Definir
las películas de un director como
Tsukamoto es una tarea
muy compleja, sobre todo por la cantidad
de influencias que el director atesora en
Tetsuo I
y Tetsuo II.
Tsukamoto sacude la realidad
cotidiana del Japón, enfrentando
a sus compatriotas a todo un delirio visual
donde el hombre y la máquina llegan
a fusionarse en un todo, tan complejo como
radical.
La imaginación del realizador no
duda en mezclar componentes mecánicos
con la carne del protagonista, además
de hacer hincapié en marcadas referencias
sexuales (en un país donde sólo
se insinúan los atributos sexuales
de cada sexo) sometiendo a su protagonista
a una transformación que atesorará,
por igual, eros y thánatos.
Puede que esa misma complejidad visual
y narrativa dificulten la comprensión
de ambas propuestas, algo superado en la
tercera cinta, Bullet
Ballet, una lúcida y radical
reflexión sobre la atracción
que despiertan las armas de fuego en las
personas normales, fruto del poder decidir
sobre la vida y la muerte que ellas atesoran,
pero ello no significa que su visionado
no aporte multitud de claves para entender
las nuevas generaciones de directores llegados
desde Japón, muchos de los cuales
no logran el reconocimiento que se merecen,
al vivir a la sombra de los grandes maestros.
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