Por
segundo año Calle 13 lleva adelante
la loable iniciativa de devolver a Madrid,
aunque de forma aún algo mejorable,
un festival de cine fantástico. Lo
cierto es que la muestra tiene más
de exhibición de preestrenos que
de festival en sí, pero aún
con eso el crecimiento que se ha mostrado
desde el año pasado al presente hace
albergar esperanzas de que la cosa se ponga
seria de aquí a no muchas ediciones
más.
El éxito de público ha sido
más que notable, por lo cual no dudo
de que salvo suceso de fuerza mayor o inexplicable
tendremos otra el año que viene,
lo cual es una gran noticia.
Inauguración: Jueves 20
de enero
Este año la muestra ha pasado a
durar 3 días, en contraposición
a los 2 del pasado año, si bien el
primero sólo fue la inauguración
con la proyección de Blade:
Trinity, film esperado pero decepcionante.
La noche comenzó con un más
que apreciable aforo y con la presencia
de un presentador de lujo, el gran director
y mejor persona Guillermo del Toro,
que introdujo la película y atendió
a cuanto aficionado se le acercó
con la mejor de las sonrisas. Sin embargo,
el film, debut de David S. Goyer
en la dirección, reputado guionista
de Dark City
(Alex Proyas, 1998) o las anteriores partes
de Blade,
resulta aburrido, lo peor que le puede pasar
a una película de estas características,
pensada cuanto menos para entretener.
El carisma del personaje principal no
aparece en esta ocasión por ningún
lado, el villano no es atemorizante ni majestuoso
en lo mas mínimo (y eso que se supone
que es el mismísimo Drácula,
interpretado, es un decir, por un pedazo
de carne que parece el portero garrulo de
una discoteca) y los secundarios no seducen,
ni siquiera una Jessica Biel
que se bastaba en el reciente remake de
La
Matanza de Texas para justificar ella
solita el valor de la entrada.
En definitiva, comprensible el fracaso
de crítica y público en EEUU,
siempre nos queda la esperanza de que, como
me dijo Del Toro, al final
le dejen a él hacer una cuarta parte,
aunque no apostaría por ello viendo
los resultados de ésta.
Día de la ficción
"dura: Viernes 21 de enero
En esta ocasión fue Ángel
Sala, director de Sitges,
quien tras ser presentado por una disciplinada
Kira Miró, que andaba
por el vestíbulo del cine aprendiéndose
sus frases de presentación de las
películas, nos introdujo las de este
día, al menos a partir de Primer,
la segunda en proyectarse a eso de las 18:30,
ya que a la primera, Robot
Stories no pude asistir.
Aun así, es éste un film
que ya se pudo ver en la Semana
de Cine Fantástico de Donosti
en el 2003, donde pude constatar que se
tiene bien merecidos todos los premios que
ha ido acumulando; ciencia ficción,
como dice su creador Greg Pak,
“del corazón” con historias
humanas y fundamentadas en un buen guión,
prescindiendo de efectos especiales.
Después se proyectó Primer,
ópera prima de un tal Shane
Carrut, de la cual se decía
que era uno de los debuts más interesantes
de los últimos años; bien
hicieron en avisarnos al principio del film
de que no nos extrañásemos
si no nos enterábamos de nada, porque
por si no fuera bastante lo lioso, pretencioso
y confuso de la trama, escrita por un técnico
superior en ingeniería en pleno viaje
de capuchinos, los subtítulos blancos
sobre fondo blanco, color predominante de
la película, no ayudaban a entender
lo que pasaba lo más mínimo.
La película deja la impresión
de que en realidad el señor Shane
Carrut, que además de dirigir
se encargaba de el guión, la producción,
la fotografía, el montaje, la música,
de uno de los papeles protagonistas y posiblemente
también de barrer el plató,
no tenia la más mínima intención
de que la película fuera comprensible
para el público en general, es más,
buscaba todo lo contrario, a lo que de donde
yo vengo le llaman pavonearse, pero en fin…
cada uno a lo suyo.
