| Director, guionista, actor, productor... El cántabro Nacho Vigalondo estrena finalmente en salas, cinco años después de su primer esbozo, sus Cronocrímenes, debut en el largometraje, después de una larga espera e incertidumbre tras su presentación en el Festival de Sitges del año pasado y su periplo y gran acogida por crítica y público en diferentes festivales del fantástico (Sundance, Austin, Trieste, por mencionar algunos). Asegurada su distribución internacional y un próximo remake (la productora United Artist, propiedad de Tom Cruise, adquirió los derechos de la misma y se barajan nombres de la talla de David Cronenberg para dirigir la versión USA de la cinta), Versus dispone al público copia en 77 salas de esta nueva muestra de que el fantástico patrio vive uno de sus mejores momentos.
Héctor regresa a su casa después de realizar unas compras. Él y su mujer se han mudado no hace mucho a una aislada casa de campo. Esa mañana, descansando en la tumbona de su jardín observa a través de sus prismáticos como una joven se desnuda ante él y decide adentrarse en la espesura del bosque colindante para observar más de cerca. A escasos metros de ella un individuo con la cara extrañamente vendada aparece a sus espaldas y le ataca hundiendo en su brazo unas afiladas tijeras. Aterrorizado comienza su frenética huida, llegando a lo que parece ser un complejo científico en mitad de la espesura. Ocultado por un científico es transportado “accidentalmente” a poco más de una hora en el pasado. Confuso, trata de regresar a su casa, pero todo no ha hecho más que complicarse...
En este extraña historia de triángulo amoroso, como en alguna ocasión al realizador le ha dado por definir su film, urde una trama de inicio sencillo pero que gana en complejidad y ritmo, haciéndose más enrevesada sin contravenir ninguno de los convencionalismos de otros films de similar temática. Nuestro protagonista, Héctor, contenido e hierático Karra Elejalde, interpreta a un anodino individuo de clase media que, como castigo a su voyeurismo, sin ventana indiscreta mediante, se ve envuelto en un conflicto espacio-temporal que intenta resolver, pero como es menester en la alteración del pasado, todo aquello afectará al inmediato presente del protagonista empeorando sus status.
Con interpretaciones nada fuera de lo excepcional nos vamos adentrando en el confuso puzzle de paradojas temporales y la degradación de su principal protagonista, suerte hispana de John McClane (aunque enfundado en su roído gabán oscuro y su improvisado vendaje nos sea difícil no pensar en el personaje creado por Gastón Leroux o su vertiente sádica Cara de Botón de Razas de Noche), carácter ordinario en una situación extraordinaria, desembocamos en un final agridulce, contemplativo (nada se puede hacer salvo esperar ya que no podemos escapar al imperfecto destino), resumen del Eros y el Thanatos de Gastón Leroux, amor, erotismo, muerte.
Con gran economía de medios , un plantel de cuatro protagonistas y escrupulosa atención por el detalle en un muy interesante guión técnico, males y ambición de un largo amateur (pero, ¿dónde se podría ir sin un poco de ambición y otro tanto de petulancia?) y aunque el metraje tiene el sabor cortometrajista de Vigalondo (nominado en el 2005 a los premios Oscar por su estupenda 7:35 de la mañana), somos testigos de una modesta gran producción, que quién sabe podría haber dado mucho más de sí con un presupuesto más holgado, pero no por ello desmerece de otras productos del fantástico con mucha más financiación pero de rancio sabor a dejá vù. Un soplo de aire fresco a nuestras taquillas del que esperamos mucho más en futuros proyectos del director.
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