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Estreno en Estados Unidos   08-05-2009 Estreno en España   08-05-2009
STAR TREK Francisco José Corral

Título original: Star Trek
Género: Ciencia ficción, Acción
País: Estados Unidos
Año: 2009
Duración: 127 mins.

Ficha técnica

Dirección –J.J. Abrams
Guión –Roberto Orci y Alex Kurtzman
Producción – J.J. Abrams y Damon Lindelof
Fotografía - Daniel Mindel
Música - Michael Giacchino

Ficha artística

Chris Pine - James T. Kirk
Zachary Quinto - Spock
Eric Bana - Nero
Bruce Greenwood - Pike
Karl Urban - Bones
Zoe Saldana - Uhura

Comentarios

Recuerdo mi primer contacto con la saga creada por Gene Roddenberry. Me encontraba aún en mi más dulce niñez, y fue mi padre (bendito sea) el que llamó mi atención aquella noche acerca de la emisión en televisión de la segunda de las películas de la saga basada en una serie que, bajo el titulo por aquellos entonces en España de La Conquista del Espacio le mantuvo pegado a la televisión durante las tardes de su juventud.

Recuerdo que no comprendí mucho de la trama, pero ciertas imágenes se quedaron grabadas para siempre en mi córtex, como el imponente villano y el bicho que introducía por un oído a uno de los sufridos protagonistas o el audaz capitán y su compañero alienígena, tremendamente cerebral e inteligente. Muchos años después, y tras haber visto alguna cinta más de la saga, me sorprendieron en el ente público Telemadrid con la emisión, desde su primer capitulo, de la serie original de 1966. Mi primera impresión fue la misma que la de incontables sintientes que se han asomado a lo largo de los años a la creación de Roddenberry: “Demonios, que cutre es todo esto”. Afortunadamente, mantuve mi atención a las 625 líneas el tiempo suficiente (poco hizo falta, de hecho) para darme cuenta de que debajo de todo ese envoltorio de serie B, casi Z, de ciencia ficción sesentera, se encontraban algunos de los mejores guiones, maravillosos personajes y metáforas humanas y sociales que jamás tendría ocasión de conocer.

El fenómeno trekkie, aunque en nuestro país nunca cuajó más allá de una minoría muy selecta, e incluso allende los mares tardó en arrancar, creció a cada reposición de la serie más allá de las previsiones de cualquiera de los envueltos en su creación: miles de fans se reunían en convenciones multitudinarias, se crearon 4 nuevas series de imagen real, otra de dibujos animados y diez largometrajes, perdiéndose por el camino la cuenta de los ingresos generados por la franquicia. Sin embargo, a partir de la entrada del nuevo milenio, las producciones con el sello Trek iban convirtiéndose cada vez más en una sombra de lo que fueron, perdiendo intensidad y brillo a cada nueva entrega y sin ser capaz de conciliar el concepto utópico y optimista de sus principios –de lo cual la última serie de la franquicia, Enterprise, es el más claro ejemplo- con los conflictos y acción solicitados por las nuevas generaciones de espectadores, que en su mayoría dieron la espalda a todo lo que llevara Star Trek en el tÍtulo.

Languideciendo de tal forma la popularidad de uno de los pilares de la ciencia-ficción moderna, por la cual pasaron en los buenos tiempos nombres del calibre de todo un Richard Matheson, Harlan Ellison, Theodore Sturgeon, Jerome Bixby o el mismísimo Isaac Asimov (el autor, fan irredento y confeso de la serie, participó como asesor en la primera película), parecía que el testigo quedaba en manos de los fans, con iniciativas tan valientes y meritorias como el proyecto inicialmente conocido como New Voyages, -hoy día Phase II-, que retomaba con un entusiasmo y calidad encomiables la serie y estética original encarnada por nuevos actores amateur, a los que prontos se unieron, en vista de los resultados, guionistas y actores de las series oficiales. Viendo a la gallina de los huevos de oro agonizante pero con evidentes posibilidades de resurrección, desde la Paramount se tomó la decisión -algo ya anteriormente tanteado (1)-, de efectuar un reboot de la serie original narrando los años de academia de nuestros héroes, redefiniéndolos desde la base para poder continuar, en caso de éxito, hasta donde nadie ha podido llegar... o donde fuera necesario.

La fábrica de rumores comenzó a ponerse en marcha como era inevitable, apuntando hacia la participación, o no, del antiguo capitán encarnado por William Shatner y el supuesto enfrentamiento de este con el director elegido, un JJ Abrams que es últimamente (de forma bastante cuestionable en opinión de este humilde escriba) considerado como todo un rey midas del medio audiovisual.

