La
versión gráfica de MPD-Psycho,
obra de Sho-u Tajima y
Eiji Otsuka, sirve de base
para su adaptación en la pantalla
–en este caso, para la televisión-
y que presenta Jonu Media
en su nuevo sello Jonu Live.
Y quien conozca al cine de terror contemporáneo
oriental, sabrá que no hay nadie
mejor que el genial y trasgresor Takashi
Miike para llevar dicha obra a
un formato en movimiento.
El realizador, responsable de títulos
tan extremos como Audition
(1999), Izo
(2004) o el capítulo de Masters
of Horror Imprint
(2006), responde a las mil maravillas a
los requerimientos necesarios para llevar
a las tres dimensiones una obra tan particular
como es MPD-Psycho.
En su planteamiento, la serie de televisión
parte de las mismas bases que la obra gráfica,
dándole rostro y personalidad a los
personajes recreados en el manga.
El actor Naoki Hosaka da
réplica al detective de personalidad
múltiple sobre el que gira toda la
trama de MPD-Psycho.
Junto a él, las actrices
Tomoko Nakajima, en el papel de
la investigadora Machi Isono, Rieko
Miura, como la dulce Chizuko
Honda y Nae –actriz
que acaba de protagonizar Cartas
desde Iwo Jima (Clint Eastwood, 2006)-
es la encargada de dar la réplica
al personaje de Tomoyo Tanabe.
Los elementos de terror, y casi diríamos
que propios del gore, los cuales están
presentes en la obra gráfica, son
desarrollados con su estilo personal por
el director, colocando al espectador al
límite de su propia percepción.
Aunque quizás, Miike
busca combinar su imaginería propia
–imágenes difusas, casi sin
definición- mezcladas con los cuerpos
mutilados y la sangre que va dejando el
asesino sobre el que gira la narración
televisiva.
Algunos críticos han señalado
que MPD-Psycho es
la versión japonesa de la obra de
David
Lynch Twin Peaks,
la cual supuso introducir una serie de elementos
en el pequeña pantalla, hasta entonces
reservados para el cine.
Coincido con dicha consideración,
aunque la obra de Miike
no posee el aura poética que destilaba
la serie de Lynch ni la
carga onírica del director americano.
Miike, por el contrario,
potencia elementos como la vertiente cómica,
casi bufonesca del jefe de policía
Sasayama y su ayudante Manabe,
preocupado éste por reproducir –de
la manera más fiel posible y escala-
los desvaríos del psicópata
que trae de cabeza a las fuerzas del orden.
Con ello se da una sensación de una
irrealidad más profunda puesto que,
a reglón seguido, nos golpea con
una imagen sacada del mismo infierno.
En lo que sí se acercan ambas propuestas
es en su interés por llevarnos de
un lado a otro, sin que sepamos, realmente,
quién se esconde tras los crímenes.
Elementos como los códigos de barras
que ocultan los ojos de los protagonistas
–elemento que ya aparecía en
el video Do the
evolution del grupo Pearl
Jam- son una de las muchas piezas
que conforman un rompecabezas, tan endiablado
como absorbente.
Son seis capítulos que nos llevan
hasta las mismas catacumbas de la psique
enferma, con elementos propios de los grandes
clásicos de la demencia criminal
–Jack “el destripador”,
Charles Mason o Andrei
Chikatilo “el ciudadano-X”
y mezclados con series de televisión
como X-Files
o Millenium.
La diferencia estriba en que el responsable
de la serie es un director con unas señas
de identidad tan claras como Takashi
Miike y eso supone un aliciente
para todos aquellos degustadores de este
tipo de productos.
Muy, muy recomendable para todos los amantes
del género terrorífico y los
seguidores de Miike. De
todas maneras, la serie no se corta en mostrar
algunos aspectos ya bastantes duros de ver
en el manga. Por ello, absténgase
aquellas personas impresionables a la hora
de ver determinados comportamientos y/ o
sucesos.
Y no se olviden de leer la versión
gráfica comercializada por la editorial
Glénat.
Agradezco a Jonu Media, las
facilidades dadas para la redacción
de esta reseña. |