Si
a alguien le quedaban dudas del buen momento
que está atravesando el género
fantástico (a pesar de las reticencias
que para con dicho género tienen
muchos de los responsables de festivales
y encuentros cinematográficos que
se celebran en nuestro país) las
jornadas de cine fantástico y ciencia
ficción Calle 13, celebradas en Madrid
no hacen sino confirmarlo.
Y eso que el reto a priori no dejaba de
ser complicado al tratar de condensar en
tan solo tres jornadas (y teniendo en cuenta
de que en la jornada de apertura solo se
proyectaba una película) algunas
de las mejores propuestas del género,
y también de las más arriesgadas.
Pero un trabajo bien hecho da como resultado
que hasta el más difícil de
los retos puede llegar a ver la luz, y esa
sería la conclusión final
de la experiencia.
Ya dentro del apartado cinematográfico,
la muestra puso de relieve que el fantástico
no es un género exclusivamente anglosajón,
sino que cada vez habla más idiomas.
En este caso decir que se vieron películas
en inglés, francés, alemán
y japonés, aunque The
Birthday podría haber estado
perfectamente en español.
Además la muestra estuvo dividida
en dos temáticas, una dedicada a
la ciencia ficción y fantástico
más cerebral, y otra a la vertiente
más espectacular y lúdica
de dicho género, pero sin olvidar
nunca el rigor y la calidad de los productos
presentados.
El telón se abrió el jueves
20 de enero con la proyección de
la película Blade:
Trinity, la tercera y última
adaptación cinematográfica
del personaje creado en las páginas
de la colección Tomb
of Dracula, dentro del sello Marvel
Comics, y que supone un epílogo muy
digno para una película que abrió
una nueva etapa de adaptaciones de personajes
de Marvel Comics a la gran pantalla.
El maestro de ceremonias escogido para
la presentación de la cinta fue el
director mexicano Guillermo del
Toro, responsable de la segunda
parte del Blade
cinematográfico, que, con su habitual
sentido del humor, nos introdujo a la mil
maravillas al derroche visual y estilístico
al que asistimos los allí presentes.
Y debo decir que una vez vista la película
no acabo de entender la pléyade de
malas críticas que arrastra desde
su estreno en los EEUU, dado el buen ritmo
narrativo que tiene la cinta, la cual no
decae en ningún momento. Además
la cinta incluye al personaje Hannibal
King, con el que el Blade
de los comics comenzó su singladura.
Si se le quisiera buscar un pero sería
el pétreo antagonista, una versión
milenaria del Conde Drácula,
muy anterior a la leyenda transilvana, con
el que se deberá enfrentar Blade,
pero esto en nada perjudica al desarrollo
de la película.
El viernes 21 sería la jornada que
antes se comentaba presidida por la ciencia
ficción más cerebral, donde
los espectadores nos enfrentamos a propuestas
tan personales como Robot
Stories, del director Greg
Pak, en la que, a través
de cuatro historias, se trata de recrear
lo que serían las relaciones contadas
de manera realista entre los seres humanos
y los seres artificiales, bordeando en algunos
casos la desazón y en otros, una
hermosa esperanza.
Primer
es el resultado de darle una cámara
a un licenciado en matemáticas e
ingeniero industrial, que además
ejerce de protagonista, guionista, productor,
músico, director de fotografía
(e imagino que chico de los recados). El
resultado es una narración cargada
de tecnología y paradojas temporales
que logra sorprender a pesar de la complejidad
del planteamiento por una cierta sencillez,
simbolizada en muchas de las soluciones
que ha dado la ciencia en la vida cotidiana.
Un ejemplo de esto sería la solución
de los investigadores soviéticos
frente al reto de encontrar un instrumento
de escritura en el espacio. Mientras la
NASA se gastaba millones, ellos optaron
por un simple lápiz.
La tercera en discordia era Código
46, opresiva fábula de cómo
pudiera llegar a ser el futuro que estamos
viviendo, en la que un agente de seguridad
comenzará a cuestionarse los postulados
de una sociedad que, en su afán por
protegerse, está cercana a perder
cualquier seña de identidad. Un cruce
entre George Orwell y El
breve encuentro, de David
Lean. Magníficamente interpretado
por Tim Robbins y Samantha
Morton bajo la dirección
de Michael Winterbottom.
Steamboy,
última apuesta del director japonés
Katsuhiro Otomo, demuestra
lo que unos cuantos sabemos y muchos siguen
ignorando: la increíble capacidad
del anime japonés para contar las
historias más arriesgadas y espectaculares.
