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Estreno en festivales  
THE COUNTESS Eduardo Serradilla Sanchis

Género: Thriller | Drama
País: Alemania | Francia
Año: 2009
Duración: 98 mins.

Ficha técnica

Dirección – Julie Delpy
Guión – Julie Delpy
Producción – Matthew E. Chausse, Julie Delpy, Andro Steinborn, Christopher Tuffin
Fotografía - Julie Delpy
Música - Martin Ruhe

Ficha artística

Julie Delpy - Erzebet Bathory
William Hurt - Gyorgy Thurzo
Daniel Brühl - Istvan Thurzo
Anamaria Marinca - Anna Darvulia
Andy Gatjen - Miklos

Comentarios

La historia la escriben los vencedores. Y al hacerlo no siempre cuentan la verdad, lo que ocurrió, sino “su verdad”. Por ello he querido contar la historia de Erzsébet Báthory, tal y como yo la viví, no como los vencedores la contaron. Y lo hago ahora que mi padre ha muerto y no puede dictarme lo que tengo que decir.

Luego los seres humanos emitirán su veredicto y condenarán, o no, los actos y la vivencia de Erzsébet. Pero yo sé quién era y cómo fue víctima de una conspiración para arrebatarle sus tierras y su posición social. Los crímenes existieron y nunca nadie podrá saber cuántas jóvenes murieron a manos de ella.

Al final, la mujer que yo conocí se convirtió en una marioneta al servicio de los intereses de hombres como mi padre, demasiados preocupados de su lugar en la corte como para reparar en nada más.

Con estas palabras termina The Countess, última aproximación a la vida –y la leyenda- de la condesa húngara Erzsébet Báthory. Las palabras están pronunciadas por el actor Daniel Brühl quien interpreta al también noble húngaro Istvan Thurzo.

The Countess es una obra escrita, dirigida e interpretada por la actriz francesa Julie Delpy. Para ella, la vida de Báthory era más que un “cuento de terror” para asustar a los niños cuando estos no se querían ir a dormir.

Su interés era bucear en la vida personal y familiar de una de las mujeres más poderosas e inteligentes de su época, la cual, sin embargo, ha pasado a la historia por sus horrendos crímenes. Y si bien es cierto que Delpy no evita plasmar la crueldad y la demencia del personaje, tampoco evita contar las motivaciones y la realidad de su tiempo, tan convulso como sangriento.

Erzsébet Báthory nació en 1560 en el seno de una de las familias más importantes del reino de Hungría. Su madre, una mujer cruel y ambiciosa, crió a su hija como un instrumento para afianzar el poder de su familia dentro de la corte. En casa de Erzsébet no había lugar para los sentimientos ni para nada que no estuviera enfocado hacia un fin predeterminado.

Su hermano Stephan fue coronado rey de Polonia y, en 1476, ayudó al Vlad III –más conocido como Vlad “el empalador”- a conservar su trono en Wallachia, justo el mismo año en el que Vlad fue asesinado. Con dicha alianza, la familia Báthory se aseguró su influencia en los territorios regentados por el sangriento monarca. Y, a causa de dicha alianza, muchos han querido ver similitudes entre los sádicos instintos de Vlad, monarca cruel entre los crueles, y la condesa, apodada “Dracula” por algunos historiadores.

En 1575, con tan sólo quince años, Erzsébet se casó con un noble de rango inferior llamado Ferenc Nádasdy, una boda de conveniencia orquestada por su madre con el único fin de asegurarse un mayor control en la corte real.

La unión, la cual duró más de dos décadas, sirvió para que la joven empezara a conocer los manejos de la corte y, gracias a sus habilidades e intelecto, –Báthory hablaba seis idiomas, entre otras cosas- se convirtiera en una pieza fundamental del poder de la época.

Báthory, una protestante convencida, no dudó, tal y como refleja Delpy en su película, en desafiar a la iglesia católica del momento, más preocupada por defender su estatus social que de salvar el alma de sus feligreses.

En este punto, Delpy ha declarado que su interés no era hacer buena la frase “detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer”, sino dejar claro que la grandeza de una persona depende de sus capacidades y de las oportunidades que se le brinden.

Se podría decir que Báthory fue una de las primeras feministas de la edad moderna, pero en el sentido de reivindicar el papel de la mujer como algo más que el de una comparsa, siempre a la sombra de sus maridos.

