Una
de las cosas más difíciles
de lograr en una película de terror
y/ o suspense es conseguir asustar al espectador
sin necesidad de ser demasiado explícito.
Se trataría más de lograr
que la mente del espectador se convirtiera
en un elemento fundamental que de salpicar
al público con la sangre de tal o
cual protagonista. Dicho así resulta
muy fácil pero en la práctica
no lo es. Resulta terriblemente complejo
dirigir la atención del espectador
y mantenerla sin tener que recurrir a una
sobrecogedora aparición para lograrlo.
Por ello, resulta tan significativa la
carrera de un director como Jaume
Balagueró, el cual ha logrado
cimentar su reputación haciendo uso
del más difícil todavía.
Su debut con la desasosegante Los
sin nombre (1999), dejó a
todo el mundo sorprendido por la capacidad
del debutante para jugar con los ambientes,
las sombras y los susurros que llenan cualquier
espacio. No le hacía falta mostrar
nada para tenerte atrapado desde el primer
momento. A todo ello contribuyó el
dominio de la cámara y la adecuada
fotografía que daba a la película
un “look” gótico, misterioso
y esquivo pero partiendo de elementos cotidianos
y cercanos.
Con Darkness
(2002), quiso recrear el juego del gato
y el ratón con un escenario que se
convertía en un protagonista más
de la historia. Puede que durante su rodaje
el director se viera mucho más condicionado
–en especial por contar con Lena
Olin, Anna Paquin
y Giancarlo Giannini en
el reparto- que con su anterior realización
Los sin nombre, algo que se terminó
notando en el resultado final.
Aún así, Balagueró
logra que dicho escenario, una enorme e
inquietante mansión se convierta
en el depositario de secretos y presencias,
tan inquietantes como perturbadoras.
Tras Darkness
Balagueró
se embarcó en Frágiles,
un nuevo proyecto rodado en inglés
y contando con el conocido rostro de la
actriz Calista Flockhart
–la televisiva abogada Ally McBeal-
como protagonista principal. Junto a ella,
Richard Roxburgh, actor
cada vez más conocido entre el público
por sus trabajos en Misión
Imposible II (John Woo, 2000) , Van
Helsing (Stephen Sommers, 2004) o La
liga de los hombres extraordinarios
(Stephen Norrington, 2003) y la, cada día
más internacional, Elena
Anaya completaban el reparto.
La premisa de partida de la película
es demostrar la fragilidad de la vida humana,
simbolizada en la rotura de los huesos del
cuerpo humano.
Para ello se recurre a una enfermedad
llamada Osteogénesis imperfecta.
Dicha enfermedad se caracteriza por la extrema
fragilidad de los huesos de quien la padece,
a causa de una deficiencia congénita
en la elaboración del colágeno,
una proteína.
Balagueró utiliza
la sensación de dolor que produce
el ver una fractura de un miembro –secuencia
con la que empieza la película- añadiendo
el detalle de que los protagonistas, en
su mayoría, son niños.
Para rematar, el escenario vuelve a jugar
un importante papel en toda la narración.
En esta ocasión se trata del vetusto
hospital Mercy Falls, situado en la británica
isla de Wight. Durante más de un
siglo sus salas han albergado a niños
enfermos, sometidos a técnicas y
remedios que, hoy día nos parecerían
una auténtica tortura. De ahí
que circulen leyendas como la de la niña
mecánica, que vive entre las paredes
del edificio.
Con un escenario a medio desmontar, aparece
Amy Nicholls, una enfermera americana que
viene a suplir la baja de la anterior encargada
del turno de noche. Amy, como el
mismo lugar, esconde un secreto que la condiciona
y por el cual ha estado bastante tiempo
alejada de una dependencia médica.
Tras el frío recibimiento de la directora,
la señora Folder, Amy
conocerá a Helen, la enfermera
del turno de día, llegada desde España.
Helen tratará de que la
estancia de la recién llegada, en
Mercy Falls, sea lo más agradable
posible, dadas las especiales circunstancias
en las que se encuentra el lugar.
