...
o lo que se logra cuando a uno no le importa
lo que los demás digan
Lo primero que yo podría pensar
si alguien me dijera que conoce a un director
español que acaba de terminar de
dirigir una película relacionada
con el género fantástico en
nuestro país es ¡socorro!
¡llamen a una ambulancia que acabo
de conocer a alguien que está muy
malito!
Y si piensan que exagero no hay más
que echar mano a la historia
del fantástico dentro de nuestras
fronteras para ver que su consideración
como género es la misma que tendrían
los vendedores de piedras en el desierto
del Gobi (que, por si no lo saben, es un
desierto de piedras). Vamos, para que quede
claro, el fantástico no es un género
especialmente reconocido por aquí,
aunque, afortunadamente, cada vez hay mejores
ejemplos, que siguen siendo extrañas
flores en mitad de terrenos bastante áridos.
Si a todo esto se le suma la elección
de Corey Feldman como protagonista,
(actor que después de una etapa de
éxitos continuos desde mediados de
los años 80 con Los
Goonies y Cuenta
conmigo entró en una espiral
de proyectos mediocres y de adicción
a las drogas que lo hizo desaparecer de
los grandes títulos para sobrevivir
en productos de cuestionable calidad) que
el escenario escogido es un hotel de Baltimore
a finales de los años 80, y que está
rodada en tiempo real, entenderán
mi primer pensamiento. Pero como cualquier
regalo que se precie, lo mejor está
después de quitar el papel que lo
envuelve. Y eso es precisamente lo que ocurre
cuando uno ve la ópera prima de Eugenio
Mira (nacido en 1977, el mismo
año que George Lucas
estrenaba La Guerra
de las Galaxias) poseedor de una
madurez narrativa pocas veces vista en un
debutante. La razón de que diga esto
es que la película de Mira
no hace concesiones en su manera de contar
la historia.
- “Yo quería contar la
historia de esta manera: en tiempo real
y con estos protagonistas. Además
la narración está estructurada
de manera que en la primera parte de la
película uno conoce a los dos protagonistas
y su relación, y en la segunda, cómo
estos mismos protagonistas se ven inmersos
en una historia de tintes fantásticos.
Aún así me sorprende que se
le esté considerando solamente como
una película de género fantástico,
cuando yo creo que es mucho más.”-
me comentó Eugenio Mira.
Asimismo, la película no pretende
ser solo un homenaje a los grandes clásicos
de los años 80 sino que éste
fuera un punto de partida escogido por el
director, el cual se formó con esta
etapa del cine, para contarnos una historia
que comienza con una disfuncional fiesta
familiar de cumpleaños (como si alguna
no lo fuera...) y se acaba transformando
para el protagonista en toda una pesadilla
en la que deberá tomar partido para
evitar el fin del mundo.
De todas maneras, Mira
es muy consciente de la deuda que tiene
con grandes creadores como Spielberg,
Lucas, Raimi,
Yuzna (sobre todo con su
película Society)
y en especial con uno de sus grandes ídolos,
John
Landis, con el que compartimos los dos
rueda de prensa en el último festival
de Sitges,
momento que aprovechó Mira
para poner en un serio aprieto al americano.
Pero lo que más destaca Mira
es el sentido independiente que todos estos
grandes creadores tuvieron en sus comienzos
y que han tratado de mantener a lo largo
de sus carreras profesionales.
- “Siempre he admirado la decisión
de personas como Sam Raimi que
fueron capaces de sacar a la luz proyectos
como Evil
Dead, prácticamente sin apoyos,
y en el que parecía el peor momento.
Yo he tratado de seguir sus enseñanzas
y de hacer en todo momento la película
que quería, sin preocuparme de qué
dirán los demás.”-
siguió el director.
Esta afirmación viene corroborada
por la elección de un actor tan poco
adecuado a priori como acertado, una vez
vista la película, porque si algo
queda muy claro es, precisamente, la capacidad
del joven director para sacar lo mejor de
Corey Feldman, que pasa de ser
un pusilánime camarero de pizzería,
enamorado de la prototípica reina
del instituto e hija de un magnate de hoteles,
a un resolutivo héroe por accidente
que no duda en enfrentarse a una caterva
de fanáticos miembros de una secta
apocalíptica para defender a nuestro
mundo de la destrucción.
Y lo mejor de todo es que el director,
durante los 117 minutos del metraje, da
la sensación de que sabe lo que quiere
contar, llevando a los protagonistas y al
espectador al terreno que él desea
que pisen. Otra cosa muy distinta es que
a ti te guste o no la manera que tiene Mira
de contar la historia, o que logres identificarte
más o menos con las situaciones,
pero eso en nada resta la valía del
trabajo del director (que también
asume las tareas de guionista junto con
Mikel Albariño).
Lo peor, y aquí le robo las palabras
al genial Guillermo del Toro,
que presentó la primera de las películas
de las Jornadas de Cine Fantástico
Calle 13, es que “si The
Birthday fuera una película
de cine oriental tan de moda en los últimos
años (sobre todo para los que nunca
les ha acabado de gustar este estilo de
creación cinematográfica)
la mayoría de los críticos
estarían babeando por los pasillos
ante tan arriesgada propuesta, sin embargo
aquí cuesta reconocer que el talento
pueda venir de un joven director español,
que ha sido capaz de arriesgarse en una
propuesta como ésta.”
Afortunadamente, las dos experiencias
previas de la película, tanto en
Sitges como en Madrid, abren una puerta
para que esta historia pueda llegar a ser
distribuida a nivel nacional, con lo que
el público en general tendría
la oportunidad de descubrir que también
en nuestro país se puede hacer cine
fantástico, y sin necesidad de grandes
medios (aunque al productor, al que
Eugenio Mira no deja de agradecerle
que confiara en él, se le debería
reconocer su valentía por querer
apostar por una propuesta que sin duda ayudará
a que el género fantástico
en nuestro país vaya cimentando poquito
a poquito su estatus).
Para terminar, sólo espero que The
Birthday sea el nacimiento de una
carrera profesional que nos lleve a ver
más proyectos dirigidos con el talante
y la entrega de un director como
Eugenio Mira. |