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Literatura fantástica
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EL DR. JEKYLL Y MR. HYDE (1886), DE ROBERT LOUIS STEVENSON

El Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde fue escrito a finales de 1885 en Bornemouth. Robert Louis Stevenson, de 35 años, estaba en cama, recuperándose de su última crisis pulmonar -por aquel entonces ignoraba que nueve años más tarde la tuberculosis le acabaría venciendo. En su postración había tenido un sueño revelador: había imaginado una historia de terror protagonizada por un individuo de personalidad doble que sembraba el pánico por las calles de Londres.

A su esposa Fanny el relato no la convenció. Consideraba que la trama daba para mucho más que para una simple historia de terror, y que las implicaciones morales podían llevar a hacer una novela donde se abordaran aspectos más profundos de la condición humana. Después de mucho resistirse, Stevenson decidió rehacer el relato y centrarse en la problemática interna del protagonista, y no tanto en sus actos macabros. El resultado fue el manuscrito inicial de El Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. El acierto del nuevo enfoque fue total, la Sra. Stevenson mediante.

Para entender algunos aspectos de la novela, como la dualidad del protagonista, algunos críticos han hecho notar la influencia que sin duda tuvo sobre Stevenson su Edimburgo natal. La ciudad escocesa, aquellos primeros años del siglo XIX, era en realidad dos ciudades en una: por un lado había la Edimburgo de la New Town, la de los barrios respetables, religiosos y bienpensantes, y por otro había la Edimburgo de la bohemia, los burdeles y la delincuencia. El contraste de una respecto a la otra fue lo que, en opinión de algunos críticos literarios, despertó en Stevenson la fascinación por el tema de la dualidad de la naturaleza humana y le dispensó los materiales con los cuales construir la historia de Jekyll y Hyde.

De todas formas, parece que la idea de Stevenson no era del todo original. Los estudiosos se han encargado de buscar -y encontrar- todo tipo de precursores a la historia del Dr. Jekyll, desde el cuento de E.T.A. Hoffman El elixir del diablo (1816) hasta El caballero doble (1840) de Theophile Gautier, pasando por Las memorias privadas de un condenado (1824) de Thomas Jefferson o el William Wilson (1839) de Edgar Allan Poe.

A parte, nos permitimos apuntar también nosotros que la personalidad del ficticio Dr. Jekyll no era ninguna irrealidad esos años. Como testimonio de ello tenemos la misma vida del desventurado Edgar Allan Poe: "Él fue el primero de aquellos seres desdoblados, de aquellas naturalezas escindidas, de aquellos espíritus mitad pensamiento y mitad sentimiento que constituyen la problemática creación literaria de toda la época", nos dice Arthur Moeller.

El Romanticismo se encargó sobradamente de construir doctores Jekyll, individuos melancólicos, pesimistas, de sensibilidad extrema y proclives a la locura y al suicidio. Individuos como S.T. Coleridge, Lord Byron o Percey y Mary Shelley en Gran Bretaña, o Novalis, Hölderlin o Goethe en Alemania.

Con la losa de su tuberculosis a cuestas, Stevenson hizo un descenso temático a los infiernos más profundos y temidos para los escritores y lectores de la época victoriana: la perversión, el pecado, la culpa, la maldad, la dualidad de aquella sociedad de las apariencias, etc. "Y así consiguió asomarse a la miseria y a la grandeza humanas, para mostrar la verdadera cara del hombre, que tantos rasgos tiene de bestia", dice Marcelo di Marco.

El Dr. Jekyll -que suena casi como “je kill”, es decir, “yo asesino” mitad en francés mitad en inglés- sería la cara del hombre y Mr. Hyde -en inglés el verbo “to hide” significa “ocultar”- sería la bestia que se esconde detrás. "Todos los hombres del mundo son una mezcla del bien y del mal, y Edward Hyde, solo, entre los hombres del mundo, era el puro mal", leemos en el libro.

Escindido en dos mitades, resultaba que una, la original, era el Dr. Jekyll, donde habitaba, como en todos los hombres del mundo, el bien y el mal; la otra mitad, llamada Mr. Hyde, era, en cambio, pura maldad. Y ante los remordimientos y la infelicidad de la mitad original, observamos como la mitad mala y homicida, aquella que actúa según su voluntad sin escuchar a razones o convenciones, es plenamente –terriblemente- feliz. En el fondo, vendría a decirnos, todos deseamos liberar a nuestro Edward Hyde.

Y la llave de las cadenas que sujetan al monstruo es un brebaje, una poción mágica que el Dr. Jekyll ha inventado en su laboratorio. Después de bebérsela nos dice: "Mi demonio, que había estado encerrado durante un tiempo, salió rugiendo". Podemos ver en este elixir una referencia a la importancia que tenían las drogas en aquella generación romántica inglesa: su consumo era usado como estimulante del sueño, de visiones terroríficas, y estaba en perfecta sintonía con una tendencia que reflejaba el ambiente de una época fascinada por la exploración del subconsciente a través del sueño. Ya nos decía Vladimir Nabokov que en nuestra novela incluso las cámaras subterráneas y los corredores donde habitaba Edward Hyde hacen pensar en el laberinto del mundo del subconsciente. Eso que Antonio Machado llamaba las “galerías del alma”, cuando cantaba: "Y era el demonio de mi sueño, el ángel más hermoso...".

 

Daniel Genís Mas
publicado originalmente en catalán
en noviembre de 2005 en la revista Mira’m

Robert Louis Stevenson

Robert Louis Stevenson
(1850-1894)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Extraño caso del Dr Jekyll y Mr Hyde

Portada de la primera edición de El Extraño caso del Dr Jekyll y Mr Hyde, publicado por la editorial New York Scribner's en 1886.

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