Hay que tener en cuenta que la vida de Báthory estuvo marcada por las largas ausencias de su marido, el cual, como general en jefe de las tropas reales, pasó buena parte del tiempo que duró la relación lejos del hogar. En esos años, Báthory fundó hospitales donde cuidar a los heridos de guerra y trató de ayudar a quienes se vieron desplazados a causa de la contienda contra el ejército turco.

No obstante, el tiempo y las largas ausencias comenzaron a dejar sus huellas en el cuerpo de la mujer y en su mente, condicionada por la crueldad con la que fue educada.

La búsqueda de la eterna juventud es algo ansiado por muchos y nunca lograda. Por mucho que se quiera, la vejez llega, antes o después, sobre todo en una época donde la esperanza de vida era mucho menor que en la actualidad.

Delpy, lejos de mostrarnos el tortuoso camino que la lleva a la locura, prefiere apoyarse en un hecho casual, una disputa con una joven doncella, la cual se salda con una cruel reprimenda y con la sangre de la joven cubriendo el rostro de la condesa.

Justo cuando Báthory limpia su rostro, la luz de la mañana invade la estancia y, al hacerlo, ilumina el rostro de la mujer. Cuando esto sucede, Báthory cree ver desaparecer las arrugas que poco a poco invaden su cara y siente como la piel está tersa y juvenil.

Es cierto que al lavar la cara con una sustancia tan espesa como la sangre, la piel puede recobrar algo de elasticidad y brillantez. No obstante, sus efectos son tan efímeros como cualquiera de las cremas que hoy en día prometen retrasar el paso del tiempo en el rostro de una persona.

Aquella revelación sería el comienzo de una desesperada carrera contra el tiempo y contra el ambiente en que vivía la poderosa condesa. No hay que olvidar que la presión que acabó por desestabilizar la salud mental de Ezrsébet Báthory estuvo motivada, no solamente por la soledad de su matrimonio, sino por la presión que le suponía a Báthory sobrevivir en un mundo mayoritariamente masculino y hostil por naturaleza.

Otros factores que influyeron negativamente fue su posición, la cual le permitió disponer de la vida de sus vasallos sin importarle la consecuencia de sus actos –algo muy normal en aquellos momentos, donde sólo unos pocos tenían derechos ante la ley-.

Delpy incluye en el guión, además, la figura del depravado y masoquista –en el sentido literal de la palabra- noble Dominic Vizaska, justo después de que Báthory se viera apartada de su único gran amor, Istvan Thurzo, narrador de la historia.

Vizaska, al cual trabaja a las órdenes de Gyorgy Thurzo -padre de Istvan y responsable del juicio que sentenció a Báthory- no dudará en avivar la llama de la crueldad y el sadismo en una Ezrsébet que terminó por sucumbir ante sus más bajos instintos.

Aún así, y tal y como recalca el personaje de Istvan, las pruebas presentadas en contra de la condesa fueron circunstanciales y falseadas por los propios acusadores. Las declaraciones de los testigos fueron obtenidas bajo tortura, convirtiendo a una asesina en serie –algo que Delpy no esconde- en una adoradora del diablo y bruja, seguidora de arcanos secretos.

Esta última acusación se fundamentó en su larga relación con Darvulia, una curandera local que, entre otras cosas fue su amante, su amiga y su confidente.

En un primer momento fueron los remedios caseros y naturales de Darvulia, los que calmaron la ansiedad que, día a día, crecía en el interior de la condesa, ante los efectos del inexorable paso del tiempo. No obstante, la demencia y ofuscación de Báthory fue en aumento y, lo que empezó siendo un suceso casual, se convirtió en una macabra sucesión de crímenes –unos diez, cada mes, durante más de cinco años-.

En esto, como en cualquier otra estimación, es difícil ponerse de acuerdo. Los testigos hablaron de entre 50 y 650 víctimas, dependiendo del tiempo que pasaron al servicio de la condesa. Otro problema es la falta de un censo claro y de los crímenes que también se cometieron durante aquellos años, varios de los cuales no fueron cometidos por los sirvientes de la condesa en su incesante búsqueda de jóvenes vírgenes.

Aquellos crímenes y la degradación en la que se va sumergiendo el personaje de Báthory, sobre todo en su interior, son narrados sin tomar partido por Istvan, al igual que hiciera un cronista contemporánea al narrar un suceso.

