El
mal, tal y como lo concebimos, con sus iconografías
del Diablo, demonios y demás seres malignos,
no es nada en comparación con lo que el
ser humano es capaz de acometer para lograr sus
propósitos.
Cierto es que hay personajes en la historia
que se pueden considerar malvados, e incluso perversos,
pero hay uno que, y tras haber leído este
libro, lo podemos incluir entre los hijos legítimos
del señor del Infierno.
Este personaje, que desafortunadamente para la
humanidad sí que existió, mantuvo
a toda una región de Hungría bajo
su dominio terrorífico a principios del
siglo XVII. Su política de mandato, pues
era una Señora de sus tierras que cobraba
los impuestos en sus feudos, se basaba en el secuestro,
la tortura y el asesinato de cuanta joven muchacha
se pusiera al alcance de su vista. La razón
de tan singular y deleznable comportamiento era
la siguiente: Ella no quería envejecer,
y creía que la sangre de jóvenes
vírgenes la mantenía atractiva,
bella; en definitiva, joven.
Este singular libro nos desvela quién
fue este espantoso personaje, gracias a las memorias
que poco a poco está escribiendo un viejo
sacerdote. Éste considera que le debe a
las víctimas de Ella destapar la verdad,
para que así todos sepan el qué,
el por qué de todo, y lo más crudo,
el cómo se llevaba a cabo, y dónde.
Para las personas que quieran acometer la lectura
de este escalofriante, aunque extremadamente interesante
libro, les dejamos la descripción que de
este personaje hace el autor del libro, Javier
García Sánchez:
Ella, hija del Trueno y de la Noche.
Ella, amante de la Luna.
Ella, madre del Grito y hermana del Miedo.
Ella, soberana de la Oscuridad.
Ella, emperatriz de las Sombras y diosa de la
Sangre.
Ella, guía del Abismo y de los sueños,
carcelera.
Ella, sonámbula del Horror.
Ella, sacerdotisa del Martirio y de la Pureza,
verdugo.
Ella, maldición de las Bienaventuradas
y de las almas limpias, Llaga.
Ella, de la iniquidad, Pontífice
Ella, de la vida, Sepulcro.
Ella, de la muerte, Señora.
Ella, la Muerte.
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