| Tras
dos descalabros seguidos en el cine, Barker sigue
triunfando en la literatura. Publica varios relatos
en antologías y uno de ellos será el que
le consiga el empujón definitivo para encumbrarlo
a la fama mundial: The hellbound
heart. Recogido en Night
visions (una recopilación de serie
limitada) le hizo estar nominado para el World Fantasy,
por lo que la volvió a publicar en un tomito.
El éxito asegurado le hace plantearse
la posibilidad de llevarla al cine, pero como no se
arriesga a dejarla en manos ajenas, la dirige él
mismo. Hellraiser, los que
traen el infierno (1987) es una de las
mejores películas de terror de la década
de los 80 que creó una puesta visual copiada
en el cine comercial actual. La historia, donde se mezcla
el sexo con el dolor y la infidelidad con la muerte,
confiere al film un atractivo y a la vez una repulsión
muy buena (aquí, Barker pone en práctica
las paradojas que tanto le gustan crear en su obra).
Como curiosidad, y para aquellos que no hayan podido
leerse el relato original, La configuración
del lamento (es así como se llama la caja)
es un cubo Rubrick, idea que cambió Barker
para conferir entidad y mitología al film, y
Pinhead es una mujer, siendo la única
cenobita existente en la novela (es por eso que al ver
los créditos, aparece como Leader cenobite
en vez de Pinhead, que se utiliza en la segunda
parte).
La obsesión por controlar todo
el proyecto le hizo plantearse la posibilidad de escribir
la música, pero al escuchar la banda sonora de
Pesadilla en Elm Street
2 (Jack Sholder, 1986), dejó al
primerizo Christopher Young (Leyenda
urbana, 1998), quien creó una
delicada y potente banda sonora que en ninguna secuela
(a excepción de la segunda que también
cuenta con Young) llega a parecerse. Pero como
todo film tiene sus contras, lo peor es el final. La
utilización desmedida de los cenobitas
confiere a la película un tono de monster
movie que mejor Barker podría haberse
ahorrado, ya que el final del relato es distinto.
Al año siguiente, la fama de
Hellraiser
propicia una segunda parte,
Hellbound:
Hellraiser II (Tony Randel, 1988), que
inaugura la destrucción de la obra de Barker.
En ésta se continúa la historia con Kirsty
en un sanatorio y la vuelta de Julia del infierno.
La parte gráfica del film sigue siendo impecable
pero el guión de Peter Atkins (Wishmaster,
1997) y la puñetera idea de crear cenobitas
nuevos con cualquier excusa, hace que el proyecto la
cague.
Hellraiser
III: El infierno en la Tierra (Anthony
Hickox, 1993) sigue hundiendo la franquicia (¿Un
cenobita tirando cd´s?), ésta vez convirtiendo
a Pinhead en una copia de Freddy (esos chistes...).
La cuarta entrega, Hellraiser
IV: El final de la dinastía sangrienta
(Anthony Hickox bajo un seudónimo,1996) nos lleva
esta vez a los cenobitas... al espacio. Sin comentarios.
Hellraiser
V: Inferno (Scott Derrickson, 2000) mejora
el listón volviendo a un recurso que es de agradecer
(el utilizar a Pinhead y compañía
cuanto menos, mejor), centrándose más
en la búsqueda del ingeniero (el misterioso hombre
que le "vende" la caja a Frank en la
primera parte) por parte de un policía corrupto,
bajo la convincente actuación de Craig Sheffer
(Razas de noche,
1990). |