Publicada
en 1818, Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary
Shelley,
al contrario de los films basados en este texto, no
es una historia de terror, la novela esta destinada
más a suscitar en el lector ese angustiante y
profundo pavor ante dos misterios que el doctor Víctor
Frankenstein intenta descifrar: la vida y la muerte.
Y sin duda Johann W. Goethe contribuirá en la elaboración de este
personaje, pues el doctor Víctor Frankenstein es el vivo reflejo de este escritor, alquimista, masón,
científico, viajero y poeta dotado de habilidades
psíquicas, Goethe es sin duda,
la máscara que usa Mary Shelley para
crear al científico que quiere ser Dios.
Cuando uno termina de leer la novela
de Mary Shelley, se pregunta por qué
la criatura es un monstruo, cuando se atreve a hablar
de Goethe y el texto Werther.
El engendro en su primer diálogo con el creador
exalta a este texto y llega a comparar su sufrimiento
con el joven Werther, llegando al extremo de
pedirle que le haga una compañera, para calmar
su angustia de no llegar a cometer el suicidio de Werther por Carlota. El monstruo le dice a su padre:
“Me resultaría muy difícil
explicaros los sentimientos que aquellas obras despertaron
en mí. Ellas llevaron a mi espíritu un
cúmulo de imágenes nuevas y sensaciones
desconocidas que, a menudo, me sumergieron a partir
de entonces en un mar de perplejidad y desaliento. En
el Werther, por ejemplo,
además de su atractiva historia, sencilla y conmovedora,
se examinan tantas opiniones y se iluminan con tan inmensa
luz ciertos temas, que hasta aquel momento habían
permanecido para mí oscuros e incomprensibles,
que hallé en el libro una inagotable fuente de
asombro y de reflexión.
Las tranquilas costumbres domésticas
que se describen y los sentimientos nobles y altruistas
de sus personajes armonizaban a la perfección
con aquellos que me hacía experimentar la contemplación
de las personas a quienes me gustaba llamar mis protectores,
y con los más profundos deseos que comenzaban
a desvelarse en mi interior. Werther me pareció
la criatura más divina de todas cuantas me había
sido concedido ver o imaginar, con tanta profundidad
está tratado un personaje de tal sencillez. Sus
meditaciones sobre el suicidio y la muerte parecían
hechas a propósito para remover en mí
un cúmulo de encontrados pensamientos.
No tenía la pretensión
de juzgar el caso pero, pese a ello, me sentía
muy próximo a las opiniones del protagonista,
cuyo suicidio me hizo derramar ardientes lágrimas,
aunque no lograba comprenderlas por entero”.
Es aquí donde el monstruo nos
revela su parte humana, él puede amar y llegar
a ser amado. La novela de Goethe fue
muy aclamada para su época, dando inicio al movimiento
literario conocido como Romanticismo, este texto sin
duda, fue leído y releído por Mary Shelley, y ella es quién habla
por la boca del monstruo para exaltar a Goethe,
y acaso eso no es lo que hace el monstruo, exaltar a
su creador, al final del texto sabe que al morir el
doctor Frankenstein, está muriendo él.
Diez años antes de la publicación
de Frankenstein, Goethe había publicado el Fausto.
Como es sabido por todos el personaje de este texto
es un ser erudito individualista, que vive al margen
del dogma investigando el origen del mundo y sus fenómenos,
como lo hace el personaje creado por Shelley. Fausto hace un pacto con el Diablo,
al que le vende su alma a cambio de oscuros saberes
y acaba pagando su atrevimiento con infernales torturas,
algo que le sucede al doctor Víctor Frankenstein, en el texto de Shelley se plantea que Víctor ha encontrado la clave de la
vida, pero nunca se nos es revelado, sabemos que debido
a la lectura de libros prohibidos y la amistad con profesores
de la Universidad de Ingolstadt (Krempe, profesor
de filosofía natural y el profesor Waldman,
experto en Química y otras ciencias). Así
como el Fausto, Frankestein parece
hacer un pacto con una fuerza maligna del más
allá que termina eliminándolo.
Es posible que Mary Shelley se
inspirara en la vida de Goethe para
recrear a su personaje. Goethe no sólo
fue escritor, sino que se dedicó a estudiar otras
artes, creando textos como La
metamorfosis de las plantas, obra que estimularía
el pensamiento de Darwin (1809 -1882)
en su Evolución de las
especies. Recordemos que Mary Shelley empieza su novela recordando al abuelo de Charles
Darwin, el doctor Erasmus Darwin,
lo que justifica que esta escritora no era ajena a los
movimientos científicos de su tiempo: “El
hecho que fundamenta esta narración imaginaria
ha sido considerada por el doctor Darwin y por otros
escritores científicos alemanes (estará
