|
Recibida con una acogida más que
calurosa en el último Festival
de Sitges (no en vano se alzó
con cuatro galardones, entre ellos los de
crítica y público), [REC]
parece llamada a convertirse en uno de los
clásicos del cine de terror de los
últimos años. Y lo parece
sobre todo por la ejemplaridad con que se
ha llevado a cabo un proyecto que, sin querer
lograrlo a costa de demasiadas concesiones,
se nota que quiere gustar. Con unos objetivos
tan claros y, en el fondo, ambiciosos como
los de hacer “experimentar el miedo”,
tal y como reza el cartel publicitario del
film, sus directores han sabido aplicar
los mecanismos más eficaces, casi
podríamos decir que ancestrales,
del género para implicar al público
en una experiencia tan intensa como, en
líneas generales, muy satisfactoria.
Sin duda, decir que la
primera colaboración entre Jaume
Balagueró y Paco
Plaza tras la cámara fue
en el documental
OT: La película (2002), no
sea la mejor carta de presentación
para el film que nos ocupa. Sin embargo,
si añadimos que, por separado, Balagueró
ha firmado cintas como Los
Sin nombre (1999) o Frágiles
(2005), mientras que Plaza
ha sido el responsable de El
Segundo nombre (2002), posiblemente
nuestra óptica cambie varios enteros.
Y es que ambos, si bien de forma mucho más
marcada en el caso del primero, se han convertido
en figuras esenciales para la revitalización
del género dentro de nuestras fronteras.
Tomando como base la idea
de elaborar un falso documental (una fórmula
que, efectivamente, nada tiene de novedosa
dentro del cine de terror, como demuestran
la seminal Holocausto
caníbal (Ruggero Deodato,
1980) o las más recientes El
proyecto de la bruja de Blair (Daniel
Myrick y Eduardo Sánchez, 1999),
The Last Horror
Movie (Julian Richards, 2003) o The
Black Door (Kit Wong, 2001) los directores
de [REC]
han superado holgadamente a las propuestas
antes enumeradas no en pocos aspectos.
Por un lado, dotan de una
mayor cohesión a la historia, que
no en vano transcurre en una sola noche
y prácticamente dentro de un solo
escenario, con unos personajes claramente
acotados y un desarrollo de la trama que
responde a una búsqueda muy específica
de emociones (no sólo terror, también
tensión e incluso enervamiento).
Por otro lado, Balagueró
y Plaza tienen experiencia
en el manejo de los resortes genéricos
y eso se nota. Allá donde otros falsos
documentales de corte similar flaqueaban
seriamente, quizás por el excesivo
espaciamiento del suspense y la caída
en tiempos muertos, [REC]
apenas da tregua al espectador. Una vez
superada la introducción (necesariamente
cotidiana, sosegada), se plantea ese conflicto
prácticamente a tiempo real, que
se va a trabajar con una riqueza de recursos
mayor de lo que la cámara en mano
pueda sugerirnos. Desde el sabio empleo
de los espacios y el fondo de campo (algo
que Balagueró ya
había explotado de manera similar
en Para
entrar a vivir (2006), su aportación
a la serie Películas
para no dormir, hasta la concisión
a la hora de contar una historia que, en
efecto, nunca se va por las ramas, todo
está orquestado para someter al público
a una experiencia de terror extremo y realista,
casi en primera persona, que no escatima
en escenas de violencia explícita
y contundentes golpes de efecto.
Naturalmente, [REC]
también cuenta con sus handicaps,
si bien todos ellos son casi indisolubles
de la fórmula del falso documental.
La inestabilidad de la cámara en
mano, quizás el más destacable,
da tanta verosimilitud a los hechos grabados
como resta claridad y detalle al plano en
si, cayendo en determinadas ocasiones en
un caos de encuadres que puede generar una
cierta distancia entre el espectador y el
film. Y mientras las actuaciones destilan
una inquietante verdad en algunos momentos
(la cara de miedo de Manuela Velasco
en la secuencia final es todo un
poema), en otras rozan una cierta sobreactuación
casi histérica, sin duda acorde con
la situación desde una perspectiva
estrictamente realista, pero por otro lado
un tanto contraproducentes en el plano dramático.
En todo caso, se trata
de una propuesta estimulante y notablemente
honesta, que alcanza prácticamente
todos sus objetivos (por desgracia, algunas
líneas de acción quedan abiertas
sin llegarse a desarrollar, como la situación
del padre postrado de la vecina asiática,
o la salida por las cloacas) y que, sin
lugar a dudas, deja el buen sabor de boca
de 85 minutos bien aprovechados. |