Además, Amy conocerá
a Robert, el médico con
el que compartirá turno de trabajo
y con quien logrará abrirse tras
mucho tiempo de ausencia. No obstante, el
rutinario desmantelamiento del hospital
no será bien visto por quien considera
que aquel sitio debería continuar
siempre abierto, respetando así su
memoria.
Balagueró, como
ya gustara de mostrarnos en sus anteriores
películas, vuelve a recurrir al escenario
en el que se desarrolla la acción
para convertirlo en un personaje más
–el más importante si me permiten
la afirmación-. En sus largos pasillos,
condicionados por la luz de los tubos de
neón, los protagonistas viven una
extraña existencia, siempre rodados
por una oscuridad que busca por donde colarse,
entre la difusa luz que cuelga del techo.
Además están los ruidos
que forman parte de cualquier construcción,
el chirriar de la puertas, el silbido del
viento entrando por la ventanas y, para
colmar el vaso, la incesante lluvia que
golpea el lugar.
Con todo, la inseguridad de los personajes
se transforma en un miedo a lo desconocido,
multiplicado por los extraños sucesos
que no paran de perturbar el normal devenir
de los allí reunidos.
No hace falta ninguna aparición
espectral –único elemento que
termina por chirriar en exceso en la narración-
para asustarnos más de lo que ya
podemos estar, mediado el metraje. No digo
que un “susto” bien puesto no
nos ayude a consumir un poco de adrenalina
pero siempre es mejor sugerir que enseñar.
No hay nada más temible que la imaginación
desbocada de un espectador en la soledad
de su butaca.
Salvo por ese detalle, Balagueró
vuelve a demostrar que es un director de
ambientes, de sensaciones, capaz de llevarnos
de la mano gracias a los pequeños
detalles, los cotidianos, convertidos en
instrumentos de pesadilla según quién
los utilice.
Los actores están bien, sobre todo
los niños, que son quienes terminan
por creerse la historia que están
contando ante las cámaras.
Flockhart, a pesar de
su reputación como actriz de comedia
da una convincente réplica a su papel,
una enfermera que se debate entre el deber
y los recuerdos de una falta que atormenta
su existencia. Roxburgh
cumple con su cometido de médico
escéptico que se debe rendir ante
la evidencia de unos acontecimientos que
se escapan del normal raciocinio. Y Elena
Anaya, también resuelve
con soltura su cometido, aunque su papel
tampoco le permita demasiado lucimiento.
De todas maneras son los niños
y las niñas, en especial la joven
actriz Yasmin Murphy –Maggie-
quienes llevan buena parte del peso de la
narración. El personaje de Maggie
será capital para que Amy
encuentre una paz, tiempo atrás robada.
Por lo demás, es el espectador
el que debe completar el rompecabezas que
forma el resto de la narración, arriesgándose
con ello cualquier cosa que le pudiera suceder.
La presentación de Frágiles,
lanzada al mercado por Filmax Home
Video, ofrece en su edición
especial de dos DVD, unos extensos y completos
extras. De todos ellos, destacaría,
además del diario de rodaje, con
escenas eliminadas y tomas distintas de
escenas concretas, el audiocomentario del
propio Balaqueró
a su película. El incluir entre los
extras un audiocomentario del director y
del/ los productores, suele ser una práctica
común en el mercado anglosajón
y francés, pero no es habitual dentro
del mercado videográfico español
-salvo en contadas ocasiones-. Por ello
resulta muy interesante escuchar, en palabras
del propio director, las razones de rodar
una escena de una determinada manera o el
cortar determinadas secuencias en bien de
una coherencia narrativa de la película.
Además, los extras también
incluyen una galería fotográfica,
fichas, biofilmografías, tráiler
e, incluso, la película médica
donde se reproducen los arcaicos tratamientos
a los que se sometía a los pacientes
de la mencionada Osteogénesis imperfecta.
Con todo, el paquete no puede ser más
atractivos para los seguidores del realizador
y los amantes del fantástico en general.
Agradezco a Filmax Home Video
el material cedido para la realización
de esta reseña.
|