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La edición 2006 del Festival de
Cine de Cataluña, más conocido
como el festival de Sitges a secas, estuvo
definida no sólo por el género
fantástico sino por la magia. Magia
que se figuraba intrínseca en un
título como The
Illusionist (Neil Burger, 2006), el
cual trata sobre la vida del mago Eisenheim,
quien revolucionara la Viena de finales
del siglo XIX y principios del XX.
Magia que también figura en el relato
de The Fountain,
la última realización del
director Darren Aronofsky,
místico y mágico relato que
bucea en la búsqueda de la fuente
de la eterna juventud. Su presentación
en Sitges logró que las críticas
vertidas hasta ese momento por la prensa
especializada se transformaran, por arte
de magia, en elogios y más de una
lágrima por la belleza de las imágenes
que destila de película de Aronofsky.
Y magia en la lección magistral
de Alejandro Jodorowsky,
uno de los artistas e intelectuales que
más responden al prototipo de hombre
renacentista que tanto bien hizo a la oscurantista
Europa de finales de la edad media.
Jodorowsky, quien disfrutó
de un ciclo con algunas de sus mejores realizaciones
cinematográficas, después
de varias décadas de disputas por
los derechos con su productor, ofreció
a un abarrotado auditorio una muestra de
su genial Cabaret Místico.
¿Y qué es el Cabaret Místico
de Alejandro Jodorowsky,
se preguntarán? Pues solamente la
oportunidad de disfrutar de las palabras,
experiencias y la psicomagia de un hombre
que ha logrado entender algunas de las claves
de la vida y no duda en contárnoslo.
Puede parecer fácil lo que hace,
pero no lo es. Hace falta una mente muy
bien organizada y un profundo conocimiento
del espíritu humano para poder decir
lo que Jodorowsky expresa
delante de un auditorio como el que se había
reunido en el Meliá Sitges.
La vida es todo. Es un conjunto de causas
y azares, sincronicidades, accidentes, pérdidas,
regalos, oportunidades… Es un gran
inmenso caos oscuro, laberinto por el que
tú avanzas, mirada por la lámpara
de la conciencia.
Piensen que el artista, cineasta, escritor,
chaman, psicomago y "Gurudowsky
" como el mismo se autodenomina ante
sus hijos, lleva recorrido un largo camino
existencial, similar a los que llenan las
páginas de un guión de cine.
Nacido en Chile, formó parte de
la vanguardia cultural del país,
conociendo al mismo Pablo Neruda,
antes de mudarse hasta el París de
los años 50. Allí, junto con
el filósofo Fernando Arrabal
formará el movimiento Pánico,
a la vez que se relaciona con personas tan
importantes para el pensamiento contemporáneo
como André Breton.
Tras París, Jodorowsky
marchará hasta México, comenzando
una carrera de cineasta marcada por los
problemas -estuvo a punto de ser linchando
y algo más al presentar su primera
película Fando
y Lis (1968)- y los títulos
de culto.
Películas como El
Topo (1970) y Santa
Sangre (1989) son consideradas verdaderos
clásicos del cine existencial y fantástico,
llegando a contar con admiradores como el
mismísimo John Lennon.
El fracaso en su intento de llevar a la
gran pantalla el épico relato de
Frank Herbert, Dune,
película en la que trabajó
durante un lustro, llegando a implicar a
Orson Welles, a Salvador
Dalí, a Moebius
y a H.R. Giger, forman
parte de la misma historia del séptimo
arte. Por fortuna, su trabajo y el de Moebius
terminarían siendo utilizados en
la obra gráfica El
Incal, maravillosa simbiosis entre
imágenes y palabras, algo sólo
al alcance de dos genios como él
y el artista francés Jean
Giraud.
El director, además, es muy crítico
con el cine actual, según él
Steven Spielberg es una
de las mayores losas que debe soportar el
cine actual, propugnando una solución
a la falta de ideas de buena parte de la
industria.
"Te tienes que comprar una maquinita
digital y empezar a hacer tus propias
películas, con tus amigos, con
tus perros, con tus gatos y con actores
fracasados. Luego juntarte con otros pequeños
cineastas y abrir un pequeño cine
donde proyectes tus películas en
las noches a partir de las 12 de la noche
todos los días, entrada gratis.
Ese es el futuro del cine".
Los problemas contractuales con el que
fuera su productor cinematográfico
-razón por la cual sus películas
han estado varias décadas guardadas
sin poder revisarse, salvo por las copias
piratas que el mismo Jodorowsky
entregaba a quien estuviera interesado en
visionarlas- no lo amedrentaron creativamente.
Es más, tras su primera experiencia
cinematográfica en México,
Jodorowsky regresó
a Francia y estuvo trabajando con el más
grande mimo de la historia, Marcel
Marceau. En esa época también
publicó sus primeros cómics
–El dios lama
y Alef Than-
y comenzó sus sesiones en su Cabaret
Místico.
"En los años 60 alquilé
un local en París para dar una
serie de conferencias. El primer día
le dije a los asistentes, unos 40, si
quieren que esto dure más de un
sesión deberán ayudarme
a pagar una parte de local. Mientras ustedes
estén interesados, yo seguiré
viniendo cada semana. Y el caso es que
aquello duró 20 años. Cada
vez que me enfrento a un auditorio sólo
pretendo aportar algo que les ayude a
evolucionar, a mejorar. Por ejemplo, recién
hoy, por la mañana, me encontré.
Voy a comenzar mi vida, por fin, qué
felicidad, valía la pena. La vida
no tiene sentido, hay que vivirla".
¿Psicomagia o simplemente magia?
Difícil de saber es. No obstante,
mientras el Cabaret Místico duró,
dio la sensación de que el tiempo,
tal y como lo conocemos, transcurrió
mucho más despacio, ayudando a que
dejáramos atrás los requerimientos
de nuestra artificial y acelerada vida.
"Para despertar la conciencia
y sentir haz un hoyo en la tierra, acuéstate
en el hoyo y que tus amigos te tapen dejando
sólo tu nariz y tu boca para que
respires y ponte a morir. Cuando mueres
allí mismo y ves tu personalidad
adquirida como si fuera un perro útil,
entonces, ya te encontraste".
La verdad es que, por mucho que lo intente,
no lograré transmitirle los sentimientos
que recorrieron las mentes de los allí
congregados. Lo que sí les puedo
asegurar es que, durante un momento, parte
de nuestra vida tuvo un cierto sentido.
Para terminar, una de las claves que nos
regaló Alejandro Jodorowsky
durante su Cabaret Místico.
Una clave para lograr engarzar las ideas
y los principios en que los que cree y mantener
un nexo con la realidad.
"Hay una llave que es la meditación.
Meditar es inmovilizarse unos cuantos
minutos diarios. Cesar de ponerse temas,
eliminar frases del cerebro y comenzar
libremente a observarse, sin miedo. Esto
permite salir de la cárcel de lo
racional y entrar, poco a poco, en la
inmensidad que somos".
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