En
1954, Richard Matheson
publicaba I am legend.
Matheson, uno de los grandes
autores del género de la ciencia
ficción contemporánea –y
uno de los mejores escritores del siglo
XX, según palabras del no menos importante
creador Ray Bradbury- nos
trasladaba hasta un mundo habitado por el
último ser humano. Nuestro mundo,
tal y como lo conocemos, había desaparecido
víctima de una terrible epidemia,
y sólo Robert Neville había
logrado permanecer como un ser humano. El
resto de los supervivientes mutaron en sedientos
vampiros, lejos de todo rasgo de humanidad.
Según el escritor, la idea de escribir
I am legend le vino después
de ver la versión de 1931 de Drácula,
protagonizada por Bela Lugosi.
En aquellos días, Matheson
residía en la ciudad de Nueva York
y, tras ver la película, se le ocurrió
pensar lo que pasaría si una legión
de vampiros dominara las calles de la gran
urbe.
En I am legend,
el escritor, ayudado por su personaje
Robert Neville, nos plantea muchas
de las preguntas existenciales que han condicionado
la vida de los seres humanos, desde el principio
de los tiempos. Puede que la soledad y la
fragilidad de la vida humana, la cual cada
vez tienen más importancia en la
vida de Neville, sean las dos grandes
constantes de toda la narración.
Cuesta imaginar lo que sería la vida
sin el más mínimo contacto
humano. La única compañía
que le queda a Neville son los recuerdos,
los cuales cada vez le hacen más
daño que algún bien. Ni siquiera
el trabajo metódico y la rutina diaria
logran aplacar la sensación de vacío
que inunda todo su ser.
Hay que tener en cuenta que en 1954 el
miedo a la gran devastación atómica
–y sus imprevisibles consecuencias
sobre la población mundial- condicionaron
la vida de muchas personas. Aquellos con
mayores recursos económicos optaron
por construirse refugios nucleares en los
sótanos de sus casas o en el jardín
para poder sobrevivir durante décadas
a los efectos de la radiación.
Neville es uno de esos supervivientes
que ve cómo su vida depende de una
rutina tediosa y de evitar el contacto con
unos seres que han perdido todo rastro de
humanidad para transformarse en unos seres
a los que sólo mueve su apetito.
I am legend,
además de ser uno de los grandes
títulos del género fantástico
de todos los tiempos –y que ha contado
con hasta tres adaptaciones cinematográficas
diferentes, la última protagonizada
por Will Smith este mismo
año- es una terrible parábola
sobre la soledad y la realidad vital del
ser humano en una sociedad que amenazaba
con devorarlo, día tras día.
Neville es un reflejo del hombre
de aquella época, en medio de convulsiones
como la “caza de brujas”, el
miedo atómico, y la amenaza comunista.
Al igual que otras grandes obras del género,
Matheson nos ofrece un
mundo que ha sucumbido a su propia insensatez,
propagando una plaga que termina por borrar
a la humanidad del planeta. En aquellos
años, como puede ocurrir ahora, tras
la caída del bloque soviético
y la proliferación de los integrismo
de todo tipo, el hombre sólo era
un peón en medio de una partida en
la que su vida valía bien poco.
Matheson, además
de contarnos una historia con momentos apasionantes,
tensos o carentes de toda esperanza, plasmó
todos los miedos del hombre de aquellos
tiempos, haciéndonos partícipes
de las vivencias del último hombre
vivo sobre la tierra.
|