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Un año más el género
fantástico se reunió en el
encuentro cinematográfico celebrado
en la localidad catalana de Sitges. La cita
desarrollada en el pequeño pueblo
costero se ha convertido en un referente
para los amantes del terror, la ciencia
ficción y la fantasía en general.
No obstante y siguiendo las premisas formuladas
por el realizador mexicano Guillermo
del Toro quien, a la pregunta sobre
cuáles eran para él lo mayores
monstruos, respondió que, sin duda
los mayores monstruos son los seres humanos,
el festival terminó galardonando
dos películas que tratan sobre el
terror llegado desde lo cotidiano y cercano.
Réquiem,
del realizador alemán Hans-Christian
Schmid, y Rohtenburg
(Grimm love story), del también
germano Martín Weisz,
acapararon los premios a la mejor película
y mejor director, respectivamente.
La primera narra el caso real de la muerte
de Micaela Klingler, una joven
criada en el seno de una familia católica
y enferma de epilepsia, la cual murió
en 1976 a causa de los efectos de un prolongado
rito de exorcismo. Dicho suceso sirvió
de base para El
exorcismo de Emily Rose (Scott Derrickson,
2005), película estrenada en Sitges
del pasado año.
Rohtenburg
nos devuelve a la animalidad más
extrema, aquella que aflora en los seres
humanos a poco que se retira la delgada
capa de civilización. También
basada en suceso real, la cinta de Weisz
trata de profundizar en la mente de Armin
Meiwes, un informático que
asesino y devoró el cuerpo del ingeniero
berlinés Bernd-Juergen Brandes,
con el consentimiento del segundo. La narración,
conducida con paso firme y sin caer en los
excesos de la propia historia, no puede
evitar que la imaginación te juegue
alguna mala pasada mientras ves cómo
el demente asesino manipula los restos de
su víctima.
Como muy bien comentaba el propio director,
la película sugiere más que
enseña, pero es difícil permanecer
impasible cuando la realidad supera a la
peor de la pesadillas.
En una línea similar se pueden englobar
dos películas que dejaron un muy
buen sabor de boca en el festival: Children
of men (2006), del director Alfonso
Cuarón, y Right
at your door (2006), del americano
Chris Gorak. Ambas parten
de premisas profundamente entroncadas en
la realidad en la que vivimos.
Juntos a ellas, esta edición del
festival, un tanto huérfana al no
poder contar con el realizador David
Lynch en el veinte aniversario
del estreno de Terciopelo
azul (1986), ha estado marcada por
la magia. Magia llegada desde la postguerra
española y de la mano de una niña,
un Fauno, un laberinto y su director, Guillermo
del Toro. Magia en las palabras,
las historias y la psicomagia del genial
Alejandro Jodorowsky y
su Cabaret Místico. Magia y misticismo
en la búsqueda de las grandes respuestas
sobre la vida y la muerte, formuladas por
el protagonista de The
Fountain, del realizador Darren
Aronofsky. Y magia de las manos,
los trucos y el engaño de un personaje
como Eisenheim, El
ilusionista (2006).
La animación también ha jugado
un papel importante en Sitges 2006 y no
sólo la que viene –como viene
siendo habitual en este festival- sino con
propuestas novedosas y arriesgadas llegadas
desde Europa y Estados Unidos.
Del Japón nos llegaron The
girl who leapt through time (Mamoru
Hosoda, 2006), encantadora revisión
de los viajes en el tiempo y que terminó
ganándose el favor del jurado de
la sección Animat.
Mamuro Oshii, director
de Ghost in the
shell (1995), nos sorprendió
con la arriesgada, novedosa y un tanto compleja
Tachigui: The amazing
lives of fast food grifters (2006),
o cómo contar la historia del Japón
contemporáneo utilizando a quienes
gustan de comer fideos... por extraño
que les pueda parecer.
No obstante la película más
esperada, si nos referimos a la animación
nipona lo puso Satoshi Kon con
Paprika.
La cinta demuestra que la capacidad e imaginación
del realizador japonés parecen no
tener ninguna barrera, mezclando realidad
y fantasía un modo desconcertante.
Contar con su presencia sirvió
de espaldarazo para entender por qué
muchos lo ven como un digno sucesor del
gran Hayao Miyazaki, con
permiso de Katsuhiro Otomo,
otro de los grandes nombres de la animación
japonesa. |