| Guy
de Maupassant es el antecedente principal de
la época moderna del género fantástico
y ha ejercido su influencia en autores posteriores,
como H. P. Lovecraft, cuya obra no
presenta ninguna ambigüedad a la hora de distinguir
entre sus relatos fantásticos y los que no lo
son.
La gran mayoría de sus relatos de ficción
se sitúan en este género y, desde un punto
de vista teórico, realizó un trabajo de
investigación acerca del efecto fantástico
(Supernatural Horror in Literature).
Al igual que Maupassant, considera que la literatura
fantástica tiene como fundamento el miedo a lo
desconocido, elemento que utiliza claramente en su obra.
A este autor siempre le fascinó, tanto en su
obra como en su vida personal, todo lo sobrenatural:
la magia negra, los límites del conocimiento
humano, la existencia de otros mundos...
Uno de los temas principales de su obra es la materialización
en nuestra realidad de seres más poderosos que
el hombre y de una dimensión diferente. Sus monstruos
son criaturas amenazantes, enemigos de la raza humana,
que pretenden aniquilar a los seres humanos y dominar
el planeta. Estos seres se introducen en sus relatos
fantásticos junto con elementos característicos
de la vida cotidiana.
Además, observamos en Lovecraft predilección
por Nueva Inglaterra, donde sitúa la ciudad imaginaria
de Arkham y la Universidad de Miskatonic.
Estos lugares donde tiende a ocurrir lo sobrenatural,
a pesar de no existir en la realidad, no dejan de ser
realistas pues no presentan ningún aspecto fuera
de lo normal.
Además de un ambiente realista, Lovecraft
incluye en sus relatos distintos niveles sociales, desde
campesinos a profesores (La
declaración de Randolph Carter, El
horror de Dunwich) o desde granjeros hasta arquitectos
(El color que vino del espacio,
La cosa en el umbral de la puerta),
reproduciendo sus diferencias lingüísticas.
Esta variedad de representaciones sociales contribuye
a crear un universo narrativo más completo y,
por tanto, más parecido a la realidad.
Destaca El horror de Dunwich
como modelo de su obra fantástica, ya que en
este relato encontramos elementos propios de este género:
el contacto con la otra dimensión, las criaturas
que la habitan y el Necronomicón como
la llave entre nuestro mundo y el otro.
Por otra parte, la ciencia y sus limitaciones suelen
estar presentes en la literatura fantástica en
el enfrentamiento con el fenómeno sobrenatural,
en la piel de profesores o científicos que tratan
de resolver las incertidumbres de lo fantástico.
Un ejemplo de esto lo tenemos en El
horror de Dunwich cuando un profesor de la Universidad
de Miskatonic define al monstruo como "una
imposibilidad en un mundo normal".
Del mismo modo, el "libro" se ha utilizado
mucho en la simbología fantástica, tanto
en literatura como en el cine, como objeto revelador
de lo fantástico y vehículo del conocimiento.
Las representaciones directas del poder de los libros
se alejan de la imagen tradicional y popular del libro
de magia y los antiguos manuscritos de brujos y brujas
antiguos, más propios de los cuentos de hadas
y las fábulas mitológicas.
Ya Poe había utilizado el libro como
símbolo de sabiduría (Ligeia,
Morella), pero a partir
de Lovecraft empieza a tener una importancia
mayor como puente entre distintos mundos y dimensiones.
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