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ATENCIÓN
EL SIGUIENTE TEXTO CONTIENE SPOILERS QUE
DESVELAN PARTE DEL CONTENIDO DEL FILM
Una noche cualquiera, en
una ciudad española, Barcelona en
este caso. Un equipo de televisión
se prepara para pasar la jornada en uno
de los muchos cuarteles de bomberos que
velan por la seguridad de nuestras ciudades.
El equipo está
formado por Ángela, una
egocéntrica e histriónica
reportera, y por Pablo, un cámara
que soporta los desplantes de la presentadora
mientras trata de hacer su trabajo lo mejor
que puede.
Al principio, el reportaje
que preparan –un reality show en el
sentido más peyorativo de la palabra-
no aporta nada nuevo a lo que, normalmente,
se puede ver en cualquiera de las cadenas
televisivas de nuestro territorio.
Desde la clásica
entrevista al responsable del parque, con
los tópicos clásicos a los
que se recurre cuando se habla de los bomberos,
pasando por un recorrido por la estación
con lucimiento de la presentadora y “falsa
modestia” incorporada -cuando ésta
aparece por el comedor del parque de bomberos
mientras éstos están en plena
cena- y terminando por un paseo nocturno
por los dormitorios de los integrantes del
parque, nada parece estar fuera de su sitio.
Claro que, la noche es muy larga y cuando
Ángela ya pensaba que no
iba a poder enseñar su mejor perfil,
suena la alarma y, sin tiempo para prepararse,
reportero y cámara se ven inmersos
en la carrera contrarreloj de una dotación
de bomberos que se desplaza, rauda, para
atender una emergencia.
Tampoco piensen que la presentadora desaprovecha
el momento para lucirse. En medio de la
carrera por las calles de la ciudad, ésta
se prueba uno de los pesados cascos que
portan los bomberos, a la vez que solicita
que enciendan la sirena en pos de un “mayor
dramatismo” al reportaje.
Al final, la carrera termina enfrente de
una casa cualquiera, de similar aspecto
a las que se pueden encontrar paseando por
la ciudad condal. Una vez dentro, los bomberos,
el equipo de televisión y una dotación
de la policía nacional, hablan con
los vecinos para conocer la realidad que
se esconde detrás del aviso al que
han respondido. Al parecer se trata de una
vecina que está totalmente fuera
de control y amenaza la seguridad del inmueble.
Ante tal revelación, bomberos,
policías y reporteros emprenden la
escalada por las escaleras, lo que ayudará,
según la periodista, a darle veracidad
al suceso.
Así, entre jadeos, respiraciones
cansadas y un ambiente que se torna cada
vez más tenso, el grupo llega hasta
la vivienda señalada.
A primera vista, nada hace sospechar que
allí se encuentre alguien peligroso.
Lo único que encuentran, para decepción
de la reportera cada vez más segura
de su “misión informadora”,
es una señora mayor, en muy mal estado,
similar a los cientos de ancianos que malviven
en la soledad de sus casas.
Uno de los bomberos, ayudado por uno de
los policías, recoge a la mujer y
ambos tratan de ayudarla. Ésta, sin
mediar palabra, ataca al policía,
mientras trata de llegar hasta el bombero.
En medio de una lucha tan grotesca como
sangrienta, entre todos, consiguen reducir
a la mujer, no sin antes tener que hacer
uso de las armas reglamentarias de los oficiales
de policía.
Todo es muy confuso, fuera de lo corriente.
Ángela, sin parar de grabar,
lo cuenta a los atónitos espectadores
que, luego, verán su trabajo. Mientras
tanto y cuando el grupo trata de poner a
salvo al policía herido, uno de los
bomberos cae por el hueco de la escalera,
salpicando a todos los allí presentes,
profesionales y vecinos con su sangre y
con el desconcierto que crece por momentos.
¿Cómo ha sido posible que
aquel hombre se cayera cuando arriba sólo
estaba el cadáver de la mujer que,
momentos antes, había abatido uno
de los policías? ¿Y porqué
atacó la mujer a quienes sólo
querían ayudarle?
Son demasiadas preguntas a las que hay
que sumar, sin casi tiempo para poder asimilarla,
una mucho más acuciante. ¿Cuál
es la razón por la que, sin mediar
una explicación, las autoridades
deciden aislar la casa y ponerla en cuarentena?