El caso es que el proyecto está finalmente en nuestras pantallas llevado a cabo con una holgura presupuestaria como nunca ha visto la saga hasta el momento, acompañando la producción con comentarios provenientes del nuevo director acerca de su poca familiaridad con la saga Trek y su intención de darle un lavado de cara a lo Star Wars, saga considerada desde tiempos inmemoriales por los fans como antagónica a sus postulados, algo muy probablemente y visto el producto final, dicho solo por atraer más atención sobre todo el cotarro.

Porque seamos sinceros con nosotros mismos (y ahora hablo como trekkie de toda la vida), la saga necesitaba como el respirar un cambio de aires, un revulsivo, lo que fuera que la volviera a poner donde se merece a nivel de recaudación y popularidad, en orden a poder asegurarse más entregas de una serie que tal vez había sido explotada mas allá de lo posible y sin duda mas allá de lo aconsejable. Y el abajo firmante era perfectamente capaz de soportar un mal filme con tal de que funcionara en taquilla; el talento guionístico, en series de tal recorrido, acaba llegando. Ahora bien, me congratula comprobar que, a pesar de la evidente vocación de blockbuster del producto, se ha ganado mucho más con el nuevo enfoque de lo que se haya podido perder en el proceso.

La trama es sencilla y directa, buenos tratando de encontrar su lugar en la Flota Estelar –y por extensión, en la vida- contra malos buscando venganza; lejos quedan las ínfulas filosóficas del primer film a manos de Robert Wise, la denuncia ecológica del cuarto titulo o el reflejo político de la caída del muro de Berlín en el espacio de la sexta entrega; aquí vamos a lo que vamos y de lo que se trata es de entregar un producto de consumo rápido y directo, espectacular y de sencilla comprensión para los neófitos, los cuales no tendrán el más mínimo problema a la hora de abordar este universo, sin perder de vista la base de fans anterior, a los cuales se dedican no pocos guiños bastante acertados.

Es en este último colectivo en el que más dudas surgían, porque Star Trek nunca ha tratado de espectaculares batallas espaciales, sino de reflejar nuestro presente y pasado a través de las andanzas de unos personajes muy bien definidos que son la esencia de la serie. Y en este aspecto, los personajes, a pesar de olvidarse como ya decíamos antes de tramas densas o referencias literarias de peso como antaño, se ha aprobado con nota.

Poco menos que titánica se antojaba la tarea de Chris Pine de encarnar a un personaje tan mítico como el capitán James T. Kirk, siendo como ha sido hasta ahora prácticamente imposible determinar donde terminaba el actor y comenzaba el personaje. El pagadísimo de sí mismo William Shatner pudo no haber sido el actor con más talento de la serie, pero nadie, y esto es, nadie, podría haber compuesto el capitán Kirk que él acabó perfilando. Su ego se filtró en cada hazaña que llevó a cabo su personaje, confiriéndole una arrogancia que convirtió en leyenda al ocupante del sillón de mando de la Enterprise. En las películas, sobre todo Nicholas Meyer supo desmitificarle con acierto, pero aún así, el personaje seguía envuelto en un halo casi sobrenatural de invencibilidad que persistió mas allá de su poco satisfactoria muerte en la 7º entrega cinematográfica de la saga. El mismo Shatner se encargó de resucitarle en una novela del universo Trek, pero eso ya es otra historia.

El Kirk que aquí se nos presenta, merced a una inteligentemente planteada –pero no exenta de agujeros- realidad alternativa, no ha tenido la guía de un padre modelo, potenciándose su lado rebelde y camorrista. Es cuando la posibilidad de convertirse en oficial de la flota estelar se cruza en su camino que pasa de las peleas de taberna a las peleas entre las estrellas, resultando curioso que este Kirk encaje en solo esta película más golpes a la mandíbula que los que con toda seguridad recibió en la media docena de películas anteriores. Ya en la academia, y en una representación del test del Kobayashi Maru en el que al director se le ha ido la mano con la actitud chulesca del personaje, se cruzará con el otro pilar del film, un Spock en cuya piel ha encajado Zachary Quinto con la precisión de un guante. Es este un Spock cuya lucha interna entre sus herencias humanas y vulcanas parece mucho más asimilada a estas alturas de su vida de lo que resultaba en su antecesor, dejando ello a priori poco margen de evolución a un personaje que previamente tardó 20 años (diría que hasta el final de Star Trek IV no lo consiguió plenamente) en conciliar sus dos mitades contradictorias.

