| Para
aquellos que no lo sepan, el personaje de Conan
nació en la páginas de los libros
del escritor tejano Robert E. Howard,
en la década de los 20. Howard
desarrolló las aventuras del personaje
en torno a las leyendas de la lejana Hiborias,
mezclando mitología, brujería, acción
y drama hasta convertir al personaje en uno de
los principales exponentes las llamadas novelas
de espada y brujería. Howard
también fue el responsable de personajes
como Kull o Salomón Kane,
pero ninguno pudo emular el atractivo del bárbaro
personaje.
No obstante, el verdadero éxito llegó
cuando Roy Thomas, redactor en
jefe de Marvel Comics, en los
años 70, decidió adaptarlo al mundo
del noveno arte, contando con los dibujos de un
primerizo Barry Smith.
El caso es que, lo que empezó siendo
un favor personal a Thomas, se
convirtió en un fenómeno de ventas,
gracias a Smith y a John
Buscema, quienes dotaron de señas
de identidad a la creación literaria.
El personaje, a punto de cumplir los 35 años
de su primera aparición en las páginas
de un cómic ha continuado con toda una
legión de seguidores, los cuales posibilitan
la pervivencia de sus historias gráficas.
Aunque tampoco debemos olvidar sus incursiones
en la gran pantalla, en especial la primera de
sus películas Conan
el bárbaro, dirigida por
John Millius y protagonizada por el único
actor capaz de trasladar al cimerio de las palabras
a la realidad: Arnold Schwarzenegger.
Ahora, McFarlane Toys nos trae
la segunda de las series de figuras basada en
los personajes de Howard, tomando
como partida la novela
La Hora del dragón.
Dicha narración se desarrolla cuando
Conan ha cumplido más de 40 años.
Los conspiradores de la realeza planean derrocarlo.
Para lograrlo reviven al hechicero maligno Xaltotun,
desaparecido desde hace más de tres mil
años. Sin embargo el hechicero tiene sus
propias ideas y valiéndose de conjuros
hace creer que Conan muere en el campo
de batalla.
En realidad, Conan está cautivo
en las mazmorras de su rival, el rey de Nemedia.
La bella Zenobia, esclava en el harén
real de Nemedia, arriesga su vida para que Conan
escape de su prisión y éste, conmovido
por su valentía promete regresar a rescatarla.
Conan empezará, así,
un largo viaje, sediento de venganza, que lo llevará
a través de bosques infestados de demonios,
lo bodega de un barco esclavista, la tumba de
un vampiro para, al final llegar hasta Aquilonia,
donde encuentra que su reino está inmerso
en una guerra civil entre facciones antagónicas,
aspirantes a su trono.
En secreto, Conan reúne a sus
antiguos aliados, encabezados por Pallantides,
comandante de los dragones negros. Y con la ayuda
de un ejército formado por campesinos,
consiguen reconquistar Aquilonia, derrotando al
malvado Xaltotun, quien regresará
al reino de los muertos.
Por su parte, el rey de Nemedia es derrotado
por el Conan, de nuevo rey de Aquilonia,
y a cambio de su vida Conan le exige
la liberación de Zenobia.
La historia termina con la proclamación
de Conan sobre el futuro de la muchacha:
en Nemedia era esclava y yo la convertiré
en mi reina.
El juego está compuesto por cinco figuras
más una especial que reproduce a Conan
Rey, sentado en el trono.
Conan el guerrero enfrentado al cazador
devorahombres de los calabozos. Aunque
son dos figuras separadas, ambas están
pensadas para recrear una escena conjunta. Conan
aparece en actitud de ataque, blandiendo una enorme
hacha en una mano y una espada en la otra, mientras
efectúa un impresionante salto para caer
sobre la gigantesca criatura que le desafía
en su intento de escapar de la prisión
en donde está retenido.
La figura del personaje reproduce con toda exactitud
los diferentes elementos de la vestimenta de Conan
(brazaletes, hebillas) así como el elaborado
acabado de las armas que porta. Su cuerpo demuestra
en cada músculo la tensión del momento,
un segundo antes de entrar en contacto con su
carcelero.
El devorahombres de los calabozos, cruce
entre demonio y gran simio, aparece con sus mandíbulas
abiertas y dejando a la luz sus impresionantes
colmillos. Así mismo, sus extremidades
se preparan para aceptar el reto del enfrentamiento
con el humano que le está atacando en ese
mismo momento.
El monstruoso ser viene acompañado de
un reguero de huesos a sus pies, recuerdo de quienes
intentaron escapar antes que el depuesto rey Conan.
Xenobia, la astuta,
leal y valiente esclava, por la cual Conan
siente el respeto que se otorga a los compañeros
de armas, sobresale por la belleza con la que
vemos a la esclava.
Los detalles están tan cuidados que podemos
observar las tiras de las sandalias que lleva
puesta la mujer, los adornos que acompañan
su escasa vestimenta de dos piezas, la cual deja
muy a las claras la sensualidad de su figura,
así como un mechón de pelo que cae
sobre su rostro dado el escorzo al que está
sometido su cuerpo, atado con cadenas a la pared.
Una muestra más del cuidado que McFarlane
Toys pone en sus personajes femeninos,
aunque estos sean, históricamente, los
que menos se vendan.
Pallantides, comandante
de los legendarios dragones negros, las fuerzas
de elite del rey Conan, se nos aparece
como un recio combatiente, mezcla de los generales
romanos y los guerreros espartanos de inquebrantables
formaciones.
Su posición, justo antes de sacar su
espada, ataviado con su armadura de batalla y
su casco de generalato, significa para cualquiera
que lo observe, el comienzo de un combate a muerte
por la suerte de su rey y su reino.
Como en las figuras anteriormente citadas figuras,
destaca el nivel de cuidado y precisión
de los distintos elementos que forman la vestimenta
del general Pallantides, dándole
un nivel de realismo difícil de encontrar
en otras figuras.
Xantotun, en malvado
hechicero, llegado desde el averno para reclamar
el trono de Conan, es un esqueleto andante,
el cual ostenta los distintivos de un alto conocedor
de arcanos secretos.
Su aspecto, cercano al de los sacerdotes aztecas
por la inspiración de sus ropajes, no logra
esconder lo grotesco de su aspecto y el horror
que su figura traslada allí donde va. Un
verdadero demonio llegado desde el más
allá para poner en peligro los logros del
rey Conan.
La última de las figuras, sin duda la
más espectacular, es la que reproduce a
Conan sentado en su trono tras la aventura
sufrida en La hora del
Dragón.
Además, esta figura tiene un doble componente
emocional al reproducir, casi con meridiana exactitud,
las fotografías donde se podía ver
al Conan cinematográfico, después
de sus dos aventuras, en una continuación
que, hasta hoy, permanece en la lista de proyectos
por realizar.
Conan aparece sentado en su trono,
en actitud pensativa, recordando el pasado inmediato
y el futuro que está por venir. En su rostro
se pueden ver las cicatrices de quien, antes que
rey fuera esclavo, bárbaro, mercenario
y pirata en las lejanas tierras de Cimeria.
Un hombre que hoy ocupa un trono adornado con
sedas púrpuras, cabezas de leones y frisos
dorados y toda la pompa de un gran reino, construido
sobre las hazañas de su rey.
Poco queda decir salvo que uno se queda esperando
el momento en el que la figura del rey se levante
para dar una orden, expresar un pensamiento y/
o emprender una nueva campaña guerrera.
Sólo resta admirar dicha figura y su
cuidada presentación, una vez pase a ocupar
un lugar de honor, muy merecido, en nuestra colección
personal.
y |