La película da la impresión
de tener sus posibilidades, tratando el
tema de los viajes en el tiempo y las paradojas
que ello implica, de poder ofrecer mucho
más de lo que al final expone, sin
embargo, no me sorprende que mucho crítico
intelectualoide doble el espinazo ante tal
despliegue de pedancia; interesante y poco
más.
Seguidamente pudimos ver Code
46, film de Michael Winterbottom,
director que viniendo de la televisión,
se ha hecho un nombre con películas
muy alejadas del fantástico, hasta
probar suerte con ésta.
El film ha sido por lo general muy aplaudido,
contando una historia de amor entre un gestor
de seguros en un mundo futuro brutalmente
globalizado, interpretado por Tim
Robbins, actor de sobra conocido,
y una trabajadora que gusta de hacerle el
lío a su empresa, interpretada por
la poco sugerente Samantha Morton
(vista en Minority
report como la mujer con poderes extrasensoriales).
La película arrancó los
primeros aplausos de la muestra, sin embargo
a mi me pareció un insufrible tostón,
aburrida hasta la náusea y con una
pareja protagonista con un problema de química
entre ellos más que acuciante agravado,
aunque puede que sea solo mi parcial opinión,
por la absoluta falta de atractivo de Samantha
Morton.
La crítica la compara con Gattaca
(1997) de Andrew Niccol
pero el presente film adolece de su limpia
y estilizada estética, algo posiblemente
buscado, y tampoco parece futurista más
allá de un par de ingenios vistos
de vez en cuando y cuatro menciones a la
evolución de las drogas y la sociedad.
Lo cierto es que la película no
busca más que retratar, en un marco
futurista que prácticamente es lo
de menos, una historia de amor entre dos
personas tal vez insatisfechas con su vida
(aunque para ser sincero los motivos del
personaje de Tim Robbins no los acabo de
captar) y alienadas en una sociedad que
a la primera te excluye de su pretendida
exclusividad para los considerados “dignos”.
Un mensaje loable pero llevado adelante
con soporíferos resultados en mi
opinión.
Luego uno de los platos fuertes de la muestra:
la nueva película del director de
la emblemática Akira,
pieza angular de la animación moderna
japonesa, Katsuhiro Ôtomo.
El film era SteamBoy
(algo así como "chico del vapor"),
lo que daba pistas de por donde iba a tirar
la cosa, realmente los animadores debieron
acabar hasta los mismísimos de tanto
dibujar vapor.
La película no resulta para nada
tan complicada y paranoide como Akira,
contando una historia muy sencillita de
tira y aflojas entre miembros de una misma
familia a favor y en contra del progreso,
(o en realidad todos a favor pero alguno
con ciertas reservas) personificada en esta
ocasión en los artilugios a vapor
de la época de la revolución
industrial londinense. La cosa se adereza
con una niña rica y repelente pero
en el fondo de buen corazón, su malvada
y estúpida corporación privada,
y la inevitable referencia a los gobiernos
ávidos de poder, acabando todo en
un final de explosiones y exageraciones
mil alargado, como es costumbre en este
tipo de films, en exceso. Aun así,
una cinta digna, de impecable factura técnica,
como era de esperar.
Y para acabar ese día, ya a la una
de la mañana, teníamos el
director´s cut de Donnie
Darko, reciente film pero ya de culto,
para el cual no tuvimos arrestos a quedarnos.
En cualquier caso, según tengo entendido,
las escenas añadidas pueden verse
en su mayoría en la edición
en DVD, con lo cual confiamos en no perdernos
demasiado.
Día de la ciencia ficción
"descerebrada": Sábado
22 de enero
Así llamó el presentador
en esta ocasión, el crítico
Jesús Palacios, a la sesión
que teníamos por delante a eso de
las 16:30 en referencia al supuesto menor
“espesor” de los films que teníamos
ese día por delante, tras ladrillos
como Primer,
intentos como Code
46 y ralladas como Donnie
Darko; sin embargo aún nos
quedaban cosas con sustancia.