Aquí la parte humana de Spock sale a relucir con tal vez excesiva facilidad, con explosiones emocionales que resulta chocante ver en lo que se supone los primeros pasos de un personaje ya tan conocido. No obstante, el perfil psicológico, aunque simplificado, permanece, y Quinto lo ejecuta con una gran corrección, aun palideciendo ligeramente ante la presencia de un Leonard Nimoy cuyo papel en la película es mucho más destacado de lo esperado y que a estas alturas podría interpretar dormido.

Es una pena, con todo, que Abrams solo haya decidido centrarse en el binomio Kirk-Spock, dejando un tanto de lado un magnífico Leonard “Bones” McCoy a cargo de Karl Urban. El gruñón médico rural, mejor secundario del film de largo, aparece en la nueva película con el carácter de siempre, si acaso considerablemente más en forma que antaño, pero se echa de menos su mediación entre lo impulsivo de Kirk y lo cerebral y desapasionado de Spock. Esperemos que en el futuro podamos disfrutar más de lo que ha de aportar.

El personaje de Uhura mantiene intacta también su esencia, oficial y mujer de fuerte carácter y alta cualificación, aunque curiosamente no resulta tan voluptuosa, a pesar del empeño en mostrarla en ropa interior a la primera ocasión, como la Nichelle Nicols que hace más de 40 años paseó unas minifaldas y curvas de vértigo por el puente.

Resulta extraño ver al piloto Hikaru Sulu cometer errores en su presentación en pantalla, aunque no tanto como asistir a las volteretas, katana en mano, con las que se lía a la primera ocasión; eso de las volteretas que no vienen a cuento siempre había sido prerrogativa del capitán... No obstante su intervención, aunque breve, es lo suficiente y apropiadamente intensa como para concederle un voto de confianza para el futuro.

El nuevo Chekov ha sido llevado al limite de sus características; más joven y más ruso que nunca, con un acento exageradísimo (al menos en la VO), recoge con acierto el testigo del que fue el querubín del puente de la Enterprise, regalando un par de buenos momentos cómicos.

El punto negativo, sin duda, y contra lo esperado, llega con el nuevo Montgomery Scott. Interpretado por un Simon Pegg que ya ha demostrado ser uno de los cómicos y guionistas con más talento de la última década –y si no vean Spaced y Shaun of the Dead-, deja de ser un maniático caballero escocés para aparentar aquí una especie de freakie treintañero (papel en el que se ha especializado Pegg), que no deja de hacer bromitas con más bien poca gracia en su contexto. Solo cuando Pegg, reconocido fan de la saga, homenajea con acierto la interpretación de James Doohan, encaja en el papel. Pero no es esto lo peor... Dios quiera que la pequeña mascota que le acompaña sea expulsada por el descompresor más cercano antes de la próxima entrega, que si duda, existirá.

Porque el fin último de la producción, su éxito comercial, ya parece más que asegurado. Se ha recuperado generosamente su inversión de 150 millones de dólares de presupuesto solo con lo recaudado en USA en 10 días, y la campaña publicitaria pro-Trek continua; aparte, por lo recogido en los mentideros de la red, al menos un par de nuevas generaciones han conocido la saga con este film y se han interesado por toda ella, exactamente lo que se deseaba; así pues, creo que se puede hablar si el más mínimo pudor de una nueva misión cumplida con brillantez por la tripulación de la Enterprise, a pesar de los vertiginosos y cuestionables ascensos en puestos claves de su tripulación de puente, de los focos cegadores que no se entiende muy bien que pintan en medio del plano o de las escenas de ridícula anacronía con un joven Kirk corriendo a toda pastilla a bordo de un coche cuyos altavoces escupen a los Beastie Boys a alto volumen.

No es una película perfecta, desde luego, pero si es un ejemplo perfecto de lo que pretende: un film espectacular, con vocación de entretenimiento de masas y que apunta a que, si se sabe seguir por la brecha abierta, asegurará a la franquicia una larga y próspera vida.

(1) Tras el sonoro fracaso comercial de Star Trek V, y antes de darse carta blanca a Star Trek VI: The Undiscovered Country, se rumoréo durante cierto tiempo la posibilidad de rodar una aventura ambientada en los años de academia de la tripulación de la Enterprise, con Kiefer Sutherland como un joven Kirk.

 

   

Star Trek

El futuro comienza.

 

 

 

Star Trek

Chris Pine, como el legendario
James T. Kirk.

 

 

 

Star Trek

Zachary Quinto es Spock.

 

 

 

Star Trek

Nero, villano de la sesión con
el rostro tatuado de Eric Bana.

 

 

 

Star Trek

Uhura (Zoe saldana) y el intercomunicador vintage del Enterprise.

 

 

 

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