Hay
ciertas trayectorias que sorprenden por
la buena o la mala estrella que parece determinarlas.
En el caso de Cassaday
parece que nació acompañado
de la conjunción adecuada. Dicen
que es una inmejorable persona. Posee talento
y fama. Es un genio. Un amigo suyo comentó
una vez que es tan bueno que no puede evitar
odiarlo.
Después de leer el monográfico
que le dedica Eduardo
Serradilla a John Cassaday,
sólo puedo afirmar que lo acompaño
en el sentimiento. Y es que un recorrido
por la trayectoria de Cassaday
supone un duro golpe para aquel que tenga
bastante menos inspiración a la hora
de coger un lápiz.
Por otro lado, pasear una mirada por los
títulos en los que ha colaborado
supone un viaje en el que se experimenta
una súbita, irreprimible e insaciable
hambre de lector. Una especie de adicción,
vamos. Lo más deslumbrante de todo
es la evidencia, patente a lo largo de la
lectura sobre sus obras y milagros, de que
Cassaday es dueño
de un don innato para realizar el "más
difícil todavía", superándose
número tras número.
No se sabe a dónde quiere llegar
este hombre, qué va a dejar a los
demás, hasta qué punto puede
perfeccionarse. La pregunta es si quiero
quedarme para verlo. Cuando pienso en lo
que nos puede deparar de cara al futuro,
no puedo evitar sentir escalofríos.
octubre de 2007
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