Empezamos con una auténtica basura,
el film alemán Dreamship
surprise - Periode One, concebido
y protagonizado parece ser por un trío
de cómicos muy populares en su Alemania
natal, lo cual no me hace más que
compadecer a la gente de bien de aquel país.
La película es una parodia en clave
de ciencia ficción de las sagas Star
Wars y Star
Trek, fundamentada en plagios de
las bromas de las comedias de los hermanos
Zucker y Jerry
Abrahams (Aterriza
como puedas y derivados) y chistes
sobre mariquitas de un nivel intelectual
sonrojante para cualquier crío de
3 años. Penoso. Eso sí, los
efectos especiales son sorprendentemente
buenos, excelentes diría yo, pero
para ver una parodia inteligente de este
tipo, por favor huyan de esto como la peste
y alquilen o adquieran Galaxy
Quest (Dean Parisot, 1999), aquí
titulada Héroes
fuera de órbita (sic) que
no solo les entretendrá sino que
además no les resultará insultante
como esto.
Poco después, la triunfadora indiscutible
de la muestra: Equilibrium,
del de momento desconocido pero prontamente
adorado sin duda director Kurt Wimmer.
Lo de esta película es un caso de
lo más curioso, porque pasó
de forma relámpago por las pantallas
norteamericanas, durando una semana en cartel
y siendo brutalmente maltratada por su distribuidora,
y poco después pasó a convertirse
en un film de culto, mayormente por su distribución
a través de Internet y su venta en
DVD en ciertos países como Francia,
donde algunos han tenido que ir para adquirirla.
La película es excelente, nos presenta
un mundo al más puro estilo 1984
o Un mundo feliz
de Aldous Huxley,
donde todo el mundo es gris e igual, todo
carece de chispa y algo tan básico
como las emociones no solo están
desaparecidas, sino que se castigan con
la muerte.
El personaje principal, interpretado por
un soberbio Christian Bale,
es un clérigo de primera clase del
Tetragrámaton, es decir, uno de los
brazos ejecutores de la tiránica
ley que rige este mundo, un guerrero despiadado,
carente de emociones y con una disciplina
y una capacidad letal que deja con la boca
abierta, cuyo mayor exponente es un arte
marcial practicado con las armas de fuego
llamado “Gun Kata”.
Sin embargo, algo está a punto
de cambiar en el mundo de la película
y en todo espectador que la disfrute, ya
que el film, injusta aunque comprensiblemente
comparado con Matrix
(a quien en mi opinión da de patadas)
funciona a todos los niveles, guión,
acción, interpretación, espectacularidad…
Muchos y muy merecidos vítores y
aplausos se pudieron oír durante
la película, a ver si con ello ya
alguien se decide a distribuirla en España,
que bastante bazofia hay ya en las carteleras.
Y luego, la película puede que más
controvertida, The
Birthday, del debutante en el largometraje
Eugenio Mira. El film venía
con ciertas buenas referencias, como la
del mismo Guillermo del Toro
en la inauguración, quien sentenció
que era una película hecha “no
con 2 cojones, sino con 3” y
con el precedente del curioso cortometraje
de su joven director, Fade,
en el cual le comparaban con Jeunet
o Lynch, lo cual no es
poco, posiblemente demasiado, habiéndolo
visto.
Además, The
Birthday pretendía rendir
homenaje al cine ochentero ya desde la elección
de su protagonista, Corey Feldman,
ese “Bocazas” de Los
Goonies (Richard Donner, 1985), rostro
requetevisto en comedias mil de los 80.
Sin embargo, Feldman ya
no hace tanta gracia y además sigue
sin saber actuar, con lo que la simpatía
que en un principio despierta se diluye
rápidamente.
La película, de la cual nos dijeron
íbamos a ver un montaje más
largo del que será el definitivo,
comienza con un inquietante rótulo
que después de vista solo puede sugerir
mofa y befa: “los 119 minutos
más apasionantes (o algo parecido)
en la vida de Norman Forrester”.
