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Una de las cosas que nunca me han gustado
de las películas protagonizadas por
niños y pensadas también para
ellos es el tratamiento que se les da a
los más pequeños. Normalmente,
se les suele tratar o de “enanos”
resabidos, totalmente alejados de la inocencia
e intuición de los más menudos,
o de pequeños monstruos con los que
es realmente complicado tratar. Son pocas
las películas en las que los niños,
siendo como son, pueden salir airosos, tomando
sus propias decisiones.
Por tanto, debo admitir
que disfruté, tremendamente, mientras
veía Los
Totenwackers en una de las sesiones
especiales programadas durante el pasado
Festival
de Sitges 2007.
Admito que la premisa de partida –un
grupo de niños jugando a ser cazafantasmas-
me pareció atractiva, al igual que
conocer personalmente a Antonio
Trashorras, uno de los tres guionistas
de la historia. De todas formas, a medida
que iba avanzando el metraje, me di cuenta
de que la historia no transcurría
por los cauces habituales, en lo concerniente
al tratamiento dispensado para con los más
pequeños.
Todo comienza cuando la
familia López llega a su
nuevo hogar, situado en una antigua y ciertamente
misteriosa casa. Como es normal, los primeros
momentos están marcados por el desconcierto
y los recuerdos de lo que se quedó
atrás, en especial para Raquel,
la hija mayor de la familia López.
En cambio para Sara, la pequeña,
aquella casa es un lugar idóneo para
comenzar una nueva vida y descubrir un mundo
nuevo, detrás de cada esquina.
A todo ello ayuda un escenario sacado de
una novela gótica de terror y un
extraño vecindario encabezado por
la responsable del edificio, la inquietante
señora Salgado. Además
de a esta última, Sara y su familia
conocerán a la señora Sabrina,
una viuda que conoce muy bien los entresijos
de la comunidad y a Mahdi, un niño
marroquí que se convertirá
en su compañero de juegos y de aventuras.
Para que no falte de nada, a la señora
Salgado le suele acompañar un malhumorado
asistente apodado “el cojo”,
detalle que aumentará las sospechas
de una Sara que, nada más
llegar, ve en el salón de su casa
a un fantasma.
Al principio la niña no sabe qué
pensar, pero ayudada por John, un genio
de lo misterioso y lo oculto, Sara
aprenderá a dominar sus nuevos sentidos
y a sacarles el mayor partido posible. Es
más, ayudada por Mahdi y
John, además de por el invento
de este último, denominado Totenwacker,
emprenderá una carrera para descubrir
cuáles son los secretos que se esconden
en su nuevo hogar.
Contada con desparpajo y apoyada en unos
grandes secundarios como las actrices Geraldine
Chaplin, Terele Pávez,
Mar Regueras, y la televisiva
Natalia Sánchez,
Los Totenwackers
nos trasladan las ya clásicas narraciones
de casas encantadas, con sus misteriosos
secretos y los no menos inquietantes vecinos,
hasta la manzana que se levanta al lado
de nuestra casa. Cierto es que residencias
como la que se levanta en la calle Santa
Ana 17 existen ya bien pocas –víctimas
de la desidia de sus dueños y de
la inexorable piqueta especulativa-. Sin
embargo, no es menos cierto que las que
sobreviven en pie mantienen ese halo de
misterio que tan bien refleja el escenario
de la película.
La película está narrada
con buen ritmo y eso a pesar de algunos
problemas a los que debió hacer frente
el equipo técnico durante su rodaje.
De todas maneras, y gracias a un gran montaje
de José Luis Romeu,
dichos problemas no son demasiado evidentes,
salvo en algunos momentos en los que la
acción se precipita sin tomarse un
debido descanso.
Los divertidos y acertados diálogos,
sobre todo los que mantienen los tres niños
–en especial cuando está en
la pantalla el joven actor Jasper
Harris, conocido por su papel en
la película El
príncipe de los ladrones (Richard
Claus, 2006)- son una excusa más
que suficiente para disfrutar con los noventa
minutos que dura la proyección. También
lo son las actuaciones de los debutantes
Elisa Drabben y Azzadine
Benaji, en los papeles de Sara
y Mahdi, respectivamente.
De igual modo, los efectos visuales y
los decorados que dan vida a la tremenda
casona y las extrañas máquinas
que se encuentran en su interior están
a la altura de los requerimientos.
Lo mejor de todo es que Los
Totenwackers no es una película
pretenciosa ni nada por el estilo. Quiere
contar una historia cotidiana, teñida
con cierto halo de misterio, y protagonizada
por un grupo de niños que -ayudados
por sus capacidades- están empeñados
en descubrir qué se esconde tras
la falsa sonrisa de la señora Salgado
y, de paso, descubrir quiénes son
las personas que Sara ve en las
habitaciones de su casa.
Sólo por eso merece la pena llevar
a los más pequeños al cine
y quedarse con ellos a pasar un rato entretenido
y sin mayores complicaciones. |