| Para
aquellos que tenemos una mente más
abierta hacia las disciplinas llamadas “de
letras”, los teoremas matemáticos,
los problemas complejos y las ecuaciones
que desvelan los misterios de la ciencia,
siempre han tenido un cierto encanto, por
lo menos en mi caso.
De ahí que cuando
reparé en la idea original de una
película como La
habitación de Fermat, consideré
que el punto de partida era, cuanto menos,
interesante.
Una vez sentado en la
butaca y tras disfrutar con los primeros
20 minutos –tiempo que dura una bobina
de película- me quedó claro
que mi primera impresión había
sido buena, muy buena.
La premisa de partida de La
habitación de Fermat es muy
simple: reunir en una misma habitación
a un grupo de matemáticos, sin relación
directa entre ellos, para que resuelvan
complejos problemas matemáticos.
La misma invitación les somete
a la primera prueba: ¿En qué
orden están los números 2,
5, 4, 9, 8, 6, 7, 3, 1? ¿Lo saben
ustedes?
Al recibir la enigmática misiva,
firmada por Fermat, conoceremos
a varios de los protagonistas, mientras
éstos se estrujan el cerebro para
lograr la respuesta. Está claro que
el anfitrión quiere saber de qué
son capaces, en especial, porque el primero
de los acertijos, y la mayoría de
los que luego encontrarán en la reunión,
responden más a la lógica
que a complejos cálculos matemáticos.
Por esta razón, deberán cambiar
su manera de pensar y adaptarse a la nueva
exigencias del reto.
Con el reparto de cuatro personajes formado
–Hilbert, Galois, Oliva y
Pascal- comenzará su extraño
periplo, más parecido a una historia
de terror de la Hammer Films
que a una reunión de eminentes matemáticos.
Al llegar al escenario, una habitación,
conocerán a Fermat, responsable
del encuentro, pero que no responde a las
señas que ellos esperaban encontrar.
Al ausentarse éste, comienza el verdadero
juego del gato y los ratones, preparado
por alguien que juega con ventaja.
Nada más recibir, por medio de
una PDA, el primero de los acertijos, los
allí reunidos descubrirán
lo que ocurre si no responden en el tiempo
señalado, la habitación comienza
a encoger.
Es un movimiento lento e inexorable que
no les da la más mínima posibilidad
de tratar de escapar si no responden correctamente.
Como muy bien dice Pascal, las
máquinas que empujan las paredes
son un modelo de prensa llamado Poseidón.
Y a una prensa Poseidón sólo
la para otra prensa Poseidón.
Sus cada vez más condicionadas
respuestas, dado el ambiente hostil en el
que se encuentran, no son suficientes para
evitar que las paredes de la habitación
se acerquen, cada vez más hasta ellos.
Sólo queda tratar de adivinar quién
se esconde detrás de todo aquello.
¿Fermat, quién todavía
no ha regresado?… ¿U otra persona
mucho más retorcida y sádica,
la cual ha preparado aquella terrible trampa
mortal?
Tengo claro que es muy difícil contar,
en palabras, algo que está pensado
para ser visto. De todas formas coincido
con lo que contaron los actores en el pasado
Festival
de Sitges y, especialmente, con Alejo
Sauras -uno de los protagonistas
con los que tuve el placer de conversar
durante aquellas jornadas-, en que el guión
es muy bueno.
"Cuando lo leí me quedé
sorprendido de lo bien atado que estaba
todo. No había ninguna cosa al
azar y eso siempre es importante cuando
te planteas trabajar en una película
como ésta.
Hay historias que empiezan muy bien, pero
que, a medida que trascurren, pierden
fuelle. Pero eso no le sucede a
La habitación de Fermat.
Desde el principio estás totalmente
atado a la butaca y nunca sabes lo que
ocurrirá. Bueno, sabes que las
paredes se mueven, pero poco más.
También me gustó el
tratamiento que del “villano”
se daba en las páginas del guión.
