Desde que tuve poder adquisitivo para visitar
tiendas de cómics, oí hablar
de un tal McFarlane. Al
parecer, dibujaba, y salían un montón
de figuritas luciendo su nombre, así
que en algún momento asimilé
que el susodicho era un dibujante de cómic
que tenía un excelente sentido de
los negocios, lo cual supongo que debe ser
un plus cuando quieres ganarte la vida dibujando.
Más tarde, cuando la casualidad
quiso que terminara un poco más metida
en el mundillo de la viñeta y a medida
que avanzaba por estos páramos inhóspitos
–figurativamente hablando, o quizás
no: la experiencia ya me lo dirá–,
fui comprobando, sin entender muy bien el
porqué, que la mera mención
de McFarlane podía
provocar odios furibundos o alabanzas inacabables.
Así que cuando Eduardo
Serradilla me comentó que había
escrito un monográfico sobre Todd
McFarlane, aproveché la
ocasión para salir de mi ignorancia.
No quedé decepcionada. La trayectoria
de este hombre bien merece un monográfico.
Canadiense de nacimiento, McFarlane
pasará a la posteridad no sólo
por su capacidad creativa –que yo
bien quisiera para mí–, que
le ha permitido manosear, restaurar y crear
una larga serie de personajes que ya pertenecer
al imaginario colectivo –Spider-man
y Hulk, entre otros; sólo
por la creación de Venom
deberían ponerle un monumento–,
sino porque tuvo el valor de dar plantón
a las grandes casas de cómic americano
y montar, con otros profesionales de idéntico
renombre, su propia editorial, Image, donde
Spawn tuvo su punto de partida.
Hasta aquí, todo parece un relato
habitual sobre la vida, obras y milagros
–sobretodo milagros– de McFarlane,
pero el autor del monográfico no
se limita a poner todo esto por escrito,
sino que añade una impresionante
cantidad de anécdotas –la de
las cartas de rechazo que recibió
McFarlane al comienzo de
su carrera me llegó al alma–,
así como aclaraciones sobre los guiños
que el autor incluía en sus dibujos,
que realmente llama la atención.
La lectura de este monográfico
es reveladora. Yo, al menos, la acabé
más sabia y más optimista
que cuando la empecé. Con permiso
de McFarlane, ya tengo
un modelo a seguir.
julio de 2007
|