En lo que Delpy no profundiza, y no le hace falta para contar la historia que quiere contar, es en mitos y leyendas como aquellas que colocan a Báthory en medio de una bañera llena de sangre.
Delpy prefiere apuntar hacia una de las máquinas de tortura, diseñadas por aquellos años–y apodada “la doncella de hierro”- para lograr confesiones teñidas de sangre y desesperación.
La directora deja al servicio de la imaginación del espectador los efectos de una de aquellas sanguinarias máquinas en el cuerpo de una inocente joven y el reguero de sangre posterior.

El interés de la directora está en humanizar los actos de una mujer que nunca perdió del todo la cordura, sobre todo cuando las pruebas en su contra llegaron hasta los oídos del propio rey.

Lo paradójico del caso es que Báthory, tal y como refleja la película de Delpy –y la historia así lo recoge- documentó, de su puño y letra, buena parte de sus crímenes, textos recogidos en sus diarios y que no fueron incluidos como prueba en su juicio.

Según consta en las actas del juicio, los diarios no fueron utilizados como prueba, dado que los acusadores tuvieron muchos problemas para poder leerlos. En la actualidad se desconoce su paradero, aunque algunos historiadores piensan que fueron destruidos para ocultar la verdad.

Sea como fuere, el juicio de Báthory estuvo trufado por los intereses de la nobleza húngara y su condena, basada en pruebas ciertas o falseadas, poco tuvo que ver con los crímenes que supuestamente cometió en las estancias de su castillo de Čachtice, situado en la Eslovaquia actual.

Los momentos previos a ejecutar la sentencia que condenó a Báthory a pasar el resto de su vida confinada en su habitación, privada de la luz del sol y sin más compañía que sus pensamientos y recuerdos, no pueden ser más esclarecedores. Al espectador le queda claro que, a pesar de los crímenes que el personaje cometió, sus acusadores se nos antojan más “sangrientos” que la misma condesa. Báthory se nos muestra como una mujer lúcida, cabal y resignada ante el futuro que unos pocos le han preparado. Luego vendrán los remordimientos por los crímenes cometidos por aquellas cosas que nunca pudo llegar a consumar.

Para el final he dejado el verdadero motor de la película escrita y dirigida por Delpy. Y ésta no trata de las ansias criminales y macabras de la condesa húngara, sino de la historia de amor que se desarrolló entre ella y el joven Istvan Thurzo, como ya hemos dicho, el narrador de la cinta.

Según Julie Delpy, la relación entre ambos es la excusa perfecta para desgranar la personalidad de una mujer obligada a comportarse y a actuar de una forma antinatural y que muy bien pudo acabar siendo el detonante de lo que luego sucedió. Son pocos los momentos en los que la condesa Báthory pudo disfrutar plenamente de su ser y Delpy los explora con suma delicadeza, evitando juzgar su comportamiento.

Una vez que la historia concluye, a los pies de su fría y destartalada tumba, a uno le cuesta juzgar a quien los libros de historia condenaron hace siglos. Delpy no lo hace, solamente nos cuenta quién fue la mujer que se llamó Erzsébet Báthory, dejando los juicios para quienes los quieran emitir.

De todas maneras, es William Hurt, el veterano actor que da vida al padre de Istvan, Gyorgy Thurzo -primo de Erzsébet y principal responsable de su condena- quien mejor resume el mensaje que Julie Delpy, directora, guionista y la actriz que interpreta a la condesa, quería dar con esta película.

The Countess nos cuenta una historia con moraleja muy adulta. Julie Delpy interpreta a un personaje que madura y crece enfrentándose a sus problemas. Báthory era una mujer increíble, que, en circunstancias distintas, en un ambiente idóneo, podría haber tomado un camino muy diferente. Sin embargo, lo mejor que tiene nuestra historia es que de ninguna manera mostramos a esta mujer como si fuera un caso anómalo a la época en la que le tocó vivir. Julie Delpy deja bien claro que la época en la que vivió Báthory, una época cruel, se manifiesta en el comportamiento de Báthory.

   

Festival de Sitges 2009

The Countess

She sacrificed all for love...
and sacrificed others for beauty.

 

 

 

The Countess

No es la primera vez que la vida de la condesa Báthory inspira un largometraje.

 

 

 

The Countess

Daniel Brühl y William Hurt, hijo y padre en la ficción.

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