En
2001 el estreno de la película The
Eye supuso un peldaño más
en el reforzamiento del nuevo cine de terror
oriental en occidente. La estremecedora
puesta en escena de los hermanos Pang
los vinculaba a títulos como The
Ring (Hideo Nakata, 1998) o La
maldición (Takashi Shimizu, 2003)
en cuanto a su modernización del
género de fantasmas.
El éxito de estas películas
supuso también un nuevo caso de asimilación
por parte de la industria de Hollywood,
que no sólo invitaron a algunos de
estos directores a que se instalaran en
la llamada meca del cine, o adaptó
este nuevo enfoque a una serie de películas
de terror que se produjeron a continuación,
sino que además inició la
realización de varios remakes de
sus títulos más populares.
Los primeros ejemplos los pudimos encontrar
en las versiones de las películas
de Hideo Nakata The
Ring a cargo de Gore Verbinski
(La
señal, 2002), o Dark
Water que realizaría Walter
Salles (La
huella, 2005), excelentes traslaciones
de las historias originales.
Posteriormente el propio Nakata
se apuntaría a la secuela del The
Ring americano (The
Ring 2, 2005), y Takashi Shimizu
fotocopiaría La
maldición (The
Grudge, 2004), ambas con resultados
menos notables. Ahora, ya un tanto tardíamente,
nos llega este remake de The
Eye, dirigida por David Moreau
y Xavier Palud, con Jessica
Alba como protagonista.
Nos encontramos ante una película
que al igual que sucediera recientemente
con el remake de Deliciosa
Marta (Sandra Nettelbeck, 2001) en
Sin Reservas
(Scott Hicks, 2007), nos hace plantearnos
la utilidad de una película que no
es más que un calco sin personalidad
de la original, repitiendo no sólo
el mismo argumento, sino también
muchos elementos de su puesta en escena.
Lógicamente en Estados Unidos, donde
pocas veces una película extranjera
se estrena doblada, limitando su vida comercial
a circuitos minoritarios, el fenómeno
del remake sirve para que el público
que no va a este tipo de salas acceda a
estas historias sin la maldición
de los subtítulos. Pero para aquellos
que sí han podido ver la obra original
de poco o más bien de nada les puede
servir esta nueva versión. Los pocos
cambios que podemos encontrar son meramente
cuestiones culturales, al fin y al cabo
el componente budista de la primera versión
le puede quedar un poco lejano al público
americano, y todos sabemos que en Hollywood
son más tendentes a los finales optimistas.
Para aquellos que no hayan visto la película
original, esta versión americana
tampoco supondrá nada del otro mundo.
Si bien momentos como los del fantasma en
el ascensor, uno de los momentos para mí
más aterradores de la cinta de los
hermanos Pang, aquí
mantiene su carácter perturbador,
otros momentos, como todo lo referente al
niño con chubasquero o la escena
del restaurante chino no acaban de tener
la fuerza que debían. Esto se puede
deber en parte a la nefasta decisión
de los productores de permitir a Patrick
Lussier, perpetrador de títulos
abominables como Drácula
2001 (2000) o su apestosa secuela, rodar
una serie de nuevas escenas y planos que
sería posteriormente insertados en
la película supuestamente para incrementar
su carácter terrorífico. En
cualquier caso, tampoco es que el trabajo
de Moreau y Palud
sea nada del otro mundo.
A nivel interpretativo, la cosa no mejora.
Jessica Alba simplemente
de dedica a pasearse por la pantalla, sin
aportar nada a su personaje. Si su presencia
en la película se debe a su atractivo
físico, uno se imagina a los admiradores
de Alba mirando con atención
su imagen borrosa a través de la
mampara de la ducha, como pornoadictos acechando
la señal codificada de Canal Plus,
intentado dilucidar si esa silueta desnuda
es la de la actriz o de su doble de cuerpo.
Y ni siquiera para eso, la actriz se presenta
demasiado delgada, hasta el punto de perder
parte de esa voluptuosidad que hacía
gala en anteriores títulos suyos.
En cuanto a Alessandro Nivola,
yo personalmente siempre lo he tenido en
esa lista de actores que uno no entiende
cómo siguen trabajando en el cine.
Su expresividad es nula, y su atractivo
tampoco es que sea nada excepcional. Supuestamente
su personaje debería tener mayor
relevancia en la historia, pero la nula
capacidad interpretativa del actor hace
que a penas nos preocupemos por él.
Por último tenemos a Parker
Posey, actriz que empezó
su carrera en títulos independientes,
pero que desde hace años parece perdida
en una filmografía que no hace más
que acumular despropósitos.
En definitiva, si ya han visto la primera
versión, no necesitan ver ésta.
Si no han visto la de los hermanos Pang,
les sale más rentable sacarla del
videoclub que ir a ver este anodino remake
al cine.
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