Indiana Jones regresa a la actualidad con más rodaje aunque con la misma vitalidad y arrojo de antaño. El trío formado por Steven Spielberg, George Lucas y Harrison Ford vuelve a reunirse para lo que se anuncia (aunque lo dudamos seriamente) como la aventura definitiva del arqueólogo antes de un posible relevo generacional que ha sido puesto en bandeja por aquello de "nadar y guardar la ropa". Indiana regresa con fuerza bajo el falso antifaz publicitario que pone en duda la capacidad atlética del personaje y un cambio de nacionalidad de un enemigo que no deja de ser el mismo perro con distinto uniforme.
Corre el año 1957 (19 años después de La última cruzada, es decir, justo el mismo período de tiempo que ha pasado desde el estreno de la tercera entrega en el mundo real), el arqueólogo Indiana Jones despierta en el maletero de un coche militar a las puertas de un almacén secreto propiedad del gobierno de los Estados Unidos de América. En una operación encubierta. la división paranormal del ejército ruso de Stalin reclama al aventurero la localización, entre los interminables pasillos de cajas, de un artefacto descubierto años atrás en una conocida área del desierto de Nuevo México. Tras el desenlace de esta esperada introducción, con el cameo estelar del Arca de la alianza, asistiremos a dos horas de metraje inmersos en un torrente imparable de persecuciones, peleas, descubrimientos y reencuentros de viejos personajes en la búsqueda de la mítica ciudad del Dorado.
Han pasado casi dos décadas desde que Ford se enfundara por última vez la chaqueta de cuero para la gran pantalla, tiempo en el que han surgido anualmente un sinfín de anuncios y desmentidos sobre la realización de una cuarta entrega de la serie. En la escritura del guión han pasado un ejército de guionistas de la talla de Frank Darabont (La niebla, 2008), M. Night Shyamalan (La joven del agua, 2006) o Jeff Nathanson (La terminal, 2004) para finalmente adjudicar la autoría final del libreto a David Koepp, viejo conocido de Spielberg en empresas de altura como las dos primeras entregas de Parque Jurásico (1993 y 1997) o La Guerra de los Mundos (2005). Los créditos reservan también un lugar destacado a George Lucas, co creador del personaje, como impulsor de la sinopsis argumental.
Spielberg y Lucas han contado con parte del equipo original, como el montador Michael Kahn o el legendario compositor John Williams, para la elaboración de esta entrega que, a pesar de su publicitada naturaleza analógica, ha contado con las técnicas digitales más avanzadas para su realización. La industria del cine y sus herramientas han cambiado inevitablemente con el paso de los años y sin embargo con las técnicas actuales es posible imitar una atmósfera similar a los seriales de los años 50 además de simular efectos visuales que recuerden a los clásicos Matte paintings sobre cristal, las maquetas o los dobles articulados en miniatura animados en stop motion.
Por otra parte esta premisa de no renunciar a los principios con los que se construyeron los anteriores títulos no ha sido excusa para renunciar a la espectacularidad y, en el caso de la edad de su actor protagonista, ofrece la posibilidad de que Indiana Jones se desenvuelva con la misma agilidad de antaño.
A pesar de que la recuperación de saga sólo precisaba la incorporación de Ford para su realización, el reparto de Indiana Jones y el Reino de la calavera de Cristal cuenta con el regreso a la serie de Karen Allen como Marion Ravenwood (En busca del arca perdida) y las incorporaciones de Shia Labeouf (Transformers) y John Hurt (Los crímenes de Oxford) para completar una estampa familiar. Aunque sus personajes tienen sendas menciones en el film a modo de esquelas, Sean Connery quedó fuera del reparto como Henry Jones Padre mientras que Denhlom Elliott (Marcus Brody) falleció en la isla de Ibiza en 1992.
En el bando menos amable de la historia se sitúa Cate Blanchett como Irina Sparko, coronel condecorada del brazo de investigación parapsicológica del KGB soviético. Con más ambición y dotes de mando que personalidad, Sparko se sitúa como la menos malvada de cuantos adversarios han cortado el camino de Indy, tradicionalmente nazis o tristes simpatizantes del tercer Reich. En este aspecto son pocas las diferencias que se muestran en pantalla con respecto a la anterior amenaza del globo.
En el apartado de curiosidades, llama la atención una línea de diálogo que hace referencia al encuentro de Jones con Pancho Villa acontecido en 1916 y visto en la serie de televisión Las aventuras del Joven Indiana Jones (1992).
En resumen, no asistimos a la mejor entrega de la serie pero es imposible negarle el mérito de ser una digna continuación que deja las puertas abiertas (en especial una buena taquilla) para su renovación como franquicia. |