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No sería disparatado pensar que,
para muchos supuestos defensores del séptimo
arte, calificar al Festival de Sitges como
un espectáculo roza la más
profunda herejía.
No en vano, son muchos los que no dudan
en evitar el calificativo de cine fantástico
cuando se refieren al encuentro catalán,
prefiriendo el término Festival internacional
de cine de Cataluña. Y eso que yo
pensaba que se debía más a
causas políticas que a otra cosa
-que también es cierto-.
Sin embargo, sólo hay que pararse
unos minutos, en el hall del hotel Meliá
de Sitges para oír sus descalificaciones
e improperios hacia un encuentro que toleran
más que aceptan (dichas descalificaciones
también las he escuchado de directores
de otros encuentros, los cuales consideran
que Sitges no es, ni mucho menos, un festival
de clase A, los únicos a los que
sienten deseos de acudir).
Está claro que cada loco tiene
su tema de conversación, pero, y
por mucho que les moleste, los amantes del
fantástico tenemos los mismos derechos
que ellos y, encima lo hemos tenido mucho
más complicado durante todos estos
años.
Por ello, y después de dos décadas
acudiendo al encuentro, tengo claro que
Sitges es, por derecho propio, un encuentro
con mayúsculas y perfectamente capaz
de congregar a una buena cantidad de público,
deseoso de asistir a las abundantes propuestas
que se desarrollan durante los días
de Festival.
Y es que este Sitges, mucho más
fantástico y radical que los dos
últimos, no disimuló cuáles
eran sus intenciones desde el mismo principio.
Con sólo pararse un momento a ver
los contenidos de sus secciones, estaba
claro que el territorio friki había
regresado a la ciudad costera catalana y
que, durante aquellos días, todo
iba a ser posible.
Once eran las secciones, además
de los homenajes, lecciones magistrales
y la programación del entrañable
Brigadoon que se encargarían de tenernos
despiertos desde el domingo 9 de octubre
al martes 18 del mismo mes, haciéndonos
perder la noción del tiempo y del
espacio para sumergirnos en las pesadillas
de algunos de los mejores creadores del
género fantástico.
Además, éste era el año
del enfrentamiento entre el voraz tiburón
de Steven Spielberg y nuestro
respetado King Kong, emblema del
encuentro desde tiempos lejanos y recordados.
Sobra decir quién ganó la
partida, pero las pocas dudas que flotaban
sobre el carácter de este Sitges
2005 se disipaban, nada más empezar
las proyecciones, con aplausos y gritos
animando al bueno de Kong (salvo
en los pases del auditorio, contagiados
de la apatía y la desgana, sobre
todo durante los pases de prensa, de los
allí congregados).
Volviendo al Festival en sí, el
telón se levantó para dejarnos
ver Serenity
(2005), última aventura cinematográfica
del director, guionista y creador
Joss Whedon, continuación
de su malograda (dado que la cancelaron
antes de terminar la primera temporada)
Firefly.
La propuesta, todo un espectáculo
visual, mezcla del western clásico,
la ciencia ficción y el acierto narrativo
de Whedon supuso el mejor
comienzo posible, sobre todo por divertida
y dinámica rueda de prensa posterior,
con la presencia del propio director y dos
de sus protagonistas, Nathan Fillion
(Mal Reynolds) y Summer
Glau (River Tam).
Después sin tiempo para descansar
nos tocó ver Sky
High (no confundan con la película
del director japonés Ryuhei
Kitamura, del mismo nombre y presentada
en España por Shonen Films) un producto
Disney, con quien fuera unos de sus actores
juveniles por excelencia, Kurt Russell,
y en una película de súper
héroes en edad de instituto, llena
de buen humor y aventuras desbordantes.
Cambio de escenario y directos al Cinema
Retiro, uno de los tres cines donde se desarrolla
el Festival (junto con el Cinema Prado y
el Auditorio) para enfrentarnos a la última
locura de Takashi Miike,
The Great Yokai
War (Yokai
Daisenso), fantasía pensada
para todos los públicos donde se
dan citas los duendes y demonios de la mitología
japonesa, contado con la explosiva Chiaki
Kuriyama como malosa de turno,
la cual se pasó por el festival aunque
con un look más cercano a una protagonista
de la serie de mangas Clamp
que al demonio que interpreta en la serie.
Todavía quedaban algunas cosas
que ver en aquel primer día, pero
ya estábamos montados en una montaña
rusa que nos llevaría de un sitio
a otro y con la lluvia de compañera
casi constante, salvo el último día,
las siguientes jornadas.
A partir de entonces, nuestros destinos
pulularon entre las propuestas ofrecidas
por la sección oficial Premiere
y Fantastic; Nuevas visiones;
Orient Express-Casa Asia y el ciclo
dedicado al director chino Johnny
To; la sección dedicada
a la animación, Catalan Focus;
Europa Imagina; Seven Chances
y Midnight X-treme, ideal para
todos aquellos que deseaban cambiar sus
horas de descanso por las pesadillas de
otros, incluyendo especiales dedicados a
los zombies, tiburones y sesiones sorpresa
como la que nos llevó al mismísimo
Quentin Tarantino hasta
las playas de Sitges, para presentar Hostel,
de Eli Roth.
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