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Con sus últimas películas
el director David
Cronenberg se ha ido alejando del tipo
de cine que le hizo famoso. Atrás
quedan títulos como Scanners
(1981), Videodrome
(1983), La Mosca
(1986) o eXistenZ
(1999). El director parece haberse desligado
del género fantástico tras
ser durante más de dos décadas
uno de sus mayores representantes.
Sin embargo, a pesar del
cambio hay cosas que no han cambiado. Primero
el uso de patrones genéricos como
excusa argumental para desarrollar obras
personales. Si en Una
Historia de violencia (2005) se acogía
a las claves del thriller, en Promesas
del Este se adapta a las del cine
de gangsters. En segundo lugar, en Promesas
de Este seguimos encontrando a ese
Cronenberg visualmente
morboso, al que le gusta detenerse a mostrar
imágenes desagradables y sangrientas.
En todo esto, el director parece haber encontrado
a un cómplice de lujo en Viggo
Mortensen, quien nuevamente nos
ofrece una excelente interpretación,
muy cuidada en su presencia física,
en sus calculados gestos, pero también
una personalidad dual que se debate entre
dos mundos incompatibles, las malas calles
de la mafia y el inocente y ciego mundo
corriente.
A la presencia de Viggo
Mortensen, del que tenemos que
destacar escenas como el tenso enfrentamiento
con dos matones en una sauna, se unen Naomi
Watts, Vincent Cassel
y Armin Mueller Stahl.
Todos desarrollan una excelente labor interpretativa,
especialmente Mueller Stahl,
quien sabe resultar al mismo tiempo amable
y aterrador con una sola mirada.
A partir de un guión
original de Stephen Knight,
Cronenberg se adentra en
el mundo de la trata de blancas y la mafia
rusa con un talante cercano al de otros
colegas, como Martin Scorsese
o Abel Ferrara. El mundo
mafioso es presentado con sus aristas, con
los vínculos familiares y la humanidad
de sus protagonistas enfrentados a un entorno
de violencia y corrupción.
La puesta en escena de
Cronenberg es la habitual
en este director, fluida, pausada, sutil
excepto cuando inserta detalles en los momentos
más escabrosos. A todo ello ayuda
la excelente labor de fotografía
de Peter Suschitzky, la
música de Howard Shore
y el montaje de Ronald Sanders,
todos ellos colaboradores habituales del
director.
En el lado negativo de
la balanza habría que colocar su
argumento, que resulta ser más simple
y predecible de lo que sería de esperar.
En cualquier caso, el guionista Stephen
Knight ofrece un buen trabajo de
personajes y un detallado trabajo de documentación
acerca de los hábitos y las costumbres
de este entorno mafioso.
Promesas
del Este no es la mejor película
de Cronenberg, pero sí
manifiesta que el director canadiense se
encuentra en plena forma, con un excelente
dominio de la narrativa. Además la
película resulta un excelente complemento
a su anterior película, con la que
conforma un estremecedor dríptico
sobre el lado oscuro de la naturaleza humana.
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