Y no se crean que la reportera ha dejado,
ni por un momento de hablar e increpar a
su cámara para que grabe todo lo
que ocurre. El problema es que, por una
vez, los acontecimientos están discurriendo
mucho más deprisa de lo que su cerebro
es capaz de asimilar y los sensibles micrófonos
de las dos cámaras que utilizan no
paran de dejarla en evidencia. Ángela
lucha por mantener la compostura, pero poco
le ayudan sus poses de actriz “de
segunda” y su bífida lengua,
ante una situación que se ha transformado
en una pesadilla.
Una pesadilla, contada en primera persona,
en donde la vida y la muerte ya no significan
lo mismo y en donde el ser humano ha abandonado
su pátina de civilización
para transformarse en un engendro cuyo único
interés es…
Imagino que, dado el éxito de una
película como [REC]
en el pasado Festival
de Cine de Sitges, pocos no sabrán,
a estas alturas de qué va la historia.
Sin embargo, no por ello, el mérito
de Jaume Balagueró
y Paco Plaza es menor.
Es más, gracias a ellos, los aficionados
al género fantástico hemos
podido disfrutar con una propuesta tan trasgresora
como apasionante, en un país tan
poco dado a este tipo de ideas.
Algunos dirán –y con ello
les doy una pista a quienes todavía
no sepan de que trata [REC]-
que George
Romero lleva haciendo lo mismo desde
hace cuatro décadas, y con muy buenos
resultados, debo decir.
Lo que ocurre es que gracias a Balagueró
y Plaza, los terrores que
estamos acostumbrados a ver desarrollarse
en las ciudades del mundo, ahora campan
por las escaleras de una casa cualquiera
de nuestra tranquila y acomodada ciudad.
Se ha abierto la veda para que los terrores,
tantas veces vistos en las pantallas, vivan
en la casa de al lado, sin saber muy bien
qué hacer.
Puede que todavía ocupemos el vagón
de cola al hablar de este tipo de producciones
–algo que, sinceramente creo que está
cambiando y de manera vertiginosa- pero
todo ello no le resta ni un ápice
de valía a una película como
[REC].
Además, los dos directores, responsables
del guión, junto con Luiso
Berdejo, no pierden la oportunidad
para atacar –y si se pudiera, demoler-
los cimientos de la llamada “Tele
realidad”, cajón “desastre”
para que lo chabacano y lo cutre campen
a sus anchas por las parrillas de las televisiones
de buena parte del mundo.
A todo ello contribuye el trabajo de los
actores –en especial Manuela
Velasco, actriz muy familiarizada
con el medio televisivo- y que, en su trabajo,
resume lo mejor y lo peor de quienes utilizan
el potencial de una cámara para sobrepasar
cualquier ley ética que se les ponga
a tiro.
Para el resto de los protagonistas, [REC]
supone la oportunidad de vivir una pesadilla
en primera persona y como si fueran unos
simples figurantes. Y ésa es una
de las mayores virtudes de la película,
el que lleguemos a pensar que estamos viendo
un programa de televisión real y
no una película de cine.
Con cintas como las dos partes de 28
días, uno tiene claro que está
asistiendo a la proyección de una
película. Sin embargo, con [REC]
, realidad y ficción se dan la mano
de una manera inusual y logra lo que persigue,
que no es otra cosa que confundir al espectador
utilizando referentes comunes y corrientes.
El recurso de la cámara en mano,
en busca de la “realidad” a
la que hacíamos mención unas
líneas antes, les sirve a los directores
para llevarnos de un lado para otro como
si fuéramos simples marionetas en
un grotesco guiñol de película
de terror de serie B. Lo más divertido
del caso es que los actores tampoco conocían
la totalidad de su papel, logrando que sus
caras de desesperación fueran mucho
más convincentes de lo que ocurriría
si conocieran su destino de antemano.
[REC] es
una película directa, políticamente
incorrecta, corrosiva y muy desasosegante.
Nada es lo que parece y todos sus caminos
nos llevan hasta el mismo sitio. No sé
lo que pensará George Romero,
pero a mí, no sólo me convenció,
sino que me demostró que el género
fantástico ya es una realidad es
nuestra geografía y espero que para
mucho tiempo.
Además, les agradezco a los directores
el final escogido, de los varios que tenían
en cartera. Gracias a ellos vuelvo a creer
que hay justicia poética, aunque
sólo sea en el mundo del cine. |