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  Estreno en España  11-10-2007
EL ORFANATO por Friki D. M.
Visita también la crítica de Manuel E. Díaz Noda
Visita también la crítica de Eduardo Serradilla

Género: Terror / Thriller
País: España / México
Año: 2007
Duración: 100 mins.

Ficha técnica

Dirección - Juan Antonio Bayona
Guión - Sergio G. Sánchez
Producción - Joaquín Padró, Mar Targarona y Alvaro Agustín
Productor ejecutivo - Guillermo del Toro
Fotografía - Óscar Faura
Música - Fernando Velázquez
Montaje - Elena Ruíz
Dirección artística - Josep Rosell
Vestuario - María Reyes

Ficha artística

Belén Rueda - Laura
Fernando Cayo - Carlos
Geraldine Chaplin - Aurora
Roger Príncep - Simón
Montserrat Carulla - Benigna
Mabel Rivera - Pilar
Andrés Gerrúdix - Andrés

Comentarios

Si algo fantástico tiene la libertad de opinión es la de poder disentir de corrientes preestablecidas, condicionadas, servidumbristas o simplemente contrarias. Habida cuenta de que no me identifico ni en las comas con mis estimados Eduardo Serradilla y Manuel Díaz Noda al respecto de sus apreciaciones al respecto del filme que nos ocupa, creo que es momento de que alguien ponga a este largometraje debut de Juan Antonio Bayona en el lugar que le corresponde.

Capítulo I: La obra maestra que nadie había visto

Huele a cuerno quemado cuando uno asiste a un despliegue mediático tan incesante como los martillazos de tu vecino a las 8:00 de la mañana de un domingo si le da por hacer obras sin avisar al resto de la comunidad. Desde todos los frentes publicitarios imaginables, en meses previos al estreno de El orfanato, no recuerdo un machaque continuo como el de esta película, donde no sólo se daban avances de secuencias de la cinta, sino que además sus responsables, atendiendo a no se sabe muy bien qué criterios (los míos no, pues no me consultaron) ya habían sentenciado de una forma tan pueril como intrépida lo que el público de andar por casa tenía que opinar cuando saliera de la sala. “En esto si que somos buenos”, como decía Ricardo Darín al darse cuenta de que pagaba con un billete falso en El hijo de la novia.

Casi de conductismo pavloviano puede tildarse el efecto que una campaña como la de El orfanato estaba causando en la masa. Retazos de elogiosas opiniones supuestamente acreditadas (curiosamente sólo citaban el medio en cuestión –Time Magazine, Variety - pero no al firmante, cosa que ya da urticaria) adornaban un tráiler cuyo mosaico visual adormecía las expectativas exigentes por ser un fusilado, refrito y recalentado de ideas de género mil y una veces vista, desde Poltergeist (Tobe Hooper, 1982) a The Dark (John Fawcett, 2005) pasando por Frágiles (Jaume Balagueró, 2005) y Los otros (Alejandro Amenábar, 2001) sin apenas molestarse en ocultar sus evidentes morosidad. ¿Para qué? Total, lo que importaba es que sus responsables se iban a forrar con la jugada. ¡Qué más da que el año que viene nadie se acuerde de esta película!

Eso sí, la musiquita esa de anuncio de aseguradora multinacional funcionaba, hasta que luego descubres que forma parte del propio score firmado por Fernando Velázquez, y es cuando caes en a cuenta de que ni película de terror ni niño muerto -bueno, esto último en cierta manera sí-: iban a hacer “una película bonita”. Las trompetas de Jerichó empiezan a pitarme en los tímpanos.

Capítulo II: Nadie la ha visto, pero la mandamos a los Oscar

Es entonces cuando llega lo que en un chiste sería el golpe de gracia, sólo que esta vez parecía venir de parte de Arévalo o Jordi LP, con lo que reírse se hace tarea imposible. La Academia de Cine Español, la misma que en un alarde de ignorancia manifiesta ha decidido cargarse en la ceremonia de los Goya la entrega del premio a Mejor Cortometraje, proclama a bombo y platillo que El orfanato es la película que representará a España en la carrera por el Oscar, situación que lleva a la pregunta, igual que en las locuciones de fútbol de segunda B, “¿aquí hay maletín?”.

Y es que el marketing que rodea a la dorada estatuilla se ha convertido en una especie de émbolo de presión para vender entradas igual que Azul y Negro hicieron caja sólo porque sus canciones sonaron durante años como sintonía de la Vuelta Ciclista a España. Y lo siento por Guillermo del Toro, cineasta que merece todo mi respeto, porque una jugada como la del Fauno, ahora desde la silla de productor en un afán de ser el “Steven Spielberg´s presents” patrio, no la repite ni en sueños. Al menos no con El orfanato.

Y no olvidemos que hasta ese día, ni Dios había visto la película si exceptuamos a cuatro privilegiados de la Academia y allegados, ¡ah!, y los críticos sin nombre del Variety y Time Magazine, aunque a estas alturas me da que dichos comentarios eran extractos de la propia nota de prensa enviada por la productora (¿acaso creen que me chupo el dedo?).

Capítulos III: Sitges 2007: La pompa de jabón revienta

Octubre del 2007. Sitges afronta su cuadragésima edición con un catálogo de películas en sus diferentes secciones a cual más olvidable, sin estrellas de “relumbrón” destacables al margen de George A. Romero y un ambiente cinéfilo que se mantiene más por inercia que por entusiasmo.

El orfanato se configura como buque insignia de la interesante cosecha nacional presentada este año y un servidor decide apurar la suerte en el último pase en El Retiro, a renglón seguido de haber visto Aparecidos (interesantísima coproducción hispano-argentina) en la recién habilitada sala Tramuntana. Este “pequeño detalle sin importancia” tiene su explicación al final.

