Publicación sobre el terror, la ciencia ficción y el fantástico.
Recomiéndanos a un amigo Añádenos a tus Favoritos
Literatura
EL HORROR A EL NOMBRE DE LA ROSA (2/2)

Y como dice Mario Praz en su prólogo a El Castillo de Otranto (1764) de Horacio Walpole: "El descubrimiento del Horror como fuente de goce repercutió en la concepción corriente que el hombre tenía de la belleza como tal. Lo horroroso, que anteriormente distaba mucho de ser una categoría de lo Bello, pasó a convertirse en uno de sus elementos esenciales, y lo bellamente horrendo no tardó en transformarse en lo horrorosamente bello".

La biblioteca como espacio de lo bello y del saber se transforma en un espacio del horror, y el mismo Adso no los hace llegar en su descripción de la biblioteca: "Era la primera vez que entraba solo. Las largas sombras que la lámpara proyectaba sobre el suelo me aterraban tanto como las visiones de otras noches. A cada momento temía encontrarme con un nuevo espejo, porque es tal la magia de los espejos que no dejan de inquietarte aunque sepas que se trata de espejos" (pág.300). Descripción que nos recuerda uno de los tantos cuadros de Piranesi.

El espejo como elemento de "lo doble", de la mentira y lo verdadero, recrea más inquietudes en el laberinto de la biblioteca. Laberinto que ha sido tratado por otros autores con diferentes motivos como El endemoniado señor Rosetti (1977) de Juan Jacobo Bajarlía, aquí el laberinto es psicológico. O Borges y sus poemas Laberinto, Un laberinto y El jardín de los senderos que se bifurcan, donde el tiempo es el juego del laberinto; en Magias parciales del Quijote (1952) pone en evidencia Borges, nos dice Bravo, el laberinto del lenguaje que hace, por arte de la literatura, de la realidad una ficción. El general en su laberinto de Gabriel García Márquez por otro lado nos muestra un laberinto que es de soledad y de imsonio, donde sueño, realidad y vigilia viven, con los colores del recuerdo. Otro texto es la novela del venezolano Eduardo Liendo El diario del enano (1993), el laberinto en este caso es de unidad y desdoblamiento del ser.

Y si de horror hablamos, no podemos dejar aparte a Lovecraft quién comienza su texto El horror en la literatura (1927) con las siguientes palabras: "La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido", miedo que en el libro de Eco se centra en el misterio que encierra las paredes de aquella biblioteca octogonal.

Y el misterio se agranda cuando Adso y Guillermo empiezan a enrumbar los pasos en aquel laberinto de libros: "De pronto comprendí que a menudo los libros hablan de libros, o sea que es casi como si hablasen entre sí" (pág. 357), tesis que usa Borges en dos textos laberínticos suyos como Pierre Menard, autor del Quijote (1939); y Kafka y sus precursores.

El uso del palimpsesto parece ser la estrategia de Eco en este juego, cosa que podemos observar también en una película como La novena puerta (Roman Polanski, 1999) con Johnny Deep. Y ese juego entrecruzado nos dice el texto que "la biblioteca fue construida por una mente humana que pensaba de modo matemático, porque sin matemáticas es imposible construir laberintos" (pág. 269).

Adso y Guillermo descubren el misterio del Laberinto desde afuera, así como Ícaro, sale del laberinto por los aires. Sólo desde arriba o desde afuera se conoce el camino para matar al monstruo: "Me mostró el pergamino, donde había trascrito el mensaje en grandes caracteres latinos: Secretum finis Africae manus supra idolum age primun et septimum de quatuor" -pág.260- ("El secreto del confín del África una mano sobre un Ídolo toma el primero y el séptimo de cuatro").

Los personajes mueren envenenados por la lengua, por el libro prohibido, es el desenlace de la historia, el saber mata parece decirnos Eco, Cervantes en cambio piensa que nos enloquece y por eso devora a los libros con fuego, así finaliza El nombre de la rosa, la Biblioteca arde en llamas, acaso la risa esta prohibida a los hombres así como el saber, ese es el horror al que temen los dioses que conozcan los hombres.

Y como cita el texto de Eco "El bien de un libro consiste en ser leído. Un libro está hecho de signos que hablan de otros signos, que, a su vez, hablan de las cosas" (pág. 494). Acaso estas palabras no nos recuerdan la hilaridad de dos espejos que se enfrentan y muestran dos mundos infinitos, y si Eco nos quiere mostrar el horror en los libros, sólo recordemos el título de uno de los textos de la abadía: "Liber monstruorum de diversis generibus -leí-. Este también tiene bellas imágenes, pero me parece que son más antiguas" (Libro de los monstruos de diversas clases) -pág. 216-.

Ilans Stavans expresa en su prólogo a la Antología de cuentos de misterio y terror: "Así pues, estas antologías, estas bellas biblias, no tienen aspiración mejor que la de convencer al lector de que no es quien cree que es, y que nada es lo que parece. Supongamos, de acuerdo con esa prerrogativa y a la manera de El nombre de la rosa de Umberto Eco, que al terminar de leer el último de los cuentos aquí contenidos, su cadáver fuera hallado, todavía caliente, y a su lado, sobre el suelo, el libro manoseado". Pero sólo el horror embargaría el ambiente de su vida lector y Adso diría: "Un sueño es una escritura, y hay muchas escrituras que sólo son sueños" (pág. 545).

Y de la ROSA nos queda únicamente el nombre...

José Antonio Pulido

El nombre de la rosa

 

 

El nombre de la rosa





El nombre de la rosa


 



El nombre de la rosa

  Volver 1 | 2
2000 - 2010 TumbaAbierta.com sobre el material original. Alojado por Preica.com Aviso Legal