cayo,
Carlos; Geraldine Chaplin,
en el papel de la vidente y psíquica
Aurora -la cual le hará recuperar
la fe perdida a Laura- y del joven
Roger Príncep, en
el papel del pequeño Simón,
autentica llave que abrirá la caja
de “Pandora” que se esconde
en aquel lugar.
Por último, destacar el papel de
los responsables de recrear el escenario
donde se desarrolla la acción, además
de los exteriores filmados en Llares, Oviedo.
Tal y como quedó palpable en la lección
magistral que impartieron durante la celebración
del Festival de Sitges, su interés
era lograr que aquel escenario se convirtiera
en un personaje más de la narración,
algo que ya ocurriera con mansiones tan
recordadas como Marderley, escenario de
la película Rebecca
(1940), de Alfred Hitchcock.
Al final, el planteamiento de la película
y una muy bien planificada campaña
de promoción –la cual también
ha logrado que la película ya esté
vendida en los Estados Unidos, Japón,
Australia, Latinoamérica y buena
parte de Europa- son los responsables de
que el público español se
haya decidido a visitar las salas de cine,
abandonando los salones de su casa y la
costumbre de ver las películas en
las pantallas de los ordenadores, para verla
en pantalla grande.
Con 5.900.000 € de recaudación,
El orfanato se
sitúa en la película española
con mejor recaudación en su primer
fin de semana de estreno, sólo detrás
de la tercera aventura del detective Torrente.
Sería deseable, a la vista del resto
de las películas de género
fantástico españolas presentadas
durante el encuentro de Sitges,
que los espectadores respondieran igual
de bien ante otros productos que no cuentan
con un padrino de excepción como
Guillermo del Toro, pero
que merecen, cuanto menos, la misma atención
que una película tan recomendable
como El orfanato.
Aunque son ustedes, el público, el
que tiene la última palabra. |