Puede
que los más veteranos recuerden Game
of death (Juego
con la muerte, 1978), aquel extraño
homenaje cinematográfico estrenado
en memoria de Bruce Lee,
seis años después de su muerte.
Aquella película, realizada con algunas
secuencias rodadas por Lee
antes de involucrarse en el rodaje de Operación
Dragón (Robert Clouse, 1973)
–las cuales sumaban un total de 30
minutos-se completaron merced a un guión
más que cuestionable y al recurso
de utilizar a varios dobles del “pequeño
dragón” además de superposición
de imágenes y otros trucos para tratar
de completar el metraje final. El resultado
no fue, ni mucho menos, el más deseado,
pero, por lo menos, dio la oportunidad a
los aficionados a ver, por última
vez, al artista marcial en la gran pantalla.
De aquel Juego
con la muerte sólo se suelen
recordar las secuencias en la que Lee,
vestido con un mono de color amarillo y
negro de motorista, modelo que luego paseara
Uma Thurman en
Kill Bill volumen 1 (Quentin Tarantino,
2003), debe enfrentarse a una letal combinación
de luchadores. Cada uno lo espera en uno
de los cinco pisos de la pagoda en la que
se desarrolla la acción final de
la película y cada enfrentamiento
es una batalla en toda regla.
Todavía hoy en día resulta
impactante ver al pequeño Lee
enfrentándose a un gigante como Kareem
Abdul-Jabbar, mítico jugador
de la NBA y alumno de Lee.
Su pelea es, realmente, como ver a David
contra Goliath. Tampoco se quedan atrás
el resto de enfrentamientos con otros grandes
luchadores de otras disciplinas.
De haberse terminado como quería
Lee, Juego
con la muerte hubiera supuesto una
ocasión única de ver al creador
del Jeet Kune Do poniendo a prueba su técnica
con otros grandes luchadores y alumnos suyos,
tales como Dan Inosanto.
Dicho esto, no puedo asegurar que los creadores
de una historia como Get
Baker, Yuya Aoki
y Rando Ayamine, bebieran
directamente de una película como
Juego con la muerte
mientras escribían la narración
de su historia. No obstante, queda claro
que el segundo volumen de la serie de animación
de Get Baker,
tiene muchas influencias del malogrado proyecto
de Lee.
Hay diferencias como en el número
de protagonistas y el ambiente en el que
se desarrolla la acción –dominada
ésta por el genio de Makubex,
uno de los cuatro reyes de los Volt-.
Pero todo esto no es óbice para dejar
pasar la similitud en cuanto a la idea que
sirve de eje argumental para estos 12 episodios.
En todos ellos, los principales personajes
de la trama, encabezados por Ban Mido
y Ginji Amano, deberán introducirse
en la Fortaleza Ilimitada y, una vez dentro,
ir superando pruebas, en los distintos niveles
del lugar que los lleven hasta las mismas
entrañas del lugar.
Y dichas pruebas no son sino enfrentamientos
entre sus cualidades y poderes que para
la lucha demuestran cada uno de ellos. Mido
y Amado, junto con Sido Fuyuki
–el Señor de las bestias-;
Himiko Kudo –Dama veneno-;
Kurodo Akabane, conocido como el
temible Dr. Chacal, ahora de parte
de los dos recuperadores; y Kazaki Fuuchouin
–maestro de la técnica
de los hilos Fuuchouin- deberán enfrentarse
contra los adversarios que la refinada y
retorcida mente de Makubex les
ha preparado.
Cada batalla que discurre antes nuestros
ojos es más épica que la anterior,
poniendo a prueba las cualidades y los poderes
de cada uno de los contrincantes. Como ya
ocurriera con Lee en algunas
de las peleas que se llegaron a filmar de
Juego con la muerte,
en muchos casos, David se debe enfrentar
a un Goliath que parece invencible.
Además, la mente de Makubex
parece que ha contemplado todas y cada una
de las variables posibles para así
evitar que su plan fracase. En esta partida
da la sensación de que las cartas
están marcadas de ante mano y que
el resultado siempre será el mismo;
es decir, la victoria para Makubex.
Sin embargo, hasta los mejores planes tienen
algún cabo suelto. Y en esta ocasión,
ese “cabo” al que Makubex
no ha prestado atención se llama
Gensui Radou, conocidos por todos
como el médico de la Fortaleza Ilimitada.
Lo que todos ignoran es que Gensui Radou
fue uno de los creadores de aquel escenario
y la persona responsable de colocar un teclado
de ordenador en las manos de Makubex.
Tras aquel momento, la mente y en cuerpo
de Makubex entraron en una simbiosis
con las máquinas, circunstancia que
lo llevarían a convertirse en el
amo y señor del lugar, una vez que
los cuatro Reyes de los Volt –y especialmente
su líder, Ginji Amano-,
se disolvieron.
El segundo volumen de Get
Backers (capítulos del 14
al 25), presentado por Jonu Media,
supone un verdadero placer para los amantes,
no sólo de las emociones fuertes,
sino de los enigmas más intrincados.
Cada secuencia en la que se ven implicados
los protagonistas, esconde un secreto que
nos ayudará a descubrir cuál
es la historia que se esconde detrás
de un lugar tan cargado de sombras como
la Fortaleza Ilimitada. En estos capítulos
no hay tiempo para la comedia, ni la caricaturización
de los personajes, como sí ocurriera
en algunos momentos del primer volumen de
la serie. En esta ocasión se trata
de una guerra sin cuartel, donde los poderes
de Ban Mido, Ginji Amado y el resto
de sus aliados, serán puestos a prueba
en un tablero de juegos manejados por una
mente maestra como Makubex.
Son 12 capítulos de apasionante
visión, donde nada es lo que parece
a simple vista, ni siquiera cuando uno de
los dos combatientes admite su derrota.
La animación es brillante, al igual
que los diálogos, y cada secuencia
está perfectamente hilvanada con
la anterior para que nos perdamos ninguno
de los detalles de la acción. También
hay tiempo para conocer el pasado de los
protagonistas y porqué las cosas
han llegado hasta estos extremos, aunque
siempre bajo el tamiz de un enfrentamiento
que decidirá el futuro del lugar.
Además, como ya ocurriera con los
anteriores capítulos de la serie,
Jonu Media se ha esforzado
mucho en ofrecernos una cuidada presentación,
tanto en su caja –la cual viene acompañada
de un juego de postales, un poster reversible
y un libreto en donde se recogen las biografías
de los principales personajes y los escenarios
en los que se desarrolla la acción-,
como en el apartado de los extras, el acertado
doblaje al castellano y la música,
esta última a cargo del grupo musical
El duende de la escalera.
En resumen, todo un lujo para quienes aman
la animación de calidad y que, además,
tiene un buen guión que la apoye.
Veremos qué ocurre en las siguientes
entregas de esta apasionante serie, pero
las expectativas no pueden ser mejores.
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