“Esto fue lo que ocurrió. La noche del 19 de julio en que por fin se abatió sobre la zona norte de Nueva Inglaterra la peor ola de calor que recuerda la historia de ese estado, toda la región oeste de Maine fue azotada por las tormentas de mayor violencia que yo haya visto jamás”
La obra de Stephen King ha corrido diferente suerte en sus intentos de adaptación visual, ya sea en formato televisivo o destinado a la gran pantalla, si bien es cierto que los textos que hasta ahora ha llevado el realizador Frank Darabont han gozado de gran aceptación de crítica y público. Tras recibir más de media docena de nominaciones a los Oscars por su visión del relato Primavera de Redención (The Shawshank Redemption, 1994) haciéndonos disfrutar de la venganza del recluso Tim Robbins en su Cadena perpetua, y recorrer los angostos pasillos del corredor de la muerte junto al agente Edgecomb en La milla verde (The green mile, 1999), el director nos ofrece una tercera incursión en el universo del Rey (producción que compaginó con el script de la cuarta entrega de Indiana Jones) adentrándose esta vez en un relato donde el elemento fantástico es primordial, frente a los tintes dramáticos predominantes en sus anteriores obras.
Tras sufrir el azote de una violenta tormenta, un pequeño pueblo de Maine es engullido por una misteriosa niebla. Un reducido grupo de habitantes atrapados en el supermercado local intentan sobrevivir enfrentándose al letal enemigo oculto en su interior .
El argumento, adaptación del relato homónimo contenido en la recopilación de historias cortas The skeleton crew originalmente, a grandes rasgos no difiere demasiado de otros textos del escritor de Nueva Inglaterra en los que se desarrolla una historia de supervivencia ya no sólo frente al “enemigo exterior”, sino entre los mismos miembros del grupo (las televisivas Apocalipsis y La tormenta del siglo o La tienda son buenos ejemplos de dicho elemento cohesionador). El acierto de Darabont en el desarrollo de la historia es incidir en el elemento humano de la misma y en la psicología de los personajes, sin obviar la situación en la que se ven inmersos pero dándole mayor relevancia a los distintos protagonistas y sus conflictos en el transcurso del metraje.
El protagonista, un contenido y eficaz Thomas Jane (recordado por su rol de Frank Castle en la última adaptación de El Castigador y al que podremos ver pronto como salvador de la humanidad en Las crónicas mutantes), padre ejemplar arquetipo de King, ejerce el liderazgo del film en constante pulso con, no como se pudiese prever a priori, las hordas de misteriosos entes de dimensiones desconocidas, que los habrá, sino con un monstruo mucho más terrible y voraz, el integrismo religioso (recurrencia de King vista en Los chicos del maíz o Carrie), encarnado en la detestable figura de la señora Carmody, interpretada espléndidamente por la secundaria Marcia Gay Harden, personaje que eriza mucho más el vello que cualquier criatura que pueda aparecer en pantalla.
El resto del reparto cuenta con papeles de distinta trascendencia en el transcurso del metraje (Tobey “Truman Capote” Jones, en un entrañable Ollie con el que es difícil no simpatizar o William Sadler, actor fetiche de Darabont y secundario en muchas producciones de género) y arropan perfectamente al dúo antagonista en una historia de final agridulce, final que difiere del originalmente propuesto por el escritor en su novela pero que aceptó con entusiasmo (tanto que declaró en tono de broma que porqué no habría pensado él en el mismo), y que golpea duramente al espectador (final muy lovecraftiano, no obstante).
En los aspectos técnicos mencionar el gusto estético de los 80´s (Darabont guionizó el remake del título de los 50 The Blob, dirigido por Chuck Russell y se respira ese ambiente en el set) y el correcto trabajo del especialista Greg Nicotero en el diseño de las criaturas, que intentó buscar diseños que difiriesen de cualquier ente anteriormente visto en su trabajo (aunque se aprecian ecos de sus efectos en la gran En la boca del Miedo de John Carpenter) y que en connivencia con Darabont mostraron en pantalla estrictamente lo necesario para acentuar la tensión y el temor al elemento desconocido en pantalla.
Una refrescante propuesta de calidad en un género que necesita de más aportaciones similares. Sólo esperemos que las futuras colaboraciones del dúo Darabont-King (se rumorea la adaptación de otro de sus relatos cortos, El Mono, y de un proyecto de mayor envergadura, La larga marcha como próximos trabajos) den resultados tan satisfactorios.
|