Llegados al Retiro tras una feroz carrera en aras de no ser interceptado en la puerta por “los capitanes del minutero”, consigo franquear el umbral de la sala en el límite del tiempo y, además, consigo encontrar buen sitio. Mi pulso agitado se relaja, mi respiración retoma su ritmo usual y el ambiente a mi alrededor es de una expectación tal que parece que estemos esperando la reunión de antiguos componentes de Génesis. No es para menos. Juan Antonio Bayona se mete al público en el bolsillo con un “speech” fresco, cargado de simpatía y buenos propósitos. Hasta ahí todo bien. Las luces se apagan, el público contiene el aliento, las esperanzas de Oscar para nuestra cinematografía comienzan a rodar en la bobina y la fría luz de la razón se activa en mi cabeza antes de que me de cuenta.

Lo que pasa ante mis ojos durante las siguientes horas es, a efectos introspectivos, lo que en el programa de Alfonso Arús Al ataque hubiera formado parte de la mítica sección llamada El latiguillo, donde me veía a mí mismo diciendo una y otra vez “esto ya lo he visto antes”. Ya no es sólo que se hagan citas y miradas furtivas evidentes a clásicos del cine fantástico y de terror; es que el filme en cuestión no contiene una sola idea que motive a dar ese asentimiento cómplice con la cabeza en señal de aprobación.

Filme de manual (la versión Cartilla Palau de una película de terror, ni más ni menos) que ni se molesta en arañar la superficie del innegable potencial de las ideas abocetadas (¿balbuceadas quizá?) por Sergi Sanchez en el libreto, se sostiene a duras penas en la irregular actuación de Belen Rueda, quien dependiendo de la secuencia, convence o sobreactúa, algo a lo que tristemente nos tiene acostumbrados, incluso en los anuncios de Puleva Calcio.

Salidas de tono del personaje, diálogos recitados de forma a atropellada cual principiante (esa conversación inicial con Benigna) y poses estereotipadas pueden convencer al complaciente de turno, pero no nos engañemos, la actuación de Belén hace bueno aquel dicho del tuerto en el país de los ciegos.

La trama propiamente dicha no da ni para 40 minutos, razón por la que Bayona tiene que alargarla con personajes que entran y salen de escena sin más razón que para dilatar metraje y sin dejar huella alguna de cara al desenlace, por más que se nos subraye que son esenciales para resolver el puzzle que da forma al misterio, empleando para ello un estilo narrativo solemne en exceso rayano en la grandilocuencia, como tratando de decirle al espectador que está ante “la película más grande jamás contada”. Nada más lejos de la realidad.

El orfanato, en una valoración dolorosamente honesta, no es más trascendente que la típica película de fantasmas que pudiésemos ver en una sesión de sobremesa en cualquier canal generalista y, salvo por apuntes más o menos logrados (Geraldine Chaplin, que se impone por su presencia y carisma intrínsecos que no por fusilar el estilo de Zelda Rubinstein en Poltergeist con unas líneas de diálogo que harían sonrojar a guionistas de serie Z), acaba resultando tan deficiente en recursos (ciertas elecciones estéticas para algunos personajes sitúan a la película al borde de la carcajada involuntaria) como en ocasiones formalmente aburrida, salvándose de la quema por obra y gracia de una puesta en escena más funcional que brillante, con algún destello aislado de genialidad, tal y como se puede ver en la secuencia de despedida entre Carlos (personaje hueco, sin sangre en las venas, un “Juan Lanas” en toda regla) y Laura, siendo ésta sólo un reflejo en el cristal del coche de su esposo, al que la cámara enfoca en primer plano, y que en cierta manera anticipa el destino inminente de nuestra protagonista.

Sin embargo, los responsables de la cinta, no contentos con regalarnos un clímax final que, hasta cierto punto, compensa el tedio de la primera hora y media (el momento del Escondite Inglés es el único en todo el metraje que me hizo segregar algo de adrenalina), nos tiene preparados el insulto final en la última secuencia, que seguro que si la viésemos fotograma a fotograma, leeríamos en letras de molde el mensaje subliminal impreso en ella: “Necesita que se lo demos todo masticadito para que evite pensar por sí mismo porque es usted idiota”. Y es ahí justamente cuando uno siente verdadero pavor.

Capítulo IV: Apaga y vámonos

Ni estoy en contra de las maniobras comerciales ni mucho menos del cine español, pero de ahí a que le tomen a uno el pelo hay un salto abismal.

Aquí es donde el detalle de Aparecidos (2007) que citaba anteriormente adquiere su sentido, al darte cuenta de que la única diferencia entre la película de Paco Cabezas y la de Juan Antonio Bayona es en que la del primero esta vendida a su suerte a la espera de que tres o cuatro críticos la reseñen positivamente en sus blogs o reducidos espacios en prensa, que con suerte leerán una cantidad de público siempre por debajo de la necesaria para hacer el negocio rentable, y que la segunda ha jugado sobre seguro manejando con pericia la percepción de futuro del espectador gracias a un generoso presupuesto para publicidad. No hay más.

Si me apuran, y sin intención de fomentar estériles polémicas que a nadie le importarán en unos meses, considero que Aparecidos era un film más honesto y coherente en intenciones así como elegante en cuanto a factura que El orfanato. Pero claro, quiénes somos nosotros, miserables redactores anónimos, para plantar cara a “La bestia”…

 Web oficial  Tráiler en quedetrailers.com

El orfanato de J. A. Bayona

Negarás lo que estás viendo...
pero no podrás negar el miedo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



El orfanato de J. A. Bayona

Cuentos de viejas majaderas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El orfanato de J. A. Bayona

Tomás esconde su deformidad bajo una peculiar máscara.

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