Si estos fueron los más apasionantes,
no quiero pensar como serían los
anteriores, me sorprende que ello no le
llevara al suicidio.
La película aburre de principio
a fin, no engancha en ningún momento,
su ritmo es atroz, no pasa nada hasta que
lleva una hora de película, donde
llega el supuestamente sorpresivo giro argumental,
y digo supuestamente porque gracias a las
pésimas actuaciones no llegas ni
a creértelo ni a tomártelo
en serio, además la aburridísima
trama esta llena de pistas demasiado obvias
que anticipan cada suceso que ha de llegar
y las escenas pretendidamente experimentales
(como un monólogo de Feldman
fuera de campo, o una larga secuencia sin
más sonido que un molesto zumbido)
llegan tarde y mal.
Se toca a Lovecraft
de refilón, pobrecillo, y se planifican
escenas como en el peor capítulo
de Friends,
cogiendo un personaje a otro para hablar
en privado en medio de una situación
altamente comprometida, para lo cual les
basta con apartarse metro y medio de los
demás, dejarles fuera del encuadre
y hala, ya están a salvo de oídos
o compañías no deseadas. Daría
risa si no te sintieras ya tan timado en
ese momento.
La coordinación de los extras en
el supuesto clímax de la película
es más propio de una película
de la Troma que de lo que se pretende una
pesadilla del maestro de Providence, y el
final es más insatisfactorio que
lo rompedor que pretende.
En definitiva, un fracaso total al que
ya pueden quitar metraje como para dejarla
en como mucho 80 minutos (y no exageraba
la inmensa mayoría del público
allí presente cuando decía
que serían mejor 15, es decir cual
corto) aunque creo que es difícil
sacar de donde no hay, y menos metiendo
tijera.
Eso sí, se notó que el equipo
de la película estaba en la sala
porque sus poco convencidas ovaciones al
final llenaron de vergüenza ajena el
buen juicio de cualquier espectador.
Y tras el suplicio de The
Birthday, más nos valía
algo entretenido y ligero, y casi lo conseguimos
con Elektra,
(la única película proyectada
doblada, por cierto, y no muy bien) dirigida
por un Rob Bowman que cada
vez demuestra más claramente que
su buen hacer en Expediente
X (1998) tenía mas que ver
con el firme pulso de su creador Chris
Carter que con su verdadero talento,
ya que tras la mediocre El
Imperio del fuego (2002), Bowman
nos regala otro producto intrascendente,
con muchas más posibilidades de las
que al final se han exprimido de él.
El prólogo, sacado de las páginas
de un cómic del personaje, es lo
más salvable, luego la excusa argumental
se muestra ridícula cuando por fin
se desvela, el personaje de Elektra
en ningún momento parece la despiadada
asesina que nos intentan vender y personajes
claves aparecen y desaparecen sin justificación
alguna, mas allá de que el señor
Goran Visnjic tuviera guardia en
su serie Urgencias…
Al menos Jennifer Garner
está más atractiva que nunca
en su traje rojo de Elektra y algunos
efectos especiales están bien, pero
no justifican el visionado de un bodriete
donde no sabes si son más estúpidos
los villanos o sus motivaciones.
Tras Elektra
sólo quedaba por ver Atomik
Circus, espectáculo de extraterrestres
y gore freak para la que no tuvimos valor,
más aún tras caer en la inauguración
de Donosti
2004, recibiendo poco alentadoras críticas.
En definitiva, que si bien muchas (demasiadas)
películas no dejaron el sabor de
boca que se esperaba de ellas, una magnífica
iniciativa un año más de Calle
13, que esperemos tenga continuidad, ya
que vemos que la cosa va a más con
más películas, inclusión
de guapas azafatas, regalos de camisetas
y chocolatinas a mansalva… sólo
hace falta un poco más de ambiente
de festival, ya que si la película
es mala, por lo menos que se pueda expresar
la platea en abierto jolgorio… pero
aún le queda un largo camino que
recorrer a esta joven muestra.
Estaremos encantados de verla crecer.
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