Publicación sobre el terror, la ciencia ficción y el fantástico.
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Literatura
UNA RELECTURA A LA NOVELA DE MARY SHELLEY,
DESDE LA SOMBRA QUE REFLEJA MI ESPEJO
EL PARAÍSO PERDIDO DE VÍCTOR FRANKENSTEIN
(1/2)

En 1774, una novela intitulada Los sufrimientos del joven Werther conmocionó a Europa y provocó no pocos suicidios. La trágica historia que relata la vida de un joven, que enamorado de una mujer ya comprometida, decide quitarse la vida, convirtiendo este texto en la obra emblemática del Romanticismo y de un movimiento artístico alemán, incipiente por aquellos días, conocido como Sturm und Drang (Tempestad e Impulso), que reaccionó contra el racionalismo, promoviendo el conocimiento intuitivo, la investigación del inconsciente y del sueño, propugnando la restauración de la religión pagana de los antiguos germánicos.

Y éste, es uno de los tres textos que por casualidad, el monstruo creado por el doctor Frankenstein encuentra, olvidado por un ilustrado de la época, en un lejano bosque. Las otras dos obras son El Paraíso Perdido de John Milton y la Vida de los hombres ilustres de Grecia y Roma de Plutarco.

Pero es la obra de Johann W. Goethe la que más nos describe el lado humano e infeliz que siente el engendro al verse identificado por el personaje de Goethe al no encontrar la calma espiritual en el mundo de los hombres, al verse despreciado de un amor y el verse alejado del poder amar a su amada.

Quizá cualquier lector indagará que estas palabras no tienen fundamento, pues el monstruo creado por Víctor Frankenstein siempre se nos ha mostrado como un ser insensible y de pocas palabras, cuando no lo es así.

La maldad que se engendra en el monstruo se deriva del rechazo que los hombres sienten por su fealdad infinita. El cine se ha quedado corto a la hora de llevar un clásico de la literatura en su totalidad, y uno de estos textos es el Frankenstein de Mary Shelley, salvo la última versión de la película dirigida y protagonizada por Kenneth Branagh, que trata de acercarse a la novela, pero que desvirtúa varios de los acontecimientos del texto, como por ejemplo, la creación de la novia del monstruo: en la película Elizabeth es transformada en una no-muerta, pero en la novela Frankenstein desiste de ese proyecto al imaginar que en un futuro la prole de su creación devaste al mundo de sus hijos, en ningún momento Elizabeth es revivida por Víctor.

Otro detalle que es obviado por el cine, es la presencia de un tercer hermano de Víctor, Ernesto, que es el único que queda vivo de la saga de Frankenstein. Este Ernesto es nombrado como segundo hermano de Frankenstein y sólo le oímos hablar cuando Víctor regresa de Ingolstadt, lugar donde crea a su engendro y le deja abandonado el día del nacimiento macabro:

[...] En aquel momento entró Ernesto, había oído el ruido producido por mi llegada y se vistió con la mayor celeridad para acudir a darme la bienvenida. Me comunicó la alegría que sentía al verme de nuevo, pero sus palabras estaban llenas de tristeza.
- Sé bienvenido, querido Víctor -dijo - . Lamento que tu llegada no se haya adelantado unos meses. Entonces nos hubieras encontrado viviendo gozosos y felices. Pero ahora vienes a compartir un dolor que nada podrá aliviar....

Éste es al único ser que Víctor parece no tener en alto grado en estima, pues sus preocupaciones están en torno a Elizabeth, a su padre, a su pequeño hermano William y a su amigo Henry Clerval. Es quizá por ello que se salva, pues el monstruo, como si leyera los sentimientos de Frankenstein, va eliminando a los seres más queridos a su corazón y la distancia que tiene a su hermano, sea respeto o apatía, le aleja de las garras del monstruo.

Asimismo se salva Robert Walton, quien en el camarote de su barco le aprende a querer como un amigo, a lo que Víctor le contesta:

- Le agradezco, Walton -me dijo - , la buena disposición que demuestra para con alguien tan mísero como yo. ¡Ay!, usted me habla de nuevos afectos, de nuevos amores!...¿Qué otro hombre podría reemplazar en mi corazón el lugar de Clerval? ¿Qué mujer podría reemplazar a Elizabeth?...los compañeros de la niñez tienen sobre nuestra alma una influencia que no puede suplir ningún amigo conocido con posterioridad.

Cuando el monstruo habla con Walton, le aclara que ya no cometerá más crímenes, pues al morir su creador; su padre, ha muerto con él la naturaleza de su ser y el único ser posible de crearle a este Adán de lo horrorífico, una Eva.

"El mal se convirtió para mí en el bien”, expresa el monstruo a Walton, al ser rechazado el engendro o demonio, como le llama su creador, se da a la tarea de purgar sus penas y su soledad con los crímenes de los seres queridos de Víctor Frankenstein. Primero es William quién por azares del destino cae en las manos del monstruo, luego culpa a Justine de la muerte de esté, astutamente sigue a Frankenstein y le pide la creación de una mujer que ame su deformidad y calme el fuego de su corazón.

