Quienes
me conocen saben que no espero gran cosa
de los responsables de la organización
de eventos culturales en la ciudad de Las
Palmas de Gran Canaria. Son muchos años
viendo como se perpetúan los mismos
esquemas y se da, poca o ninguna cancha,
a las nuevas ideas que forman parte de nuestra
sociedad.
Sin embargo hay veces que, entre tanto
páramo yermo, aparece una actividad
capaz de llevar la contraria y demostrar
que en la sociedad global del siglo XXI
hay sitio para todos.
Éste ha sido el caso de Japanimation,
o lo que es lo mismo, una semana dedicada
al anime japonés y a la cultura manga,
organizado por el Centro de Atlántico
de Arte Moderno de la capital grancanaria.
Una actividad como Japanimation
me pilló con el paso cambiado, cansado
de grandes promesas, normalmente incumplidas.
Y en este caso la realidad ha superado las
expectativas de una manera poco habitual.
Ha sido como si el espíritu del
mago Mandrake se reencarnara en todos los
ponentes y lograran, con un mágico
encantamiento, llevarnos hasta las bases
mismas del anime y el manga nipón.
De esa forma, y durante los tres días
que han durado las distintas ponencias,
los muchos y personales secretos de dichas
disciplinas, se han desgranado, paso a paso,
dejando al desnudo el verdadero potencial
de una forma de narración, tan criticada
como rica y valiosa.
Lo mejor de todo ha sido comprobar el tremendo
interés que la propuesta albergaba,
el cuál no ha dejado de crecer, para
deleite de los allí reunidos.
De ahí que las sustituciones de
última hora, causadas por problemas
personales de dos de los ponentes, en nada
desmejoran la propuesta, al estar cimentada
en un proyecto serio y mesurado, en vez
de la improvisación de la que se
suele hacer gala por estas latitudes.
El espectáculo comenzó con
la charla Hollywood, Tokio, París,
impartida por el siempre brillante Jesús
Palacios, conocido por ser el responsable
de La Noche más Freak del
festival capitalino.
Palacios nos explicó
la relación entre tres puntos geográficos
tan lejanos y tan cercanos entre sí
y cómo la distancia en kilómetros
se difumina en una pantalla de proyección.
Con su palabras se colocaron los cimientos
de todo lo que vendría a continuación.
Juan Zapater, escritor
y crítico cinematográfico,
fue quien recogió el testigo entregado
por Palacios y nos llevó
hasta el corazón y las motivaciones
de los responsables de
Ghost in the Shell, obra capital
dentro del mundo de anime y el manga. Con
sus cuidadas palabras, se desvelaron buena
parte de los misterios de una narración
tan poética como críptica.
Al día siguiente, Jordi
Costa, crítico y escritor
del mundo gráfico y visual adelantó
la velocidad de proyección y nos
llevó hasta la realidad actual del
mundo del anime con su charla dedicada a
Satoshi Kon, referente
para la nueva animación japonesa
del siglo XXI.
Su intervención dejó el
terrero preparado para que Angel
Sala, escritor y responsable del
Festival
de Sitges- Festival Internacional de Cinema
de Catalunya nos anticipara cuál
iba a ser el futuro de la animación
después de un personaje tan importante
como Hayao Miyazaki y su
estudio Ghibli.
Sala desgranó
un sinfín de posibilidades, uniéndolas
de una manera clara y diáfana, con
una soltura que nos hizo recordar a un verdadero
prestidigitador, capaz de sorprendernos
a cada paso de su narración.
Para terminar, el tercer día del
programa contemplaba las ponencias de Roberto
Cueto (escritor y crítico
cinematográfico) y Antonio
Trashorras (crítico de la
revista Fotogramas), aunque un
problema de salud del segundo nos impidió
disfrutar con la idea original. De todas
formas, y tal como dije antes, la ponencia
de Cueto, desarrollada
en dos partes, supuso el mejor punto final
para el ciclo.
Cueto tejió las
uniones que enlazan el cine de animación
japonés con los distintos géneros
y estilos del cine de actores de carne y
hueso nipón, demostrando la validez
del anime frente a los que critican y ponen
en tela de juicio las producciones de animadas,
tachándoles de infantiles.
Su palabras dejaron muy claro las razones
del tremendo auge y proyección que
el anime ha tenido y como ésto no
se debe a la casualidad sino a un trabajo
continuado y muy concienzudo.
Al terminar, los asistentes nos quedamos
con la sensación de haber disfrutado
con una de las pocas propuestas que pretenden
tocar temas actuales y que motivan a legiones
de seguidores, en vez de perpetuar los esquemas
de siempre, tan caducos como vacíos.
Sobre el ciclo de animación, luces
y sombras. Luces por la oportunidad de ver
en pantalla grande películas que
no se habían podido ver por los espectadores
de Gran Canaria, salvo aquellos que frecuentan
festivales o algunas de la que se mencionaban
durante las ponencias de Japanimation.
Sombras porque, una vez más, se ha
preferido recorrer lugares comunes en vez
de tratar de innovar y ofrecer propuestas
novedosas a los amantes del género.
Con ello se ha perdido la oportunidad
de lograr atraer a un segmento de público
aficionado al anime, a quienes el festival
no les ha aportado nada que no hubieran
visto con anterioridad.
Por mi parte, y como un asistente más
al ciclo sólo quiero reiterar mis
felicitaciones a los organizadores y, en
especial, a su impulsor, Alexis
Lorenzo. Tengo muy claro que sin
su entusiasmo todo esto no hubiera pasado
de una fantástica propuesta, la cuál
hubiera terminado durmiendo en sueño
de los justos en el fondo de un cajón.
Me encantaría pensar que Japanimation
es sólo el principio de una nueva
forma de entender la cultura en nuestra
isla, conviviendo con aquellas que llevan
ya décadas de pervivencia.
No obstante, eso sólo el tiempo
lo dirá y ustedes que lo disfruten.
Yo no estaré para verlo.
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