Dorothy Mills, dirigida por Agnès Merlet, vuelve a recorre los tortuosos senderos de las posesiones demoniacas, a la vez que intercala elementos fantasmagóricos y detalles propios de un thriller sobrenatural.
La película desarrolla una atmósfera que dota a la película de una credibilidad muy necesaria cuando se tocan temas como éstos. El único problema que se le puede achacar a la película sea el gusto por tratar de provocar al espectador con la atmósfera ante comentada, olvidando que el tema, de por sí, ya condiciona bastante.
A pesar de ello, y de cierta carga de religiosidad que puede llegar a ser excesiva, su desarrollo no deja indiferente a quien acude a verla. |