Hay
trabajos que se disfrutan más que
otros. En mi caso particular suelo disfrutar
con los míos, por cansados y complicados
que éstos puedan llegar a ser en
algunos momentos. Puedo decir que soy unas
de esas personas privilegiadas que trabaja
en lo que le gusta y no se para a pensar
en el coste del esfuerzo, sino en el resultado
final.
La conclusión es que, cuando acepto
un compromiso profesional, no lo hago pensando
en los inconvenientes que éste me
pudiera acarrear sino en las ventajas finales.
Todo esto no quiere decir que, algunas veces,
el disfrute profesional sea mayor, dadas
las circunstancias en las que la actividad
profesional se desarrolla.
Y éste es, precisamente, el caso
del Festival Internacional de Cine
de Espoo, localidad finlandesa
en la que se celebra el evento.
Espoo Ciné es
un festival con una larga tradición
dentro de los circuitos de festivales del
género fantástico europeo
–el pasado año se entregaron
los premios Mélies de oro, al mejor
corto y largometraje de género fantástico
en el festival- a la vez que entre los aficionados
al séptimo arte residentes en este
país.
Por sus pantallas suelen pasar algunos
de los mejores ejemplos del género
fantástico cinematográfico
así como de otros géneros,
en las diez secciones en las que se divide
su programación. En los seis días
que dura el encuentro hay tiempo para disfrutar
con un amplio mosaico de títulos
llegados desde los más recónditos
lugares del mundo, incluyendo nuestro país.
Sin embargo, Espoo Ciné
se diferencia de otros festivales en el
“tempo” vital que marca el ritmo
de todos los que trabajamos allí.
Da la sensación de que las prisas
y los agobios propios de encuentros cinematográficos
de esta categoría se toman un descanso
cuando Espoo Ciné.
Para empezar, el festival está
concentrado en el centro cultural de Tapiola,
centro neurálgico del evento y lugar
donde pasas la mayoría del tiempo.
Cuando tienes que salir, sólo hay
que andar unos minutos hasta la tercera
sala donde se proyectan las películas
de la programación –Kino Tapiola-
un cine de los que ya casi no quedan en
nuestra geografía, dotado de todos
los requerimientos técnicos necesarios
para un buen disfrute de las películas,
pero sin perder el sabor a sala “de
las de antes”.
Perdonen si suena romántico, pero
a veces cansa la manía que se tiene
en nuestro país de sepultar todo
aquello que parece estar “pasado de
moda” bajo toneladas de cemento para
continuar, según proclaman, con el
rápido avance del progreso. Muchas
salas de cine han desaparecido sólo
por el mero interés especulativo
de construir casas y más casas, muchas
de las cuales han resultado ser tremendo
fiasco. Pero lo que importa es el ladrillo
y no la cultura de las personas. Y así
nos va en muchos aspectos.
El caso es que, a la tremenda ventaja que
supone no tener que estar corriendo de un
lado para otro como ocurre en otros festivales
a los que asisto, hay que sumarle un detalle
muy importante: Espoo Ciné
es un festival enfocado hacia las
personas y no hacia el autobombo de una
determinada institución, ideología
o similar.
Está claro que sus organizadores
y patrocinadores, entre ellos el Canal 4
Nelonen de la televisión finlandesa
y la poderosa mensajería DHL, quieren
sacar el mayor rédito posible, pero,
dejando a un lado los anuncios, carteles
y demás material promocional que
se pueden ver en la sede del evento, está
claro que saben mantenerse en un discreto
segundo plano.
Nadie duda sobre quien posibilita que
el festival se desarrolle cada año,
y además me parece totalmente justo.
Lo que no suele ocurrir son los codazos
que muchas instituciones y/ o personajes
se suelen dar para salir en la foto de rigor,
en medio de un evento de estas características.
De paso nos ahorramos la búsqueda
de los mal llamados “taponazos”
mediáticos, tan del gusto de muchos
responsables de prensa y que, a la postre,
sólo sirven para las siguientes dos
cosas: para que un medio generalista monte
un lamentable espectáculo con un
invitado, y para el resultado final sea
que la persona que lo sufra piense que el
resto de los profesionales allí reunidos
son/ somos de la misma calaña.
Por la búsqueda del “glamour”
he visto cometer demasiadas locuras y ninguna
buena. En Espoo Ciné
no hay alfombras, ni rojas, ni verdes, ni
de ningún color. Uno puede estar
viendo una película al lado de una
actriz, la cual aparece en la pantalla en
esos momentos, y no ocurre nada. Por eso
me gusta tanto este festival. Lo importante
es el contenido de la programación
y las personas a las que va destinado dicho
contenido. |