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SITGES 2004: UN FANTÁSTICO FESTIVAL
del 2 al 11 de diciembre (Sitges, España)

Ya ha pasado y hemos sobrevivido para contarlo (y que conste que nuestro trabajo nos ha costado, no se vayan a creer) Aunque, la verdad, como en otras ocasiones, el encuentro ha merecido la pena y quedan ganas de repetir para el próximo año. Y ha merecido la pena por la calidad de muchas de las propuestas presentadas y por las nuevas visiones que desde lugares remotos del mundo nos han llenado las pantallas durante los días del Festival.

Es fantástico por lo que supone compartir las experiencias con personas afines a tus gustos y con los que vivir mil y una aventuras. Y lo es, por encima de todo, por la significación que tiene un Festival como éste, en el cual se considera al fantástico en general, como un género válido y con una de las mayores proyecciones dentro de la cultura del siglo XXI.

Otra cosa muy distinta es que, con el cambio de denominación (ahora es el Festival Internacional de Cinema de Catalunya, dejando para el recuerdo su denominación de Festival de Cinema Fantastic de Sitges) muchos acudan hasta dicha localidad buscando lo que el festival no puede ofrecerles. Para eso ya hay muchas más propuestas a lo largo del territorio español y no les debería extrañar la diferenciación, real y nada disimulada que el evento tiene si se le compara con certámenes como San Sebastián o Valladolid.

La conclusión de todo es que, para muchos de ellos, representantes, normalmente, de grandes medios, todo lo que se proyecta en el festival suele ser de ínfima calidad y les supone una pérdida de su valioso tiempo, dando una falsa imagen de dichos productos y dificultando, en muchos casos, la labor de profesionales que sí consideran al fantástico como se merece y no se han apuntado al carro de la modernidad por obligación y sí por convicción.

De todas maneras, los 37 años de existencia del encuentro son unas señas de identidad más que suficientes para avalarlo dentro del panorama de festivales españoles y eso es algo que nadie debería dudar.

Entrando de lleno en las películas presentadas, empezar diciendo que pudimos contemplar tres de los mejores ejemplos que se puede ofrecer dentro del panorama del cine de animación, de la mano de los maestros Hayao Miyazaki (que recibió un premio al conjunto de su obra), Katsuhiro Otomo (premio a la mejor película de animación del festival) y Mamuro Oshii, responsable de las dos entregas en pantalla grande del manga de Masamune Shirow Ghost in the Shell. Cada uno nos sorprendió con la increíble calidad de sus propuestas: Miyazaki con la poesía de su Howl´s Moving Castle, Otomo con la espectacularidad de Steamboy y Oshii con la filosofía existencial de su Innocence: Ghost in the Shell.

Sin embargo, la animación no fue lo único que aterrizó del lejano oriente. Desde Corea muchos nos sorprendimos con propuestas tan arriesgadas como Oldboy (Park Chan-wook, 2003) la historia de un hombre corriente, encerrado durante 15 años en una pequeña habitación y puesto en libertad con la posibilidad de vengarse en tan sólo cinco días. Dura, intensa, excesiva, la cinta no deja indiferente a nadie y de ahí el premio a la mejor cinta del certamen. Además, pudimos ver el mejor cine de acción de Hong-Kong con Breaking News (premio a su director Johnnie To), muestra de los excesos de los medios de comunicación y de lo peligroso que es tratar de jugar al mismo juego por parte de las fuerzas de la ley; la vibrante trilogía policial Infernal Affairs; o las fantásticas Zebraman, un genial tributo a Ultraman y los Powers Rangers; Casshern; Arahan; y la excesiva y límite Izo, del controvertido realizador Takashi Miike.

Tampoco querría olvidar al homenajeado Godzilla que, con alfombra roja y todo (colocada en la playa de la localidad para su recepción) llenó las proyecciones organizadas en la sala Brigadoon además de agotar el libro preparado para la ocasión por la editorial Calamar.

Pero no sólo de Oriente vive el Festival. Desde el viejo continente aterrizaron The Creep (película que cerró la muestra) ópera prima de Christopher Smith y toda una muestra del buen cine de género, realizada por un fan confeso del género que, a buen seguro, nos sorprenderá con próximos trabajos en la misma línea. Otro debutante que aprobó con nota su paso por el Festival fue Aaron Woodley, un experimentado animador (y sobrino del genial David Cronenberg) que nos propuso una fábula sobre el aislamiento de las personas y cómo éstas se construyen sus propios mundos perfectos en Rhinoceros Eyes.

