| Es imposible definir
los orígenes de la narración fantástica,
debido a la existencia de distintas teorías sobre
lo que incluye este género. Además , en
el estudio del nacimiento del género fantástico
es especialmente relevante la tradición oral
de carácter folklórico y sus relatos sobrenaturales.
Pero podemos considerar dos figuras como precursoras
principales de este género: el británico
Matthew Gregory Lewis y el escritor y músico
alemán E. T. A. Hoffmann.
La obra más famosa e importante de Lewis,
El monje (The
Monk), se puede considerar una de las primeras
obras fantásticas porque incluye en su composición
elementos típicos de este género literario.
Cuenta la historia de un fraile que es seducido y forzado
por el demonio disfrazado de mujer a hacer barbaridades,
principalmente de carácter sexual.
A lo largo de toda la novela, se intenta representar
una realidad que el lector puede aceptar situando la
acción histórica y topográficamente
y destacando detalles comunes, como los vestidos de
los distintos figurantes de la historia. En este ambiente
realista, la materialización del demonio provoca
tensión, ya que se enfrentan una representación
del mundo natural y otra sobrenatural. Pero durante
el transcurso de la historia va desapareciendo ese universo
realista para introducirnos en un mundo de creencias
religiosas basado en una tradición mitológica.
Por este motivo, la novela va perdiendo su supuesto
realismo y El monje pasa
a ser un cuento maravilloso cuyo tema principal es la
posesión de un alma por el demonio.
Por otra parte, Hoffmann también se suele
considerar como uno de los creadores del género
fantástico y se suele nombrar como influencia
de autores como Poe
y Maupassant,
aunque Hoffmann no sólo escribió
relatos fantásticos.
La caldera de oro, uno
de sus primeros cuentos, es una mezcla entre una representación
de la realidad vulgar y la de ciertos elementos sacados
de una tradición maravillosa. Cuenta la historia
de un estudiante que ve a tres serpientes con ojos de
oro un día de Pascua, y se enamora de una de
ellas. A lo largo de la narración aparecen detalles
que se refieren a una dimensión paralela donde
viven magos, reyes y brujas. Así, se van sucediendo
sucesos propios de un cuento de hadas: encantamientos
a la luz de la luna, luchas mágicas, metamorfosis.
Asimismo, se representa el miedo pocas veces, al destacar
lo irracional sobre lo realista. Pero al avanzar en
la lectura, se pierde la sensación de sorpresa
y aceptamos las premisas irracionales de la narración,
dejando el texto de producir el efecto fantástico
para pasar a ser un relato "maravilloso".
La aportación más importante de Hoffmann
a la literatura fantástica es la del "doble",
recurso que consiste en la presencia de un doble que
poco a poco va apropiándose de la identidad de
un personaje, o bien en el desdoblamiento físico
de un ser humano. Este es un tema muy utilizado en este
género y que encontramos, por ejemplo, en Poe
(Morella), Oscar Wilde
(El retrato de Dorian Gray)
y Stephen
King (La mitad oscura).
Por su parte, Hoffmann lo utiliza en varios cuentos
como Los dobles, La
promesa y El hombre de
arena, que no son obras propiamente fantásticas.
El cuento más propiamente fantástico
de Hoffmann es Las minas
de Falún, ambientado en la revolución
industrial. El autor nos cuenta la historia de un marinero
que vuelve a casa y descubre que su madre ha muerto
y su soledad y su tristeza le llevan a la decisión
de convertirse en minero. El elemento irracional principal
de la narración es un viejo minero muerto hace
cien años que se le aparece al protagonista.
Este relato consigue provocar el efecto fantástico
y ejemplifica lo que será el cuento fantástico
moderno, en el que encontramos indicios de la tecnología
moderna, no como explicación del fenómeno
irracional, sino como parte de un decorado racional.
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