Imagínense
una tierra mágica, en la que los animales
hablan, los espíritus de los bosques y
los ríos tienen gran poder, sus habitantes
son libres de preocupaciones o desastres. Pues,
aunque cueste un poco hacerse a la idea, este
mundo lleva existiendo en los corazones de millones
de personas en todo el planeta gracias a un solo
hombre, C.S. Lewis, que tuvo
la magnífica idea de crear Narnia.
Narnia, creada tras una canción melodiosa,
tierra de reyes juiciosos en la que los centauros
y los faunos trotan sin preocupación, en
la que los castores invitan a tomar el té
y pastel a los invitados, o los enanos crean maravillosas
coronas a partir de árboles de oro o plata,
es un símil estupendo para recrear la lucha
continua entre el bien, siempre Narnia y sus defensores,
y el mal.
Las crónicas de
Narnia, obra de siete títulos, se
desarrolla en diversos momentos de la historia
de nuestro planeta. Así, en el primer título
los niños que descubren Narnia, Polly y Digory, viven en una época anterior
a la primera guerra mundial, mientras que los
que se adentran en Narnia en la segunda entrega
a través de un armario mágico (Peter, Susan, Lucy y Edmund)
están evacuados en la casa del anciano
profesor Digory por miedo a los bombardeos
nazis sobre Londres.
No obstante eso no es problema alguno para poder
jugar con tiempo terrestre y narniano, puesto
que este último va mucho más rápido
que el primero, y no es por tanto extraño
que la tercera entrega se desarrolle en los tiempos
en que Peter el Magnífico, Susan
la Benévola, Edmund el Justo,
y Lucy la Valiente reinasen en Narnia.
Pero esto es adelantar acontecimientos, y aún
no les he comentado que hay un farol, una bruja,
un armario, un caballo, un muchacho, un mago,
y muchas más criaturas decisivas para hablar
de la historia de Narnia, país que, como
es absolutamente genial para vivir, se ve expuesto
a los deseos de criaturas malignas o codiciosas
que desean invadirla o hacerla suya. Y eso es
algo que ningún verdadero narniano puede
permitir.
Tras estas dos primeras entregas, la trama de
la historia se desarrolla tras la vuelta de los
hermanos Pevensie (Peter, Susan, Edmond, y Lucy, a quienes Aslan había nombrado reyes de Narnia) a su casa
en Inglaterra. Ahora, tras las vacaciones los
niños están esperando a que llegue
el tren que los conducirá hasta sus respectivos
colegios. Todos han crecido, y no solo me refiero
a haber ganado altura.
Sin embargo, en vez del esperado transporte
terrestre los hermanos se ven transportados a
un paisaje ruinoso. Cuál no será
su sorpresa al darse cuenta que se trata de Cair
Paravel, su antigua residencia narniana cuando
reinaban el país, y que llevan más
de cien años (siempre en tiempo de Narnia,
en el nuestro, tan solo unos meses) sin aparecer.
Durante todos estos años Narnia ha estado
dominada por diferentes tribus, etnias, etc. y
la última, los telmarinos, hombres venidos
de más allá de las Montañas
Occidentales, han silenciado los árboles,
los espíritus, y hasta a los animales.
El rey Miriaz, soberano de Narnia en
estos momentos, hombre sin hijos que tiene a su
cargo a su sobrino, el príncipe Caspian,
no quiere siquiera oír hablar de “los
Viejos Tiempos”; es decir, de la época
en la que reinaban Peter el magnífico, Susan la benévola, Edmond el justo y Lucy la valiente.
La apacible vida de Caspian se verá
sacudida de la noche a la mañana el momento
en el que Miriaz consigue tener el tan
ansiado heredero. Alertado por su maestro, un
medio enano, Caspian huye del castillo
y, tras enterarse de la historia del país
por parte de “rebeldes” (enanos, tejones,
ardillas, ratones, osos, todos parlantes) decide
arrebatarle el trono a su tío.
En una lucha sin igual, los reyes de los Viejos
Tiempos y el príncipe Caspian se enfrentarán a todos aquellos que no
crean en los espíritus, la magia y, en
definitiva, en Narnia.
El quinto número de esta fantástica
serie, La travesía
del Viajero del Alba empieza con la insólita
noticia de la separación de los ya famosos
hermanos Pevensie durante las vacaciones
de verano. Peter se ha quedado estudiando, Susan irá de viaje a los EEUU
con sus padres, y los pequeños Edmond y Lucy tendrán que quedarse en
casa de sus tíos Harold y Alberta,
y lo peor de todo, con su horrible primo Eustace,
un niño repelente que no llama a sus padres
“mamá” y “papá”,
sino “Harold” y “Alberta”.
Sin embargo, esta estancia no va a ser ni la
milésima parte de aburrida de lo que ellos
pensaban, puesto que de golpe y porrazo aparecerán
en medio del mar, nadando para subir a bordo de
un pequeño, pero magnífico barco
llamado Viajero del Alba.
Ésta es la embarcación que ha
conseguido el príncipe Caspian echar a la mar para ir en busca del paradero de
los amigos de su padre (lord Revilian, lord Bern, lord Argoroz, lord Mavramorn,
lord Octesian, lord Restimar y lord Rhoop),
a quienes el malvado rey Miriaz había
enviado a explorar los desconocidos Mares Orientales,
y que jamás habían regresado.
La travesía del
Viajero del Alba relata, precisamente,
las distintas paradas, aventuras, misterios, y
situaciones comprometidas que tuvieron lugar durante
todo el trayecto hasta llegar al Fin del Mundo,
siempre hacia el este.
En este libro no faltan dragones (aunque no
como el lector se lo podría imaginar),
seres invisibles, maldiciones, sortilegios, motines
y hasta críticas muy duras en contra del
tráfico de esclavos, política que
aún en los tiempos de C.S. Lewis se seguía practicando en muchas partes
del mundo.
La obra de C.S. Lewis, amigo
y contemporáneo de J.R.R. Tolkien,
está disponible ahora en un formato estupendo
de tapa dura con unas portadas increíbles
que recogen las esencia de cada título
de esta obra. Por cierto, no se extrañen
por la aparición de un león en cada
portada, es un personaje importantísimo
para entender la historia del país de Narnia.
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Las Crónicas de
Narnia
I, II, III , IV y V
C.S. Lewis
Ediciones Destino
256 páginas
11,95 euros
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