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SITGES 2007: El año de los zombis, Blade Runner y el fantástico español

del 4 al 14 de octubre de 2007 (Sitges, España) Eduardo Serradilla Sanchis

El que un festival como el que se celebra en la localidad catalana de Sitges alcance su edición número 40 no es cuestión baladí. Y no lo es, dada la poca querencia que para con el género fantástico se ha tenido en nuestro territorio, hasta fechas bien recientes.

Su nacimiento, a finales de los años 60, agrupó a un reducido pero fiel grupo de aficionados y profesionales –los pocos que, por aquellos años, apostaban por un género considerado como “de segunda categoría”- los cuales lograron que la idea llegara a prosperar.

Cierto es -como me han contado personas que llevan ya muchas décadas acudiendo al evento- que Sitges resultaba el enclave ideal para celebrar el encuentro, al ser un lugar donde la España de la dictadura se aproximaba a la Europa libre y democrática que muchos envidiaban dentro de nuestras fronteras.

El caso es que, además del interés depositado por aquellos pioneros, el género ayudó a confirmar la validez del encuentro, desarrollando propuestas cada vez más atractivas e interesantes, muchas de las cuales llenaron los cines de las siguientes décadas.

Tampoco me quiero olvidar del trabajo de personajes como Paul Naschy y Jesús Franco, auténticos abanderados del género fantástico español, y con quien los aficionados tienen una tremenda deuda por ser de los pocos que apostaron por el fantástico en un ambiente tan hostil y poco dado a propuestas de este estilo.

Mal que les pese a muchos, su trabajo se convirtió en un punto de referencia y en toda una inspiración para varias generaciones de profesionales, muchos de los cuales son ahora los protagonistas de los grandes estrenos del festival de Sitges.

Sea como fuere, el Festival de Cine Fantástico de Sitges bautizado, con el paso de los años -y por cuestiones de maquillaje político- como Festival Internacional de Cine de Cataluña, ha logrado convertirse en el principal referente del género fantástico cuando se habla de festivales en el viejo continente.

A su sombra, y tras desaparecidos encuentros como el de Avoriaz, han germinado otros festivales como los que se celebran en Bruselas, en la ciudad portuguesa de Oporto, o en la localidad finlandesa de Espoo.

No pretendo restar importancia al trabajo de quienes han logrado que dichos encuentros formen parte del Circuito de Festivales del Género Fantástico –los cuales otorgan el premio Mélies, galardón con el que se premia a la mejor producción fantástica europea- pero está claro que la labor del Festival de Sitges se sigue tomando como punto de referencia.

Por eso, celebrar cuatro décadas de fantástico en un ambiente tan entrañable como lo es la localidad costera de Sitges, siempre es un placer y honor, después de dos décadas acudiendo al encuentro.

Y debo decir que, además de la propia celebración de los 40 años, hubo otros momentos destacados.

Uno de ellos fue el estar presente en las bodas de plata de un icono del género como lo es la película Blade Runner (1982), del realizador Ridley Scott. Además, se contó con la presencia de profesionales de la talla del director de efectos especiales Douglas Trumbull o los directores Alex Proyas, Park Chan-Wook o el patriarca de los zombis, George Romero.

Lo más significativo, sin embargo, resultó ser que la pasada edición del festival, Sitges 2007, fue el comienzo de la mayoría de edad del fantástico español.

Lo fue por una película como El orfanato (2007), tan correcta, formalmente, como bien dirigida y narrada por su director Juan Antonio Bayona.

Lo fue por unas propuestas como Los cronocrímenes (Nacho Vigalondo, 2007) y La habitación de Fermat (Luis Piedrahita y Rodrigo Sopeña, 2007), tan arriesgadas como agobiantes para el espectador.

Lo fue por tratar de ensamblar conceptos como el fin del mundo, lo arcano y misterioso, y el esquivo destino, todo en el personaje que protagoniza El último justo (Manuel Carballo, 2007).

Y lo fue por llevarnos a los zombis sin alma ni mesura hasta las mismas puertas de nuestra propia vida, transformando un reality show en una noche de pesadilla, sangre y vísceras, todo gracias a la película Rec (2007), de Jaume Balagueró y Paco Plaza.

Incluso los más pequeños, aquellos que dependen de sus progenitores para que los lleven al cine –muchos de los cuales no suelen hacer caso de los gustos de sus hijos- pudieron disfrutar con Los Totenwackers (Ibón Cormenzana, 2007), protagonizada por unos infantes que muy bien pudieran abrir una sucursal de los reputados cazafantasmas cinematográficos.

Con todo y atendiendo a las deficiencias que cualquier obra artística pudiera tener –para eso hay verdaderos especialistas que prefieren pasar el tiempo de proyección buscándole fallos antes que disfrutar con la historia- las propuestas de género que se estrenaron en Sitges nos pueden hacer soñar con un futuro más que prometedor.

Algunos de los medios allí acreditados se quejaron que en la presente edición faltaron estrellas de “relumbrón” y propuestas más arriesgadas o llamativas.

Cada cual tiene sus gustos y escalas de valor, pero poder disfrutar con la nueva versión de un clásico como Blade Runner; disfrutar con la compañía –y nueva propuesta- de un artesano del terror como George Romero; o ver cómo las insufribles verborreas de una presentadora histriónica se transforman en una noche de muertos vivientes en pleno centro de la ciudad de Barcelona, bien merecieron los diez días que duró el encuentro.

Tampoco sé muy bien cuál es la escala por la que se miden las mencionadas estrellas de “relumbrón”, dado que por Sitges 2007 se pasearon artistas tan conocidos como Rutger Hauer, Mena Suvary, Leonardo Sbaraglia, Robert Englund, además de caras conocidas del cine y la televisión nacional como Belén Rueda, Alejo Sauras, Santi Millán, Elena Ballesteros, Diego Martín, Adriá Collado, Pablo Carbonell, Enrique San Francisco, Carlos Sobera, Karra Elejalde y Álex Angulo, por citar sólo a algunos de ellos.

En cuanto a los directores, aparte de los ya nombrados, destacaría al coreano Seung-Wan Ryoo, responsable de The City of violence (2006); Matthew Vaughn, realizador de la muy recomendable Stardust (2007) –película que contó con su protagonista principal, Charlie Cox, entre los invitados-; Stuart Gordon, que llegó a Sitges con su desasosegante Stuck (2007); y Tarsem Singh, director de la atractiva y novedosa The Fall, mejor película de esta última edición y que también se reunió con los aficionados y seguidores del género en una lección magistral el domingo día 7 de octubre.

 Web oficial
Sitges 1968

En el año 1968 nacía el festival de Sitges, bajo la dirección de Pedro Serramalera.

 

 

 

 

 

 

Sitges 1977

Las Colinas tienen ojos logró en el año 1977, el décimo aniversario del certamen, el premio de la crítica.



 

 

 

 

 

 


Sitges 1987

En 1987 el festival celebraba el vigésimo aniversario.

 

 

 

 

 

 

Sitges 1997

Andrew Niccol consiguió con Gattacca el premio a la mejor película en el 30º aniversario de Sitges.

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