Es aquí cuando Víctor rompe el pacto con su hijo demoníaco, desencadenando en el monstruo un odio total a su creador y ello lo lleva a asesinar a Henry Clerval y vuelve a inculpar a Frankenstein en el asesinato de su mejor amigo, cuando Víctor es hallado en las costas de Irlanda en un naufragio de soledad y desorientación, tierras a las que Mary Shelley llama despectivamente “maldita tierra irlandesa”.

Henry Clerval... asesinado por el engendro a quien yo había dado vida... recordé, estremeciéndome, el loco entusiasmo que me había impulsado a la creación de mi implacable enemigo y la noche en la que conseguí darle vida.

El personaje de Víctor Frankenstein es un ser enfermizo y somnoliento, después de que quiso ser Dios y darle vida a la materia inerte. Asimismo aparece la imagen de la ciencia racionalista en la imagen del señor Krempe, quien se ríe de las lecturas prematuras de su pupilo, cuando le habla de las obras de Cornelius Agrippa. [...] jamás hubiera podido creer que descubriría, en nuestro científico siglo, a un anacrónico discípulo de Alberto el Magno y de Paracelso. Amigo mío, no queda otra solución que comenzar por el principio.

Al contrario del señor Waldman quien sugiere al nuevo estudiante universitario señor Frankentein los libros que debe leer, y los cuales le abren la interrogante y la respuesta del ciclo vida-muerte.

La novela empieza a tomar una pincelada de suspenso desde que Víctor señala: [...] Tras jornadas enteras de inimaginable trabajo, había logrado, al precio de una fatiga insoportable, penetrar en los secretos de la generación y de la vida. ¡Qué digo! ¡Mucho más todavía! Era ya posible para mí dar vida a una materia inerte.

Luego la zozobra comienza con la historia de un ser que pareciera sólo estar en las pesadillas del doctor Frankenstein, y como una sombra aterradora se va expandiendo por todo el relato. Sabemos de la existencia del monstruo por la construcción de la narración del científico que retó a la humanidad en convertirse en un Dios dador de vida.

Pero es en la caverna (símbolo iniciático, donde según las tradiciones antiguas le es dado a los hombres el conocimiento, y donde el hombre “primitivo” inventó el fuego, fuego que según la mitología griega fue robado por Prometeo a los hombres, fuego que es alusivo a vida, por lo que Mary Shelley intitula a su novela Frankenstein o el Prometeo Moderno), donde el monstruo se quita la máscara de la maldad, para mostrarnos un ser con sentimientos, que es expulsado del paraíso por su fealdad.

Es característico de igual manera la alusión del Paraíso Perdido de Milton en la obra de Shelley, hipertexto clave de Frankenstein. El monstruo como el ángel caído de Milton es expulsado del mundo de los hombres, al aparecer como diferente ante la sociedad civilizada. El monstruo pide a su creador que le haga una compañera y, se exiliara en el lugar más alejado y desértico del planeta. Hace alusión a las tierras de América del sur, para esta fecha inexploradas en su totalidad.

Asimismo, el personaje de Elizabeth carece de vida, salvo que ama a Víctor, pero Shelley centra su escritura en la paranoia del Creador-ser creado. Es quizá no con Laudano que Víctor acaba con sus sufrimientos, sino con el conocimiento de que su criatura en el fondo es mortal y morirá exterminado con él, una raza diabólica que sin razón él había creado.

La historia nos es dada por medio de las cartas de Robert Walton a su hermana Margaret, y el relato del doctor Frankenstein a éste. El monstruo al final, como la novela, se pierde en la eterna noche.

En los últimos días revisando mi biblioteca hallé Frankenstein, y quise releer esta historia que desde niño había creado en mí los más grandes horrores, y al final de la hoja había una nota mía escrita años atrás: “Yo no creo en Dios pero me hace mucha falta”.

Y quizá en esta disyuntiva se encuentra el Frankenstein de Mary Shelley, una novela que para su época cuestionó los adelantos de la medicina y la ciencia, cuestión que para ese entonces era desafiar la naturaleza de un Dios creador y que San Agustín muy bien había planteado en su concepto del mal, como una ausencia total del bien.

Lo que es claro es que el mal devora sólo lo que nos es querido, por ello Ernesto Frankenstein sigue viviendo, pues él no sabe ni es culpable de la maldad engendrada en su hermano, al querer igualarse a Dios. Y como la peste, sólo ataca a aquellos que están cerca del virus, en todo caso, queda en el lector la pregunta, ante el relato de Frankenstein: ¿quién es el verdadero monstruo? Es la mole creada de desperdicios humanos, o el ser creador que en un cerebro maquiavélico termina siendo devorado por el engendro creado.

Mary Shelley

Mary Shelley
(1797-1851)







Frankenstein

Cartel de la versión cinematográfica de Frankenstein de Kenneth Brannagh.









Victor Frankenstein

Kenneth Brannagh caracterizado como Víctor Frankenstein.









Frankenstein

El personaje de Elizabeth, interpretado por Helena Bonham Carter, es uno de los puntos claves de la historia.

 





Frankenstein

Robert de Niro, como el monstruo creador por Víctor Frankenstein.








Cornelius Agrippa

Cornelius Agrippa
(1486-1535)

 

 

 

 

John Milton

John Milton
(1608-1674)

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