Si
hay una novela de Julio Verne que se haya popularizado en una disciplina que
no sea la propiamente literaria es De
la Tierra a la Luna. La causa es que ésta
fue la primera novela del escritor adaptada al
cine por otro de los grandes visionarios del siglo
XX, Georges Méliès,
en 1902.
Julio Verne publicó ésta,
su cuarta novela, en 1865 una vez hubiera abandonado
su trabajo como corredor de Bolsa. En ella el
escritor francés relata la misión
del Apolo XII ciento cuatro años antes
de que el hombre pusiera su pie en la Luna.
Y si no me creen comprueben los paralelismos
entre el escrito de Verne y la
misión original del Apolo XII: la cápsula
espacial que describe el escritor y la de la misión
espacial norteamericana pesaban y medían
exactamente lo mismo; las dos estaban tripuladas
por tres hombres, de apellidos similares; las
dos salen del mismo sitio, Florida; y el coste
en dólares de la misión descrita
en la novela de 1865 equivale al coste que tuvo
la misión espacial de 1969 en la misma
moneda.
En lo único que no acertó el escritor
francés fue en el punto exacto en el que
alunizó el Apolo XII, tan solo por cuatro
kilómetros.
No es de extrañar que en la cara oculta
de la Luna exista un monte bautizado tras el personaje
de Verne.
La historia, como las grandes narraciones del
francés, es tan electrizante que uno se
siente parte de la tripulación de la nave
que acaba llegando hasta la superficie del satélite,
demostrando la valía literaria de este
autor.
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