Si tú hablas con alguien como la
mente que se esconde detrás de
todo, es muy probable que entiendas las
razones de por qué hace lo que
hace. Quizás nos cueste entenderlo,
pero lo que para nosotros es una locura,
alguien te lo puede razonar de una manera
más que convincente. Y eso fue
una de las cosas que más me atrajo
de la historia. Además me hizo
pensar en lo que yo haría si me
viera en aquella situación, siendo
el malo de la película." (risas)
Otra de las virtudes de la película
es que está rodada en un espacio
que reproduce la habitación tal cual
la vemos en la pantalla y cuyas paredes
se mueven.
"El rodaje fue muy duro y complejo.
Allí estábamos todos, metidos
en aquel pequeño cuarto y cada
día que se pasaba se hacía
más y más pequeño.
Si a todo ello le sumas los técnicos
y las cámaras –los directores
tuvieron que utilizar cámaras de
16mm dado que las de 35mm no se adecuaban
al reducido espacio- entenderás
que nuestras caras estaban motivadas por
la sensación de agobio que sufríamos.
De todas maneras, estoy muy contento con
el resultado final, aunque casi acabo
con un par de kilos menos." (risas)
Para acabar de rematar la faena, recurriendo
al símil taurino, el reparto de la
película, salvo en el caso de Lluís
Omar y Federico
Luppi, veteranos y reputados actores,
está compuesto por caras de la pequeña
pantalla –Elena Ballesteros,
Santi Millán y el
mencionado Alejo Sauras-
muy alejadas de sus papeles en series como
7 Vidas (Santi
Millán), La
familia Mata (Elena Ballesteros)
o Los Serrano (Alejo
Sauras).
Para los tres, La
habitación de Fermat supone
un giro radical en sus carreras, demostrando
que, además de hacernos reír,
son capaces de mucho más.
"Tanto Elena
como Santi y yo mismo
teníamos claro que la película
era una buena oportunidad para cambiar
de registro y probar algo distinto. Cuando
trabajas en televisión, y encima
tu serie es un éxito, es muy difícil
que la gente te vea de otra manera.
A mí me identifican con Raúl,
mi papel en Los
Serrano, pero Galois es totalmente
distinto. Es una persona inteligente,
cínica, y que no duda en aprovecharse
de su intelecto para sacar partido de
los demás. Le gusta la buena vida
y el éxito fácil, y de ahí
mi interés en interpretarlo. A
Santi y a Elena
les pasaba más o menos lo mismo,
aunque Elena había
tenido la oportunidad de trabajar el lado
dramático en una serie como Periodistas.
Pero nadie se podía imaginar a
Santi interpretando un
papel como el de Pascal, absolutamente
opuesto a su personaje en 7
Vidas".
Juntos, y acompañados por la solvencia
de los mencionados actores Lluís
Homar y el maestro Federico
Luppi, nos trasladan hasta un desasosegante
escenario donde nada es lo que parece y
en el que, al igual que una enrevesada ecuación,
las variables tienen muchas más relaciones
entre si de lo que en un principio parecía.
La habitación
de Fermat demuestra -en parte, por
lo acertado del guión y la puesta
en escena de los directores Luis
Piedrahita y Rodrigo Sopeña-,
que el fantástico español
está cada vez más cercano
al resto de productos llegados desde el
mercado anglosajón y asiático,
principalmente. Pero además, esta
película demuestra que las productoras
están apostando por el fantástico
como un género más, dentro
de las carteleras de nuestro país,
lejos de otras épocas donde tal cosa
era impensable.
La última palabra la tiene, como
siempre, el público, aunque hora
es de ver el cine español, por lo
menos el de género, sin los prejuicios
que nublan el buen juicio de quienes disfrutan
todavía con el ritual de ir al cine.
Por último, y como aliciente añadido,
queda el recurso de tratar de resolver los
acertijos que la película plantea,
a la misma vez que los protagonistas, poniendo
con ello a prueba las capacidades de uno,
cosa que siempre es apasionante. |