Por
muy ajeno que se pueda estar a la llamada
"Cultura del siglo XXI", quien
más y quien menos seguro que ha oído
hablar del fenómeno manga o le suenan
palabras como anime, otaku o mangaka. Otra
cosa muy distinta es conocer la verdadera
dimensión de un fenómeno socio-cultural
que ha traspasado sus fronteras naturales
–el Japón- desembarcando con
un auténtico huracán en el
resto del mundo.
Los otakus han dejado de ser un minoritario
grupo de seguidores de la cultura gráfica
y animada nipona, además de otros
elementos de la vida contemporánea
del país asiático, para transformarse
en una gigantesca legión que deja
pequeña a las huestes satánicas
de los textos sagrados.
Y quien piense que exagero, seguro que
hubiera cambiado de opinión al comprobar
la inmensa cola que rodeaba, hasta cuatro
veces, la superficie sobre la que se asienta
la Farga de L´Hospitalet, sede habitual
del Salón del Manga de la ciudad
de Barcelona, durante la jornada del sábado
28 de octubre.
Ese día, al igual que durante el
resto de las jornadas, los personajes de
mil y un mangas, animes y videojuegos, abandonaron
sus soportes habituales para darse un paseo
por nuestro mundo en tres dimensiones.
Uno tenía la sensación de
estar viviendo las aventuras, tantas veces
leídas, vistas o disfrutadas, en
primera persona y pudiendo formar parte
de un mundo tan rico como apasionante. Lo
mismo te encontrabas, por los atestados
pasillos de la Farga, con Mazinger-Z
y su compañera Afrodita-A,
que compartías secretos con el demonio
Inu-Yasha o te enfrentabas a mil
y un peligros con Ranma Saotome,
Cloud (Final
Fantasy) o el irrepetible Naruto.
El único límite es tu imaginación
y los otakus saben exprimirla al máximo.
Sin embargo, el encuentro ofrece muchas
más cosas, además de un multitudinario
punto de encuentro y un lugar donde adquirir
todo tipo de productos relacionados con
el mundo del anime, el manga y los videojuegos
–para regocijo de editoriales, empresas
que comercializan DVD de anime y merchandising
y libreros en general-.
Este año el Salón ofrecía
la posibilidad de conocer a conocidísimos
autores gráficos y del mundo de la
animación así como cantantes
solistas y grupos musicales íntimamente
ligados al fenómeno otaku.
Además, y como en años anteriores,
el Salón era una estación
de paso para el World Cosplay Summit,
otro de los fenómenos sociales derivados
del auge del mundo otaku alrededor del mundo.
La lista de invitados se abría
con nombres como Masakazu Katsura,
autor que saltó a la fama en nuestro
país con la serie
Video Girl Ai, publicada por Norma
Editorial a principios de los años
90, para ser luego reeditada por Planeta
DeAgostini. Katsura
es conocido también por sus obras
Zetman (Glenat)
y DNA 2 (cuya
serie de anime fue presentada por Jonu
Media).
Monkey Punch es el nombre
artístico de Kazuhito Kato,
responsable de la archiconocida serie Lupin,
tanto en su vertiente gráfica, publicada
por Mangaline, como animada
(Selecta Vision). Su personaje, mezcla de
ladrón y agente secreto con mala
pata está considerada como la serie
de anime más famosa del Japón.
La artista Tachibana Higuchi
llegó hasta Barcelona para presentarnos
su encantadora historia, Alice:
escuela de magia (Glenat)
además de para mostrarnos la estrecha
relación, -casi de ángel custodio,
se podría decir- que se establece
entre los autores y los editores en el mundo
editorial nipón.
Algo similar se podría comentar
de la educada y entrañable Atsuko
Nakajima, animadora responsable
de series tan emblemáticas como Ranma
1/2 o Get Backers,
ambas comercializadas por Jonu Media.
Su talante sencillo y delicado, a la hora
de atender a los aficionados que esperaban
para que les dedicara un póster o
una carátula de uno de sus animes,
supusieron uno de los muchos buenos momentos
vividos durante el encuentro.
De todas maneras, el contar con el veterano
dibujante Hideshi Hino,
responsable de títulos tan inquietantes
pero a su vez atractivos como El
niño gusano, Panorama
Infernal o El
hombre cadáver, obras publicadas
por Ediciones La Cúpula,
se convirtió en uno de los platos
fuertes del Salón de este año.
Hino, autor de carácter
reposado y con influencias tan conocidas
por el público occidental como la
película Frankenstein
(James Whale, 1931) protagonizada por
Boris Karloff o el libro La
Metamorfosis de Franz Kafka,
contó con una amplia exposición
de originales de sus obras más conocidas
dentro del homenaje que se le brindó
por parte de los responsables de la organización.
En el apartado antes mencionado de los
grupos musicales y cantantes solistas que
también actuaron en el recinto de
la Farga destacaría, por la multitudinaria
concentración de seguidores, al grupo
Blood, formación
de J-Rock con una estética extraída
de un manga de terror y con un directo que
hizo tambalear los cimientos de la Farga
de L´Hospitalet.
Otro peso pesado, dentro del mundo otaku
de las melodía de series de anime,
es Hironobu Kageyama, la
voz detrás de Dragon
Ball Z y los míticos Caballeros
del Zodiaco (Selecta Vision).
Su presencia ayudó a que el Salón
fuera, si de ello pudiera ser posible, más
animado e intenso de lo que ya es.
Tampoco me quiero olvidar del concurso
de karaoke para frikkies, del mencionado
World Cosplay Summit –espectacular
y colorido encuentro en su paso por Barcelona-,
de la exhibición de esgrima tradicional
japonesa o de los talleres y las proyecciones
que durante los tres días que duró
el encuentro se pudieron disfrutar en las
instalaciones dispuestas en el recinto.
La suma de todo supone un encuentro vivo
y apasionante capaz de congregar a cerca
de 60.000 personas en los tres días
en los que se celebró y que, casi
si darnos cuenta, se ha situado al lado
de su hermano mayor, el Salón
Internacional de Cómic de Barcelona.
Para el año que viene se anuncian
cambios, sobre todo en lo relacionado con
su ubicación y más sorpresas
para los asistentes. Veremos hasta dónde
son capaces de llevarnos los organizadores
y las legiones de otakus. El cielo es el
límite y está, todavía,
muy, muy lejos.
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