Además nos visitó un ladrón de guante blanco (no como los de ahora) que, haciendo gala de su buen hacer, nos entretuvo las dos horas que permaneció en la pantalla y que responde al nombre de Arséne Lupin. Más oscura es la visión dada por el director Michael Winterbottom, premio a la mejor película de Cine Fantástico Europeo, en su Code 46, con un Tim Robbins tratando de sobrevivir en una visión del Gran Hermano de Orwell.

Terminaré citando The Machinist, producción española con elenco internacional y cuyo actor principal (y absoluto de la narración) Christian Bale obtuvo un merecido premio al mejor actor, y la película, el premio a la mejor fotografía. La historia de esta producción nacional, cercana a un episodio de En los límites de la realidad, cuenta con el aliciente de ver a una madura Aitana Sánchez-Gijón y a la personal Jennifer Jason Leigh en medio de los delirios de un personaje que, como los espectadores, acaba dudando de su propia percepción de la realidad.

Del nuevo continente nos llegaron el Capitán Sky y el mundo del mañana, imaginativo homenaje a los grandes clásicos de aventuras del cine de los 40 y los 50 con la pareja Jude Law y Gwyneth Paltrow en medio de sus aventuras; Birth, con una hermosa y controvertida Nicole Kidman, y un difunto marido reencarnado en un niño de 10 años; Saw, los desmanes de un asesino psicópata y sádico, que se regodea en el sufriente de sus víctimas; The final cut, o como alterar los recuerdos de las personas, aún después de muertos, para descanso de sus familias.

Terminamos con dos propuestas muy del festival. La primera es la continuación de la saga del muñeco diabólico, La semilla de Chucky (Don Mancini, 2004). En este caso, vemos a su descendencia (y es que hasta Chucky tiene hijos) aunque no responde a las expectativas tras ver la anterior entrega, el encuentro con Tiffany, y, la segunda propuesta es The Grudge, remake anglosajón de la película de Takashi Shimizu protagonizada por Sara Michelle Gellar, la cazavampiros Buffy, que suple algunas de las carencias de la versión original (en cuanto a la narración) sin renunciar al estilo del director.

El festival contó además con la presencia de compositor Andrew Lloyd Webber (responsable de musicales como Jesucristo Superstar, Evita, o Cats) el cual ha unido sus fuerzas con el director Joel Schumacher para trasladar a la gran pantalla El fantasma de la Ópera, según la novela de Gaston Leroux y el libreto del musical del propio Lloyd Webber (considerado como uno de los mejores espectáculos de todos los tiempos.) Un digno telón de cierre para un evento que también contó con las lecciones magistrales de Guillermo del Toro (director de Hellboy y de El espinazo del diablo) John Landis (director de Un hombre lobo americano en Londres y The Blues Brothers, entre otros títulos) y el homenaje al icono del fantástico español, representado en la figura de Paul Naschy.

También nos llegó, desde una galaxia, muy, muy lejana, la Star Wars Conference 2004, maratones para todos los públicos y la sensación de poder compartirlo todo con personas afines y que, en nada se extrañaban de verte hablando de monstruos, naves espaciales o leyendas de ultratumba.

Eso es lo bueno del Festival de Sitges y espero que ese espíritu permanezca intacto en los años venideros.


Eduardo Serradilla

 Web oficial
Sitges 2004

El cartel conmemorativo de la XXXVII edición del festival estaba dedicado al universo de La Guerra de las Galaxias.

 

Sitges 2004

La célebre panorámica de Sitges.

 

Sitges 2004

El Edificio Miramar, situado en la playa de Sant Sebastià, acoge uno de los espacios centrales del festival.

 

Sitges 2004

El cine Retiro, con capacidad para 600 personas, fue la primera sede del certamen de Sitges.

 

Sitges 2004

Vallas promocionales ubicadas en el entorno del hotel Meliá Gran Sitges, centro neurálgico del festival.

 

Sitges 2004 - El maquinista

El Cine Prado, con 450 butacas, es el centro de multidifusión de las principales películas que se proyectan en Sitges.

 

Sitges 2004 - La semilla de Chucky

Brad Dourif y Don Mancini posaron junto a las verdaderas estrellas del film.

 

Sitges 2004

Para asistir a la proyección de
El fantasma de la ópera
era obligatorio vestir de oscuro, los chicos, y de cocktail, las chicas.

 


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