Un
año más, hemos disfrutado,
sobrevivido y muchas cosas más al
23 Salón Internacional del Cómic
de Barcelona.
Las vivencias han sido muchas, como los
encuentros con parte de los autores que
llenaron los stands de la editoriales, realizando
dibujos o firmando ejemplares a las legiones
de aficionados que, durante los cuatro días
del encuentro, llenaron el recinto de la
Feria de Montjuïc.
De todas maneras el Salón de este
año se presentaba distinto por variadas
razones, muchas de la cuales pasaron a un
segundo plano, para beneficio de todos,
demostrando la validez del encuentro y acallando
las voces que presagiaban un fracaso salonero
que al final no fue.
El primero de los problemas era el cambio
de fechas y de emplazamiento. Nadie duda
del encanto de la estación de Francia,
antigua sede del Salón. Sin embargo,
después de ver la distribución
de los stands y el espacio disponible del
que se disponía este año (aunque
fuera insuficiente por la avalancha de público
en algunos momentos) el cambio ha sido para
mejor. Este año las áreas
estaban mejor definidas, las exposiciones
lucían mucho más que en otras
ocasiones y quedaba espacio libre para reponer
fuerzas y comentar los descubrimientos comiqueros
del encuentro.
Las fechas no son la idóneas si
eres un estudiante, no lo negaré,
pero también se trata de organizarse
y buscar el tiempo necesario para poder
asistir. Al final, la mayor afluencia se
tornó durante el viernes por la tarde,
el sábado y el domingo, al igual
que en la pasada edición, con lo
que los temores se vieron disipados por
los principales protagonistas de este tipo
de encuentros: los aficionados.
La mejoría ha sido también
palpable a nivel profesional (sobre todo
para poder desarrollar las entrevistas y
las ruedas de prensa) y para la consecución
de las mesas redondas que tocaron temas
tan atractivos como Autores latinos
en el mundo de los superhéroes,
moderada por Horacio Altuna;
El cómic americano ayer hoy,
congregando en la misma mesa a pesos pesados
de la industria como Adam Hughes,
Michael Avon Oeming, Jim
Starlin y Bernie Wrightson;
o Las mujeres ya leen cómics...
¿O sólo manga?, magnífica
oportunidad de ver sentadas en la misma
mesa a seis autoras españolas contemporáneas
en un medio dominado, mayoritariamente,
por los hombres.
Como novedad resaltar las proyecciones
que se desarrollaron de manera constante
durante los cuatro días, añadiendo
mayor interés a un encuentro capital
para todos los amantes al noveno arte, aunque
todavía el cómic sea considerado
un arte menor.
En cuanto a los autores, ya hemos ido contando
el nutrido, selecto y atractivo grupo que
este año se congregó en el
encuentro.
Es en estos momentos cuando es difícil
separar al freaky del profesional, en especial
cuando estás sentado en la misma
mesa con Jim Starlin mientras
éste te enseña su último
trabajo, Cosmo Kid;
disfrutas cuando Adam Hughes
te está dibujando un Ghost
para colgarla en tu habitación; y
Ed Brubaker, sentado a
tu lado, se levanta y te comenta alguna
cosa; o asistes a los experimentos de sombreado
de Adam Kubert, dirigido
por el artista francés Crisse.
Lo más que puedo decir es que la
experiencia ha sido increíble y,
lo mejor de todo es que los aficionados
han podido desfrutar del buen talante de
todos los allí reunidos, tanto en
las sesiones de firmas, como en las lecciones
magistrales organizadas por la escuela Joso,
y tropezando con los invitados en cualquier
lugar del recinto.
No obstante, no sólo han sido estos
últimos los protagonistas de este
salón. También lo han sido
todos los autores españoles que han
sido igualmente asaltados por los lectores.
Nombres como Jordi Bernet,
el mítico Ibáñez,
Carlos Jiménez,
Jan, Horacio Altuna,
Carlos Pacheco, Pascual
Ferry, Salvador Larroca,
Miguelanxo Padro (premiado
por su último álbum) a los
que hay que sumar las nuevas generaciones
encabezadas por Enrique V. Vegas,
Carla Berrocal, Raquel
Alzate (premiada por su trabajo
en Cruz del Sur)
Victoria Francés
y un Kenny Ruiz que acaparó
tres premios por su obra Barcelona
y que, además, presentaba en este
Salón la segunda entrega de su Cazador
de rayos, copaban los stands y satisfacían
las ilusiones de los seguidores.
El área fanzinera también
ha visto incrementada su presencia y su
difusión, contando, también,
con la presencia de una exposición
dedicada a Cretino, premio al mejor
fanzine de la pasada edición. Este
año, el premio recayó en el
fanzine Malavida, pero los ejemplos
que se podía ver en el encuentro
demostraban que hay ideas y autores para
rato.
Sin embargo, el mejor ejemplo de esto
es La Kanalla-Escola Reina Violant,
realizado por los alumnos de primaria de
dicha institución. Su misma existencia
demuestra las posibilidades que el arte
gráfico puede aportar a la formación
y el desarrollo de los más pequeños.
Sólo espero que el ejemplo surta
efecto y sea copiado por más centros
educativos.
Tampoco quiero que piensen que todo fue
maravilloso y que nada se salió del
guión. En todos sitios hay personas
o empresas que no pierden oportunidad de
demostrar su falta de educación y
su prepotencia. Lo bueno es que cada vez
se retratan más y nos sorprenden
menos, aminorando su impacto negativo en
el resultado final. Ellos sabrán
a dónde quieren llegar y cuál
es la imagen que quieren dar (si lo saben).
De todas maneras, quisiera
dar las gracias a la personas encargadas
por la organización de Ficómic
de atender a los periodistas acreditados
y gestionar las entrevistas durante estos
cuatro días, al personal de la sala
de prensa y de la sala de profesionales,
a Astiberri Ediciones, Diamond Comic Distribuitor,
Devir, Dolmen Editorial, Ediciones Glenat,
Ediciones La Cúpula, Editorial Ivrea,
Jonu Media, Norma Editorial, Panini, SD
Distribuciones y Selecta Visión por
las colaboración y las facilidades
dadas durante la consecución del
Salón.
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