La vida de Lovecraft es, en cierto sentido, tan fascinante como su obra.
No precisamente porque la suya haya sido una vida aventurera.
En todo caso, la aventura de Lovecraft transcurrió en su mundo interior, en su alma
de soñador torturado por profundas contradicciones,
en su dolor por sentirse un ser ajeno al mundo en que
vivía.
Seguiremos a Rafael Llopis en su ya clásica biografía, que fuera
publicada en la edición de Los
Mitos de Cthulhu de Alianza Editorial.
Howard Phillips Lovecraft nació
en Providence (Rhode Island, Estados Unidos), el 20
de agosto de 1890. De sus progenitores no hay mucho
para elogiar. Su padre, Winfield Scott Lovecraft,
era un viajante de comercio que prácticamente
nunca convivió con su hijo y que murió
cuando este tenía ocho años. Su madre, Sarah Susan Phillips, de la que él
fue vivo retrato, era neurótica y posesiva y
volcó todas sus muchas insatisfacciones en el
pequeño Howard.
En su Introducción
a la literatura norteamericana, Jorge
Luis Borges nos dice que Lovecraft, "muy sensible y de salud delicada, fue educado
por su madre viuda y sus tías. Gustaba, como Hawthorne, de la soledad, y aunque
trabajaba de día, lo hacía con las persianas
bajas". Se crió sobreprotegido y solitario,
leyendo en la gran biblioteca de su abuelo.
Desde muy pequeño sintió
una morbosa aversión al mar (según Wandrei,
a partir de una intoxicación por comer pescado
en malas condiciones). Siempre fue ateo. Hablando de
sí mismo en tercera persona, dice el propio Lovecraft: "A pesar de que su padre era anglicano y su madre
anabaptista, a pesar que desde muy pequeño estuvo
acostumbrado a los cuentecillos de rigor en un hogar
religioso y en la escuela dominical, nunca creyó
en la abstracta mitología cristiana que imperaba
en torno suyo. En cambio fue un devoto de los cuentos
de hadas y de Las Mil y Una
Noches, en los que tampoco creía, pero
los cuales, pareciéndole tan ciertos como la
Biblia, le resultaban mucho más divertidos".
Su primer relato, La
bestia de la cueva, imitación de los cuentos
terroríficos de la tradición gótica,
fue escrito a los quince años de edad. En su
adolescencia, racionalista y lógico cien por
cien, se dedicó a imitar a los escritores del
siglo XVIII. Odiaba la luz del día. Pero en las
noches revivía para leer, para escribir, para
pasear por las calles solitarias y, sobre todo, para
soñar. Lovecraft vivía
por y para sus sueños. En ellos experimentaba
"una extraña sensación de expectación
y de aventura, relacionada con el paisaje, con la arquitectura
y con ciertos efectos de las nubes en el cielo".
Este goce estético fue el que, según Derleth,
le impidió suicidarse.
A los veintitantos años, abandonó
su estilo dieciochesco y adoptó el de su gran
ídolo de entonces: lord Dunsany. Los Cuentos de un Soñador, El Libro de las Maravillas y Los
Dioses de Pegana se convirtieron en sus libros
de cabecera.
Y en 1917, a los 27 años de edad,
publicó su primer relato fantástico: Dagon,
en la revista Weird Tales. A éste siguieron otros,
la mayor parte de los cuales se publicó en la
misma revista. En 1921 sucedieron dos que habrían
de cambiar la vida del joven Howard.
La pequeña fortuna familiar se había ido
agotando y, por fin, cayó por debajo del mínimo
vital en el mismo año que falleció su
madre. Howard se sintió perdido
en el mundo, pero reaccionó en forma positiva.
El sólo sabía una cosa: escribir. Y decidió
ganarse la vida como escritor de cuentos de miedo, como
crítico, como corrector de estilo, como lo que
fuese, con tal que tuviera relación con la pluma.
El trabajo abrió notablemente
su panorama social. A la fuerza tuvo que relacionarse
con gente y, aunque sus cuentos pasaron inadvertidos
para el gran público, hubo quienes se interesaron
por ellos y escribieron al autor.
Y entre sus corresponsales se fue creando el que más
tarde se llamaría "Círculo de Lovecraft".
Bautizó a sus corresponsales y
amigos con nombres sonoros y exóticos: Frank
Belknap se convirtió en Belnapius, Donald Wandrei en Melmoth, August Derleth en el Conde d`Erlette, Clark Ashton Smith en Klarkash-Ton, Robert Bloch en Bho-Blok, Virgil Finlay en Monstro Ligriv, Robert Howard en Bob-Dos-Pistolas.
El mismo firmaba sus cartas como "el
sumo sacerdote Ech-pi-El" (transcripción
fonética inglesa de sus iniciales H.P.L.), como Abdul Alhazred o como Luven-Kerapf.
De ésta, su época de apertura,
datan Los mitos de Cthulhu.
El primero de sus relatos perteneciente a éste
ciclo es La ciudad sin nombre (1921), que todavía conserva el estilo dunsaniano
de su juventud. En El ceremonial (1923) aún quedan algunos ecos dunsanianos, pero
la acción transcurre ya en Nueva Inglaterra.
Sus cuentos, aun los no pertenecientes a los Mitos,
se sitúan ya indefectiblemente en su región
natal, casi siempre en sus zonas rurales. A partir de La llamada de Cthulhu (1926),
los mitos adquieren su forma adulta y definitiva, en
colaboración con todo el Círculo de Lovecraft.
Los mitos de Cthulhu son una obra colectiva que cristalizó en torno
de un hombre solitario. También de esta época
de apertura social data su amistad con Sonia
Greene, diez años mayor que él. Lovecraft era entonces un asiduo colaborador
de revistas de aficionados y ella trabajaba en la United
Amateur Press Asociation. Se casaron en 1924 y establecieron
su hogar en Brooklyn. Lovecraft sentía
verdadero horror por el sexo y se divorciaron tres años
más tarde.
Tras la separación, regresó
a Providence y se dedicó a escribir, leer e investigar
la historia de Nueva Inglaterra. Hizo algunos viajes
pero, con el tiempo, se fue hundiendo en un creciente
pesimismo y misantropía.
Murió de cáncer intestinal
e insuficiencia renal el 15 de marzo de 1937. Tenía
47 años.
Cuando sus obras se publican en forma
de libro en la década del ´45, comienzan
las traducciones en francés y español,
y crece su popularidad en la literatura europea y mundial.
Su fama es póstuma y se debe principalmente a August Derleth (1909-1971).
En lengua española sus relatos
son traducidos por primera vez en Argentina: en Buenos
Aires la editorial Molino publica en la década
de 1940 dos libros con relatos de Lovecraft.
En 1957 Minotauro publica la antología titulada El color que cayó del
cielo. En España, Alianza edita en 1968 Los mitos de Cthulhu,
antología con relatos de Lovecraft y otros autores.
Otras editoriales, como Bruguera, Ediciones
de Bolsillo, Seix Barral y Acervo, también publicaron
libros de Lovecraft. Sus relatos aparecieron
también en numerosas revistas especializadas
y fanzines españoles y latinoamericanos. En 1975 Jorge Luis Borges dedica un cuento
a la memoria de Lovecraft, titulado There are more things (en El libro de arena).
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