| La narrativa de Adolfo
Bioy Casares, a diferencia de la obra de Borges,
parte de la realidad circunstancial. En la antología
de cuentos titulada Historias
fantásticas (1972), por medio de una narración
engañosamente lineal, Bioy Casares explora desde
un nuevo punto de vista los temas clásicos de
lo fantástico: la dispersión espacio-temporal,
la suspensión de la muerte, la materialización del pensamiento,
las pesadillas de lo cotidiano, la máquina que
modifica la realidad.
Otras obras, como La invención
de Morel (1940) y Plan
de evasión (1945) juegan con esquemas más
complejos: se entrecruzan y se contradicen dudosos testimonios
de narradores a los que el aislamiento, la desesperación
o el amor han llevado al borde de la locura, lo que
impide la reconstrucción de la verdad.
La invención de Morel
es una de las obras cumbres de la narración fantástica
en español. En ella aparecen representados los códigos
semióticos típicos de la narración fantástica
clásica. Este cuento nos habla de un hombre que
al huir de la justicia busca refugio en una isla aparentemente
desierta de la que dicen: "es el foco de una enfermedad
que mata de afuera para dentro. Caen las uñas, el pelo,
se mueren la piel y las córneas de los ojos y el cuerpo
vive ocho, quince días".
El protagonista-narrador ya lleva cien días en la isla
cuando empieza su relato. Allí convive con multitud
de personas, entre ellas un tal Morel y una tal
Faustina, de la que se enamora perdidamente el
narrador. El protagonista descubre en un discurso que
pronuncia Morel que todos los habitantes de la
isla no son más que imágenes en tres dimensiones,
que no existen en realidad y que han sido fabricadas
por medio de una máquina fabricada por Morel.
También descubre que una vez tomadas las imágenes,
los cuerpos reales se disuelven y acaban muriendo, tal
y como se explica al principio de la narración. Todo
el relato se sitúa en un ambiente hiperrealista, en
cuanto que el protagonista nos cuenta sus esfuerzos
para sobrevivir a un nivel puramente material y abundan
detalles de la vida cotidiana. Lo irracional, la presencia
de esta gente en la isla, constituye el motor de esta
narración fantástica. Podríamos considerar que
la máquina de Morel tiene una explicación
lógica, basándonos en los progresos de la ciencia
y en la posibilidad de grabar y proyectar imágenes
en tres dimensiones. Sin embargo, esa máquina
no sólo captura la apariencia física, sino también el
olor, la voz, etc.
Las proyecciones de la invención de Morel son
réplicas exactas de los seres humanos, lo cual es más
difícil de aceptar. Pero aunque aceptemos la supuesta
racionalidad de la máquina, resulta imposible
de explicar la transformación física de los sujetos
grabados: la invención de Morel transforma al
ser humano en una imagen, dejando una cáscara
vacía detrás, hecho propiamente sobrenatural.
La incertidumbre y el terror están presentes
a lo largo de toda la narración: el personaje principal,
escondiéndose de los "intrusos", nos habla de su angustia
y sobre todo de su imposibilidad de comprender su situación.
La invención de Morel
representa la lucha de lo racional contra lo irracional
y la tensión narrativa está fundamentada en el
choque semiótico entre una realidad identificable y
un hecho inexplicable, características tipológicas del
cuento fantástico.
En El sueño de los héroes
(1954) se proyecta con gran eficacia lo fantástico
sobre lo cotidiano. Así, en un baile de máscaras
sucede algo extraño que el protagonista no logra recordar.
Tres años más tarde, en circunstancias idénticas
misteriosamente, trata de reproducir aquella experiencia
olvidada, pero el acontecimiento borrado de su memoria
era su propia muerte que esta vez se verificará
inevitablemente. Sobre esta trama que incluye elementos
explícitamente fantásticos, se percibe un mundo
social bien definido. |