La noche llegó a su fin con la
versión del director de Donnie
Darko (Richard Kelly, 2001), una
de las propuestas más extremas del
género, donde se plantea cómo
una sencilla acción puede cambiar
el desarrollo de la vida de una persona.
Para la ocasión las jornadas estrenaron
una versión con 20 minutos extras
donde se enfatizan determinados detalles
que hacen más comprensibles la trama
de este clásico moderno.
La tercera y última jornada se abría
con una divertida, excesiva, pero muy bien
hecha, sátira alemana (la cual se
ha convertido en una de la películas
más taquilleras de ese país),
protagonizada por el mismo grupo de cómicos
que llevó a la pantalla El
tesoro Manitú. En esta ocasión
bajo el título Dreamship
Surprise- Periode I la arriesgada
tripulación de la nave Surprise deberá
abandonar sus intenciones de asistir al
desfile de Miss Waikiki para salvar al mundo
de una invasión de unos pérfidos
y asmáticos marcianos, que empezó
siglos atrás en la desértica
Zona 51.
Equilibrium
(2002) nos trajo de vuelta los negros nubarrones
dejados por Código
46 el día anterior presentándonos
una sociedad donde los ciudadanos deben
inyectarse drogas que anulen sus sentimientos
en pos de la paz, considerada ésta
la mayor victoria frente a la lacra que
supuso durante década los sentimientos
que llevaban al hombre a la guerra. Para
ello esta sociedad se apoya en una secta
de clérigos practicantes de una disciplina
denominada “Gun-Kata”, arte
marcial que reúne la defensa personal
y el uso de las armas de una manera absoluta.
Frente a los clérigos existe una
resistencia que trata de librar a los seres
humanos de la opresión de esta sociedad,
que solo favorece a quienes piensan de igual
manera que ésta.
El director Kurt Wimmer
secunda la estética empezada por
la película Matrix,
para contarnos la historia de John
Preston, un clérigo que
comenzará a cuestionarse los principios
en los que, hasta ese momento, se fundamentaba
su vida.
La tercera película de la noche
llegó de la mano del primerizo director
español Eugenio Mira,
quien tras el éxito cosechado en
el festival de Sitges,
se trasladó a la capital española
para presentar The Birthday,
propuesta de cine fantástico con
toques de terror, contado con la maestría
de los que saben lo que quieren y lo llevan
a cabo. Un rescatado Corey Feldman
(actor de moda en los 80) verá cómo
su rutinaria vida da un vuelco al verse
inmerso en los planes de una demoníaca
secta que quiere destruir este mundo para
ofrecérselo luego al Señor
de las Tinieblas. Rodada en inglés,
pero hecha en España.
Elektra
es la siguiente propuesta de Marvel Comics
para la gran pantalla, y retoma el personaje
de la asesina y amante del abogado Matt
Murdock, conocido como Daredevil,
papel interpretado por la actriz Jennifer
Garner en la versión de
Daredevil,
del director Mark Steven Johnson
en el 2003. Ahora, bajo la dirección
de Rob Bowman, Garner
retoma el personaje de la asesina reconvertida
en cazarecompensas, la cual se verá
inmersa en una batalla con sus antiguos
jefes, una secta llamada La Mano, para defender
la vida de un padre y de la hija de éste,
antiguos objetivos.
Elektra contará con la
ayuda de su mentor Stick (Terence
Stamp) y de sus sais para salir con bien
de tal reto.
El telón cayó con la incalificable
Atomik Circus- Le
retourn de James Bataille,
compendio de ciencia ficción de los
50 y 60, cine musical, programa doble de
cine de barrio, algo de gore, y la presencia
de la siempre espectacular Vanessa
Paradis. Todo un homenaje de los
hermanos Poiraud para las
producciones del género fantástico
que llenaron las pantallas después
de la segunda Guerra Mundial, carentes de
medios, pero que hicieron pasar muy buenos
momentos a varias generaciones de espectadores.
Al final, cuando las luces se apagaron,
a todos nos quedó un regusto más
que satisfactorio y el deseo de que iniciativas
como ésta se perpetúen dentro
del calendario de eventos cinematográficos
nacionales, dando así la oportunidad
para que aficionados y espectadores ocasionales
vuelvan a disfrutar de jornadas tan gratificantes
e intensas como éstas.
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