| Si
hubiese sido inmortal (o al menos “re-animado”),
Howard
Philips Lovecraft cumpliría este viernes
20 de agosto 114 años. Sin embargo, fue
desde niño muy enfermizo y un cáncer
intestinal acabó con toda una vida pobre
y solitaria. Perdió a su padre con 8 años
y a su madre a los 29. Ambos habían enloquecido
mucho antes de morir. Las fobias y manías
del escritor de Providence fueron también
determinantes en sus obras.
Según parece sufrió una grave intoxicación
por comer pescado en malas condiciones cuando
era muy pequeño. A partir de entonces,
demostraba un profundo odio al mar que se ve reflejado
en su literatura. Relatos como Dagon,
La extraña casa
de la niebla o La
sombra sobre Innsmouth presentan el océano
como el centro de todos los males y morada de
los más terribles seres.
Pero también tenía pánico
a todo lo diferente. Dicen que caminaba por el
centro de la calle para evitar caminar cerca de
inmigrantes y mendigos. De hecho, el autor de
Los mitos de Cthulthu
no se libra de increíbles leyendas sobre
su persona. Según sus biografías,
además de leer y escribir literatura fantástica
entre sus escasas aficiones se encontraban pasear
entre las lápidas de los cementerios, practicar
cultos abominables y beber sangre; siempre de
noche, porque también odiaba la luz del
sol.
Preferentemente, se alimentaba de dulces y helados
y cuando dormía era víctima de espeluznantes
pesadillas que inspiraban inconscientemente sus
cuentos (¿o sería al revés?).
En fin, como compuso el poeta loco Abdul
Alhazred tras soñar con la Ciudad
sin nombre y recogió HPL,
“no está muerto lo que yace eternamente
y con el paso de los evos, aún la muerte
puede morir”. Feliz cumpleaños,
maestro. |