Cuando tenía quince años llegó
un libro que cambiaría mi vida por completo.
Ni siquiera lo busqué. Es más, ni siquiera
sabía de qué trataba o quién era
el autor. Ese libro fue El color
que cayó del cielo, de Howard Phillips
Lovecraft. Era una compilación de historias
y la primera que leí fue El
llamado de Cthulhu.
Cuando terminé de leerlo, se abrió ante
mi todo un paraíso de dudas acerca de la llamada
"realidad". Pensaba que todo aquello era real
o por lo menos me enteré de que podría
existir en un mundo paralelo. Después de todos
estos años, aún tengo la duda (supongo
que siempre la tendré).
Lovecraft,
no fue un escritor dotado de un estilo impecable. De
hecho, es bastante rebuscado y exagerado a la hora de
hacer una descripción; pero tuvo la capacidad
de crear todo un universo lleno de seres y lugares inimaginablemente
monstruosos. Sin embargo, él narra la situación
con tal seriedad y exactitud que puede provocar una
gran paranoia en la víctima o en el lector.
Cuando lees su obra te conviertes en parte de la historia.
El horror del que habla es algo totalmente gratificante:
nos libera de los clichés del género heredados
de la novela gótica. Su horror es "cósmico":
va desde las profundidades del óceano hasta estrellas
desconocidas. Se basa en el intento de descripción
de todos estos seres terribles, a los cuales nunca se
les puede imaginar del todo; libros malditos que contienen
los secretos más terribles y quien los lea corre
el riesgo de perder la cordura (usualmente sus personajes
terminan locos); lugares nunca antes concebidos por
otro ser humano.
La obra de Lovecraft se puede dividir
en tres etapas: los cuentos oníricos (los famosos
"dreamlands"); los cuentos de Nueva Inglaterra;
y los mitos de Cthulhu.
Por supuesto, los más famosos y leídos
han sido estos últimos, ya que junto con otros
autores como Robert Bloch (Psicosis), Robert E. Howard (Conan
el Bárbaro), August Derleth y el
fabuloso Clark Ashton Smith, entre otros, formaron
el ilustre Círculo de Lovecraft. Este círculo
literario se comunicaba basicamente a través
de cartas, incluso algunos nunca llegaron a conocerse
personalmente, pero todos aportaron elementos para el
inconcebible universo de "los mitos de Cthulhu".
No creo que en la actualidad exista alguien que haya
superado al maestro H. P. Lovecraft. Sin minimizar
el trabajo de creadores como Barker, King, Rice o los que siguieron bajo la línea lovecraftiana,
como Ramsey Campbell o Brian Lumley, nunca
nadie me ha hecho dar por verdaderas cosas tan inverosímiles.
El universo creado por él es tan basto y detallado,
existen lugares míticos como la Universidad de
Miskatonic o el manicomio Arkham; seres tan abominables
como Yog-Sothtoth o Cthulhu y decenas
de criaturas que desafian cualquier regla de la naturaleza.
Los libros malditos tales como Des
cultes des gules o el famoso Necronomicón,
practicamente la Biblia del mundo lovecraftiano, donde
se hallan todos los ritos e invocaciones para llamar
a algún dios terrible y poderoso, o bien para
acceder a otro tipo de "conocimiento".
Nadie tampoco ha tenido nunca el don de crear algo tan
aterrador, de convertir el mito en algo tan real que
hasta Borges cayó en la tentación de buscar el Necronomicón en la biblioteca pública de Buenos Aires, encontrando
en su lugar un libro de recetas.
Cuando se habla de literatura de terror hay dos nombres
indispensables: Poe y Lovecraft. El que no haya penetrado
al mundo de estos dos autores, no tiene la mínima
idea de lo que es el horror.
Nunca sabremos si en realidad fue la encarnación
de Al Azif Alahazred o simplemente un ser humano
atormentado por el poder maligno de su imaginación,
pero cuando vuelvo a leer El
llamado de Cthulhu en la penumbra de la habitación,
una noche de tormenta y escuchando de fondo a Endvra,
pienso que en ese mismo momento Cthulhu permanece
en la ciclópea ciudad de R'yhle soñando,
esperando a que las estrellas vuelvan a ser favorables
y pueda, al fin, despertar de su sueño eterno.
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