refiriéndose aquí a Goethe) como perteneciente, hasta cierto punto, al campo de
lo posible”.
Recordemos que entre 1783 y 1785 Goethe se dedicará a estudiar Anatomía y descubrirá
el hueso intermaxilar. Asimismo, destacó Goethe como investigador de los fenómenos de la percepción
cromática, que expuso en Teoría de los Colores, obra de la que
nuestro escritor se sentía enormemente orgulloso.
Ese interés por la ciencia natural como la del Frankenstein de Mary Shelley,
es lo que hace, si recordamos, Fausto transformándose
de un criminal inconsciente, aunque bueno, en un ser
lúcido pero cansado de la ciencia convencional,
de tal modo que invoca con artes mágicas al Espíritu
de la Tierra para que les ayude a encontrar la verdad.
Asimismo, como la vida sentimental de Víctor Frankenstein es destruida por
el monstruo, Goethe parece no ser feliz
en este campo, a pesar de haber gozado de varias amantes,
su imagen reflejada en Werther como su espejo
puede explicarnos que nunca llegue a darse la unión
de Werther y Carlota, y recordemos
que el impedimento no es Alberto, caso similar
es la relación de Víctor y Elizabeth,
acaso el monstruo es la materialización de aquello
que se opone a la felicidad, por a éste serle
prohibido amar. Werther nos recuerda en una
de sus cartas a Guillermo: “¿qué
es para nuestro corazón el mundo sin amor?”.
Otros aspectos que me llevan a pensar
en Goethe como personaje del moderno Prometeo, son las similitudes de lugares a
los que viajó este escritor y la ruta que sigue Víctor Frankenstein en la novela, nombres
como Suiza, Rin, Italia, Sicilia, son nombres que suenan
en nuestro oído, los Alpes suizos que tantas
veces recibieron a los ojos de Goethe,
será el hábitat maldito de la criatura.
En su obra autobiográfica Poesía y Verdad el escritor se pregunta: “...sobre la sabiduría y la clemencia
de un Dios que deja a la merced de tal ruina tanto al
justo como al injusto”.
Es sabido que Goethe tras una extraña enfermedad que le hizo vomitar
sangre, acudió a un tal doctor Metz,
personaje enigmático en su tiempo, versado en
la medicina de Paracelso y en la tradición
rosacruz. Se cuenta que esté logro curarle administrándole
misteriosos remedios, este episodio despertó
un gran interés por la filosofía y las
ciencias de la naturaleza en Goethe,
cuestión que le lleva a estudiar el Aurea
catena Homeri , tratado de alquimia medieval,
que pasara a ser el libro de cabecera de Goethe y que le llevara a esbozar sus futuros trabajos científicos
sobre las plantas y los colores.
Siguen sus estudios, entre otros, a Paracelso, Cornelius Agrippa y Giordano
Bruno. Estos textos coincidencia o no, son
los primeros libros según Shelley que lee Víctor Frankenstein, y que luego
es atacado en la Universidad por leer libros versados
según los maestros de Víctor en
fantasías, pero que son la base para que dé
la vida a la carne muerta.
Otro detalle que relaciona a Goethe con el personaje de Shelley es el ingreso
entre 1771 y 1772 de Goethe al grupo “Sturm und Drang” , donde inicia la
composición del Fausto. Un recuerdo
es, que el cambio de perspectiva que tuvo Goethe sobre su Fausto la tuvo
en este grupo, cuando su etapa de búsqueda ocultista
dio paso a la época científica de Goethe.
Si es bien cierto que como dice Mary
Shelley en su prólogo a su novela que: “El fundamento de mi relato me fue sugerido
por una simple conversación”, no podemos
ser ajenos que Shelley vivía
el embrujo goetheano de esta época, por lo que
es difícil desligar ese lazo. El sufrimiento
de Víctor Frankenstein no es indiferente
a Goethe, pues él mismo dejó
escrito las siguientes palabras: “Mi vida
ha sido el eterno danzar de un guijarro que una y otra
vez quiso ser levantado”. Y Víctor
Frankenstein finaliza su vida con las siguientes
palabras: “...Es posible que, allí
donde yo fracasé, otro logre alzarse con el triunfo”.
Y Goethe antes de cerrar sus ojos exclama: "¡Abrid los postigos para que entre más
luz”.
La eterna pretensión humana de
igualarse a los dioses y las prácticas científicas
y literarias de la época se reunieron en la mente
del doctor Víctor Frankenstein en la
ficción y en Johann W. Goethe en la realidad. Ambos soñaron con alcanzar la
eternidad con sus obras, y así lo hicieron en
estos dos mundos paralelos.
|

Portada original de Frankenstein,
de Mary Shelley

Johann W. Goethe
( 1749-1832)

Portada de la primera edición de Los
sufrimientos del joven Werther,
de Goethe.

Fausto, según
la editorial WW Norton & co. (2000)

Erasmus Darwin
(1731-1802)

Círculo cromático de Goethe.

Portada original del Aurea
Catena Homeri.

Paracelso
(1493-1541) |